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Papá: ¿Quién es Jesús?


“Papá no hay clases miércoles, ni jueves, ni viernes y tampoco los otros días, porque son días libres por la semana santa”. Eso fue lo que Junior me expresó el martes de esta semana. Le pregunté: ¿Y tú sabes qué es la semana santa hijo? Realmente quedé sorprendido con la respuesta que me brindó. “Papá, la Semana Santa es la semana en que murió Jesús y después resucitó”. Ya que Junior me brindaba esta respuesta, encontré un terreno óptimo para profundizar en el tema.

Bueno es muy cierto, fue lo que agregué a su abreviada respuesta. Jesús es nuestro Salvador. “Salvador de qué papá? Bien, escucha. Todos nosotros, los seres humanos, nos apartamos de los caminos de Dios y por esa razón el mal entró en nosotros y eso se llama pecado. Por el pecado hacemos lo malo, decimos y pensamos el mal, actuamos mal. Con nuestras propias fuerzas queremos luchar y vencer el pecado, pero no podemos hacerlo ni lograrlo. Por ello, Dios Padre, viendo nuestra condición de constante inclinación al pecado, allá en el cielo, en su santuario, decidió mandar a su único hijo, Jesús, por eso se llama el Unigénito –único hijo- para salvarnos de nuestra maldad y así ser redimidos ante los ojos de Dios. De modo que es a través de Jesús que podemos ser salvos de todo pecado, de toda maldad y de la ira venidera de Dios.

Jesús, añadí, predicó el amor de Dios, nos habló de la infinita misericordia del Señor y sanó a los enfermos, hizo que los ciegos recuperaran la vista; que los sordos escucharan, los leprosos eras sanados y los cojos andaban, aún los muertos resucitaban. Pero lo juzgamos, y lo declaramos culpable y culpable de muerte. Fue crucificado, muerto fue sepultado. Pero no quedaron allí las cosas hijo: sucedió algo grande, algo terriblemente maravilloso. ¿Qué cosa papá?. ¡Resucitó!, ¡Resucitó!. ¡Jesús no está muerto, vive!. Ya Él se lo había dicho a sus seguidores, a sus discípulos: ¡Resucitaré! y cumplió su palabra.

Pero otra cosa hijito: antes de subir a los cielos prometió que volvería con todo poder y gloria, lleno de gloria y de majestad, como lo que efectivamente es él: El Hijo de Dios, el Rey de Reyes, el Señor de Señores. Y así como cumplió su promesa de que resucitaría, también cumplirá la siguiente: Regresará y su venida está pronta. Las señales que dijo indicarían su pronta venida están cumpliéndose: terremotos, maremotos, hijos contra padres y padres contra hijos; pestes y enfermedades por doquier; estas y otras tantas señales son los horarios, minuteros y segunderos en el reloj del Dios. “Papá hay que amar mucho a Jesús”, finalmente dijo Junior. “Yo quiero mucho a Jesús” siguió diciendo.

Ojalá que en esta época de reflexión y de entrega espiritual al Señor, a Jesús, también saquemos un tiempo para hablar a nuestros hijos de Jesús, de Dios, de su amor y su grande bondad. Muerte, crucifixión y resurrección de Jesús, sí, pero explicándolo a nuestros hijos, cuanto más a los pequeños.

Dios bendiga a la Patria.

101 años de Panamá América

 
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