Panamá, te deseo suerte
Tal parece que la historia no nos enseña lecciones. Reciclamos nuestros errores con inimaginable exactitud y a veces hasta los empeoramos. A veces me pregunto por qué ridículo motivo nuestros profesores y maestros nos inculcan ideales ridículos, valga la repetición, y estúpidos que ellos mismos no cumplen, por qué nos exigen que luchemos por derechos y leyes que ellos mismos desconocen, por qué decimos algo y hacemos otras cosas. Por qué nos imponen modelos utópicos que a la hora de la verdad nadie reconoce. Por qué nos piden ser humildes, honestos, amables, respetuosos, obedientes de las leyes, sanos mental y espiritualmente, que amemos a Dios o nuestra fe, sea lo que sea, que oremos o rezamos sea cual fuera la religión, que luchemos contra injusticias, que vivamos en paz, que creamos en cosas nobles, que seamos cooperadores, que tengamos entusiasmo en todo lo que emprendamos, que escuchemos los consejos de personas sabias, que nos preparemos académicamente, que amemos nuestra patria con firme devoción, que practiquemos el civismo, para qué tanta retórica falaz y sin sentido.
Hasta cuándo, hasta qué punto debemos llegar para hacernos un examen interno. Sinceramente, y en esto que me perdone Dios, (sí, porque Dios es acción no un vocablo; por esos no gasto la palabra Dios para refrendar mi creencia, sino que refrendo mis palabras con mi acción).
Panamá es un país sui generis, un Macondo, un país con estructuras de primer mundo con mentalidades de quinto mundo. Y esto, vuelvo a repetirlo, es invariablemente un patrón en todos los estratos sociales. Nos dicen los profesores universitarios de tendencia izquierdista, el capitalista le roba al trabajador, que no hay justicia social, que debe haber una justa distribución de riqueza. En pocas palabras, una sociedad perfecta. Sin embargo, algunos y no todos, y en esto debe ser justo, se pavonean en autos de lujo, tienen casas de primera, sus hijos estudian en escuelas privadas, y el dólar es su pan de cada día. Como diría en mis buenos tiempos, "que sólido", "la está botando el prof", así sí vale ser comunista o socialista, si esos términos son viables utilizarlos.
Por otro lado, los que defienden el "stabishment". No señor, las estructuras e instituciones tal y como están son buenas, aquí la iglesia hasta lo legitimiza con cocteles en hoteles y aperturas de edificios, (pero debo ser justo; muchos son los virtuosos en cualquier lugar, pero lo que más hace daño es la limitación a la autocrítica sobre las cosas que no están bien en tu comunidad). Para qué discutir, hombre, un cocktail y se acabó.
Me pregunto para qué leer tanta caterva de libros ilusos, idiotas, utópicos, aunque de mucha credibilidad para los ilusos (vuelve este término fatídico) egresados de escuelas públicas y algunos más pendejos de escuelas privadas, que como yo, vivimos en el zigzagueo de refrendar nuestros principios con palabras y hechos o sumamos al resto de compañeros de escuela que trabajamos para el hijo del dueño de la empresa, aunque éste no haya estudiado y vaya de paseo a los States. Sé que suena muy pesimista, pero ya estoy harto de los mismo siempre.
Para qué tanta idiotez reconcentrada. No lo sé. Cuando nos vamos a la Universidad de Panamá y nos atosigan con libros anacrónicos, con supuestos planes de avanzada, para tan sólo aspirar a ser corregidores, para los que estudiamos derecho; sin demeritar la función. Mientras que los estudiantes de universidades privadas, pueden ir hasta el servicio exterior y hasta estudiar su maestría pagada por el Estado. Y me pregunto de nuevo, justicia social o qué.
Bueno señoras y señores, para las que defienden el no uso de lenguaje sexista. Que más debo esperar.
Por otro lado, nuestro querido pueblo, mi gente, como dirían los políticos de todos lo tiempos, aquella a la que defendemos con tanto ahínco. Esa gente con la que transpiramos en los buses, que veo detrás del vidrio de un taxi, que grita improperios a los conductores de los mismos, que se queja del alza de los servicios, que siempre odia al gobierno, sea quien sea. Esa misma masa de seres sin voz ni palabra que nos vitupera sin saber porqué, que nos insulta sin saber quiénes somos y que hemos hecho por el país, que nos destruyen con calumnias e injurias y con mentiras, que por repetición y constancia, tienden a ser consideradas por verdad; o que simplemente dicen para estar en la onda, para ser alguien, para adquirir relevancia. Relevancia de qué, si esos mismos a los que imitan, o quienes pagan para que se destruya la reputación de las personas, es el mismo que despide a su abuela, a su madre, a su padre, a su hijo o hija, a su hermano o hermana, a su primo o prima, a su tío o tía. A veces quisiera no ser tan cuerdo, para así no tener esta tozuda y pendeja intención de ayudar a este país.
Soy yo, o es que la ignorancia nos come a bocanadas. Están los policías, entes que reciben el insulto de la supuesta sociedad civil. Qué sociedad civil, si ellos también tienen familia y forma parte de la sociedad civil. Los estudiantes que les tiran piedras y palos, que los incendian con bombas molotov, que les parten bloques en la cabeza, no se dan cuenta que atacan a sus propios padres o madres, vecinas o vecinos, porque señores, cuántos guardias pueden pagarle la colegiatura en escuelas privadas.
