Panamá, primera década del siglo XXI
No cabe duda que la primera década del presente siglo culmina en nuestro país marcado por la alternancia política. Un resultado no necesariamente malo, sobre todo si se mira la “democracia sostenible” que hemos logrado.
Sin embargo, un análisis más profundo nos lleva obligadamente a considerar que la sociedad panameña se encuentra en la búsqueda constante de nuevos líderes y que los partidos políticos están desgastados u obsoletos. A su vez, que las instituciones burocráticas son ineficaces y los clásicos poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, son entidades fronterizas que se manifiestan peligrosamente disgregados y vulnerables a intereses externos; de allí que la alternancia política, símbolo destacado de la década que termina y que confirma la tendencia de los años anteriores, se convierte en un claro síntoma social de los ciudadanos en la búsqueda natural de verdaderos árbitros de la vida pública.
Panamá empieza esta nueva época con un nuevo presidente que goza de una popularidad sin precedentes, pero que le pesara con la misma efectividad a la hora de rendir cuentas al final de su mandato, si no antes. Ricardo Martinelli lo sabe y se aparta de la tradición política en la que ya nadie cree. Pero, ¿hasta cuándo aguantará la burbuja del cambio prometido?, esta será la incógnita de su primer año de gobierno. Pero hay que ser realistas: nadie gobierna solo, necesitará cambiar su estilo unilateral con medidas ingeniosas, múltiples consensos y una visión de estadista. Hasta ahora formas no probadas.