Panamá y el Trasiego de Drogas
En las últimas semanas hemos visto cómo algunos medios de comunicación de los Estados Unidos han publicado noticias sobre el trasiego de drogas por el Caribe desde países suramericanos rumbo a norteamérica. Aunque su interés sobre este tema no es nuevo, sí lo es la mención reiterada de Panamá en estos reportajes, asociada a la próxima reversión del Canal de Panamá. No es accidente; se trata de una estrategia que nace en el gobierno de EE.UU. y no en los medios.
Noticias publicadas en The New York Times y The Wall Street Journal, entre otros, citan fuentes no identificadas del gobierno de los Estados Unidos que indican que Panamá continúa siendo utilizado por los carteles de la droga como puente hacia su país, aún después de ocho años de prescindir de Noriega en el poder, anticipando que esta supuesta participación se incrementará a partir del 1ro. de enero del 2000 con la partida de las fuerzas armadas norteamericanas y la reversión del Canal a Panamá.
Con gran superficialidad, señalan la numerosidad de las "islitas" en todo el Caribe, como atractivo principal para que los narcotraficantes las utilicen como puntos de trasbordo. También critican los "altos" niveles de corrupción que prevalecen en las unidades antinarcóticos de las naciones del área.
En lo que respecta a Panamá, reconocemos no estar en capacidad de prevenir la utilización de nuestras islas en el Atlántico y el Pacífico para propósitos ilícitos. Sin embargo, los Estados Unidos, que cuenta con la tecnología más avanzada para esa tarea en su base de Howard, tampoco ha podido ejercer una vigilancia medianamente efectiva.
En lo que respecta a la corrupción generada por el tráfico de drogas, Norteamérica debiera reconocer que Panamá ha pagado un precio alto en la guerra antinarcóticos, en parte causado por el apoyo que brindó en su momento a la dictadura militar que nos gobernó la cual, -según sostuvo después-, colaboró en el infame negocio.
Así, permitieron la génesis de la más prolongada dictadura padecida por nuestro país, reconociéndo rápidamente el gobierno nacido del golpe de estado del 11 de octubre 1968, para luego apoyarla abiertamente. Se endeudó al país, se abusaron los derechos individuales de los panameños y eventualmente se vendió el país a los carteles de la droga.
Cierto que se ha avanzado mucho desde el restablecimiento de la democracia en nuestro país, pero todavía falta mucho por hacer para cambiar una actitud negativa hacia él, que el propio Estados Unidos tomó veinte años en crear.
Las publicaciones son pues una medida de presión más que ejerce los Estados Unidos en relación con las aparentemente fracasadas negociaciones para el CMA.
Noticias publicadas en The New York Times y The Wall Street Journal, entre otros, citan fuentes no identificadas del gobierno de los Estados Unidos que indican que Panamá continúa siendo utilizado por los carteles de la droga como puente hacia su país, aún después de ocho años de prescindir de Noriega en el poder, anticipando que esta supuesta participación se incrementará a partir del 1ro. de enero del 2000 con la partida de las fuerzas armadas norteamericanas y la reversión del Canal a Panamá.
Con gran superficialidad, señalan la numerosidad de las "islitas" en todo el Caribe, como atractivo principal para que los narcotraficantes las utilicen como puntos de trasbordo. También critican los "altos" niveles de corrupción que prevalecen en las unidades antinarcóticos de las naciones del área.
En lo que respecta a Panamá, reconocemos no estar en capacidad de prevenir la utilización de nuestras islas en el Atlántico y el Pacífico para propósitos ilícitos. Sin embargo, los Estados Unidos, que cuenta con la tecnología más avanzada para esa tarea en su base de Howard, tampoco ha podido ejercer una vigilancia medianamente efectiva.
En lo que respecta a la corrupción generada por el tráfico de drogas, Norteamérica debiera reconocer que Panamá ha pagado un precio alto en la guerra antinarcóticos, en parte causado por el apoyo que brindó en su momento a la dictadura militar que nos gobernó la cual, -según sostuvo después-, colaboró en el infame negocio.
Así, permitieron la génesis de la más prolongada dictadura padecida por nuestro país, reconociéndo rápidamente el gobierno nacido del golpe de estado del 11 de octubre 1968, para luego apoyarla abiertamente. Se endeudó al país, se abusaron los derechos individuales de los panameños y eventualmente se vendió el país a los carteles de la droga.
Cierto que se ha avanzado mucho desde el restablecimiento de la democracia en nuestro país, pero todavía falta mucho por hacer para cambiar una actitud negativa hacia él, que el propio Estados Unidos tomó veinte años en crear.
Las publicaciones son pues una medida de presión más que ejerce los Estados Unidos en relación con las aparentemente fracasadas negociaciones para el CMA.