Hasta cuándo, señores, decimos que el gobierno nos dé lo que no tenemos. Trabajo grita la muchedumbre. Sí señores, trabajo, pero para qué, para ser despedidos en tres meses, para ser funcionario público de ocasión, sin demeritar la labor. Para no ser desempleado y pavonear que estamos laborando.
Me pregunto por qué será que Estados Unidos siempre tiene la genial idea de capturar los genios del tercer mundo. Para los antimperialistas, será para consolidar su poderío. Para el que está comiendo tierra y eructando juego gástricos, es la vida, el sueño americano. Pero así es esto en Panamá.
Hasta cuándo, hasta qué punto debemos llegar para hacernos un examen interno. Sinceramente, y en esto que me perdone Dios, (sí, porque Dios es acción no un vocablo; por esos no gasto la palabra Dios para refrendar mi creencia, sino que refrendo mis palabras con mi acción).
Panamá es un país sui generis, un Macondo, un país con estructuras de primer mundo con mentalidades de quinto mundo. Y esto, vuelvo a repetirlo, es invariablemente un patrón en todos los estratos sociales. Nos dicen los profesores universitarios de tendencia izquierdista, el capitalista le roba al trabajador, que no hay justicia social, que debe haber una justa distribución de riqueza. En pocas palabras, una sociedad perfecta. Sin embargo, algunos y no todos, y en esto debe ser justo, se pavonean en autos de lujo, tienen casas de primera, sus hijos estudian en escuelas privadas, y el dólar es su pan de cada día. Como diría en mis buenos tiempos, "que sólido", "la está botando el prof", así sí vale ser comunista o socialista, si esos términos son viables utilizarlos.
Por otro lado, los que defienden el "stabishment". No señor, las estructuras e instituciones tal y como están son buenas, aquí la iglesia hasta lo legitimiza con cocteles en hoteles y aperturas de edificios, (pero debo ser justo; muchos son los virtuosos en cualquier lugar, pero lo que más hace daño es la limitación a la autocrítica sobre las cosas que no están bien en tu comunidad). Para qué discutir, hombre, un cocktail y se acabó.
Me pregunto para qué leer tanta caterva de libros ilusos, idiotas, utópicos, aunque de mucha credibilidad para los ilusos (vuelve este término fatídico) egresados de escuelas públicas y algunos más pendejos de escuelas privadas, que como yo, vivimos en el zigzagueo de refrendar nuestros principios con palabras y hechos o sumamos al resto de compañeros de escuela que trabajamos para el hijo del dueño de la empresa, aunque éste no haya estudiado y vaya de paseo a los States. Sé que suena muy pesimista, pero ya estoy harto de los mismo siempre.
Para qué tanta idiotez reconcentrada. No lo sé. Cuando nos vamos a la Universidad de Panamá y nos atosigan con libros anacrónicos, con supuestos planes de avanzada, para tan sólo aspirar a ser corregidores, para los que estudiamos derecho; sin demeritar la función. Mientras que los estudiantes de universidades privadas, pueden ir hasta el servicio exterior y hasta estudiar su maestría pagada por el Estado. Y me pregunto de nuevo, justicia social o qué.
Bueno señoras y señores, para las que defienden el no uso de lenguaje sexista. Que más debo esperar.
Por otro lado, nuestro querido pueblo, mi gente, como dirían los políticos de todos lo tiempos, aquella a la que defendemos con tanto ahínco. Esa gente con la que transpiramos en los buses, que veo detrás del vidrio de un taxi, que grita improperios a los conductores de los mismos, que se queja del alza de los servicios, que siempre odia al gobierno, sea quien sea. Esa misma masa de seres sin voz ni palabra que nos vitupera sin saber porqué, que nos insulta sin saber quiénes somos y que hemos hecho por el país, que nos destruyen con calumnias e injurias y con mentiras, que por repetición y constancia, tienden a ser consideradas por verdad; o que simplemente dicen para estar en la onda, para ser alguien, para adquirir relevancia. Relevancia de qué, si esos mismos a los que imitan, o quienes pagan para que se destruya la reputación de las personas, es el mismo que despide a su abuela, a su madre, a su padre, a su hijo o hija, a su hermano o hermana, a su primo o prima, a su tío o tía. A veces quisiera no ser tan cuerdo, para así no tener esta tozuda y pendeja intención de ayudar a este país.
Soy yo, o es que la ignorancia nos come a bocanadas. Están los policías, entes que reciben el insulto de la supuesta sociedad civil. Qué sociedad civil, si ellos también tienen familia y forma parte de la sociedad civil. Los estudiantes que les tiran piedras y palos, que los incendian con bombas molotov, que les parten bloques en la cabeza, no se dan cuenta que atacan a sus propios padres o madres, vecinas o vecinos, porque señores, cuántos guardias pueden pagarle la colegiatura en escuelas privadas.
Hasta cuándo, señores, decimos que el gobierno nos dé lo que no tenemos. Trabajo grita la muchedumbre. Sí señores, trabajo, pero para qué, para ser despedidos en tres meses, para ser funcionario público de ocasión, sin demeritar la labor. Para no ser desempleado y pavonear que estamos laborando.
Me pregunto por qué será que Estados Unidos siempre tiene la genial idea de capturar los genios del tercer mundo. Para los antimperialistas, será para consolidar su poderío. Para el que está comiendo tierra y eructando juego gástricos, es la vida, el sueño americano. Pero así es esto en Panamá.