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Panamá, ¿quién soy yo para ti?


En esta Semana Santa es pertinente que se haga un alto en el camino. El Gobierno decretó, desde el Jueves Santo, tiempo de asueto para los servidores públicos. Muchos marcharon al interior del país y otros permanecieron en sus respectivas ciudades. Los indiferentes a la fe se dedicarían a la recreación o a las lecturas; otros, en su gran mayoría, evocarían algún pensamiento o una oración, pero nada más. Los que suelen profesar su fe de forma tradicional van a los diversos servicios religiosos, y una vez más habrá pasado la Semana Santa y llegará la Pascua. ¿Qué habrá sucedido en mí?
Curiosamente la Pascua evoca el paso de Dios. Pero, ¿qué querrá decir eso en clave panameña? Dentro de poco estaremos celebrando el centenario de la República y la Iglesia fue testigo cercano de los hechos que marcharon el nacimiento de la nueva nación; no podemos olvidar que desde hace más de 500 años, y de forma ininterrumpida, ha caminado la Iglesia en Panamá, y hace más de dos mil años el que cimentó la Iglesia en la persona de Pedro, preguntó: "¿Quién dicen los hombres que soy Yo?"(Mc. 8, 27). Hoy vale la pena preguntar en Panamá a cada panameño, de parte de Jesús lo mismo: ¿Quién soy Yo para ti? En aquella ocasión las respuestas fueron diversas y mayormente sin acierto. Hoy serían mucho más variadas las contestaciones: Desde un extraterrestre a un revolucionario, muchos contemplan a Cristo como un santo más al estilo de los nuevos gurús; para otros tantos, un gran personaje que nace un 25 de diciembre y muere el Viernes Santo.
El epicentro de nuestra fe se encuentra en saber responder bien a esta pregunta; y la respuesta a esta interrogante se fundamenta no en una teoría, sino en una experiencia personal. De Jesús se pueden decir muchas cosas, pero mientras no se le confiese con el corazón y movidos por su Santo Espíritu, no sabremos quién es en realidad. Y contrario a lo que muchos piensen, Él se deja encontrar: Primero se da en Su Palabra, que es viva y eficaz; se da en los signos o sacramentos de la Iglesia; se da en el servicio al necesitado, al pobre, a los recluidos en cárceles y hospitales, a los inmigrantes, a los que luchan y trabajan por la paz.
Celebrar esta Semana Santa será diferente si me esfuerzo por asumir la muerte de Cristo en mí: dando muerte a mis egoísmos, celos, orgullo, soberbia y mentiras. Si el Viernes Santo soy capaz de dejarme crucificar con Él, pasaré a la espera del Sábado Santo para celebrar en la Vigilia no sólo Su resurrección, sino también mi victoria en Él. "La muerte ha sido sorbida por la victoria. ¿Dónde está muerte tu victoria? ¿Dónde está muerte tu aguijón? (1Cor 15, 55).
Panamá necesita una resurrección, una vida nueva, y ello únicamente será posible cuando Jesucristo ocupe un lugar primordial en nuestros corazones. Jesús no es una desventaja para los que se mueven en diversos ámbitos, ya sean políticos, empresariales, sindicales, gremiales o profesionales. No tengamos miedo en abrir nuestro corazón a Jesús Dios. La crisis que se vive en nuestro país tiene fundamentos espirituales. Una nación que pierde su visión espiritual está sentenciada a desaparecer. Nuestra fe debe ser coherente con nuestra vida cotidiana, de forma que hablemos no sólo con las palabras, sino con los hechos.
Si los que aspiran a figurar en los próximos comicios electorales no toman en cuenta el valor de la fe como testimonio personal, no serán creíbles ni convincentes sus propuestas. La razón es que el pueblo no necesita demagogos, sino hombres coherentes en palabras y acciones. Y esto se logra cuando nos mueve un bien Supremo. Nos quedamos con esta pregunta: ¿Quién es Jesús para los panameños?
*Ciudadela Jesús y María.
El problema no es de tipo legal solamente, aclaró Sanjur. Se trata de un serio patrón cultural que induce a los hombres a considerarse más hombres si tienen más hijos y a las mujeres pensar equivocadamente que al tener hijos con un determinado hombre el vínculo es imposible de romper.
Las mujeres por su parte, no se preocupan por averiguar previamente los antecedentes de su pareja. También se da el caso de mujeres que van de relación en relación y en cada una de ellas rápidamente tienen un hijo. ¿ Resultados? tres y hasta cuatro hijos de padres diferentes. Los salarios de los padres son tan bajos que cuando se va a fijar una pensión los reclamos son imposible de cumplir, porque tampoco se puede dejar a la persona demandada sin posibilidades de vivir. No hay prioridades e igual valen ante la ley los hijos del primer matrimonio como los del segundo.
Según indica una abogada, cuyo nombre solicitó reserva, el problema de las pensiones alimenticias es que en Panamá como en el resto del mundo existen padres responsables e irresponsables. Podemos tener el caso de padres con solvencia económica que no desean pagarle una pensión a sus hijos, como también hay otros que sí lo hacen. Existen padres responsables cuyos ingresos son insuficientes, pero que tienen la voluntad de pagar una pensión alimenticia, pero no por el monto que se les fija en los juzgados. De igual forma, existen padres con pocos recursos económicos y que rehuyen la responsabilidad de la pensión alimenticia.
Tomemos el caso de un individuo cuyo ingreso mensual es de B/.100.00 y vive con su concubina en casa de sus padres. La difícil situación económica en la que está Panamá no le ha permitido obtener otra fuente de ingreso.
Se le fijó una pensión de B/.60.00 para sólo un hijo, lo que representa un 60% de sus ingresos mensuales. Actualmente el abuelo del menor tiene que hacerse responsable del pago de la pensión alimenticia porque el padre no cuenta con los recursos suficientes.
Agrega la abogada que aquellos padres que no pagan la pensión alimenticia entran en desacato y van a parar a la cárcel. En este sentido, consideramos que debe buscarse otra alternativa, porque un padre en la cárcel no es un sujeto productivo y allí definitivamente no puede reunir el dinero para pagar la pensión alimenticia. Además, para las parejas que tengan rencillas esta situación puede ser más un arma de venganza que una solución para el no pago de la pensión.

101 años de Panamá América

 
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