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Panamá, refugio de criminales internacionales



Peor que el crimen, la proclividad silenciosa a favorecerlo. Es lo que hemos visto por estos días cuando asombrado un sector de la sociedad panameña asiste al descubrimiento de cada casa, cada negocio, cada relación del narcotraficante colombiano Pablo Rayo Montaño en territorio panameño.
No es que asombre la poderosa capacidad económica exhibida por el capo. De hecho se sabe que después de las armas, la cocaína es la mercancía que mayor utilidad rinde en la actualidad, y lo que hace que muchas personas arriesguen futuro y seguridad personal para involucrarse en este ilícito lucrativo. Las informaciones hablan de que Rayo Montaño es responsable del lavado de unos 150 millones de dólares, cifra de la que algunos ciudadanos de nuestro país al parecer han querido disfrutar.
Parece que entre estos últimos figuran varios panameños, y no panameños comunes, sino algunos con posiciones políticas y administrativas importantes. Por lo que van dando a conocer las autoridades es evidente que en un número plural de nacionales existe esa proclividad a que hacemos referencia, y a la que acude gente de distinto nivel con tal de aprovechar la efímera fortuna.
De ser así, todo el rigor de la ley debe caer sobre quienes hayan prestado sus ventajas administrativas y políticas para favorecer la descomunal estructura económica y traficante que desde finales del siglo pasado vino conformando Rayo Montaño en Panamá.
No se puede permitir que so pretexto de ganarse unos dólares más y exhibir un status ilegalmente adquirido, haya quienes traten de convertir nuevamente al país en una zona privilegiada para el narcotráfico.
Fue esta última razón la que corrompió a Panamá a finales del pasado siglo y dio fortaleza a una dictadura que, además del poder político, encontró una razón económica para justificar sus desmanes.
Claro que de manera paralela, las autoridades y quienes estudian estos fenómenos deben ir viendo de qué manera se le van quitando estímulos a este mercado de estupefacientes que tantos riesgos trae para el país, para su juventud, para su futuro.

101 años de Panamá América

 
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