Papel de la religión
Una voz que ha dejado de escucharse en los debates actuales es la de las iglesias. Puede decirse que las personas de fe en el país están mudas ante el aumento de tanta hipocresía en la política, la corrupción rampante que aqueja y contamina, la violencia criminal, las injusticias económicas y sociales, y el desasosiego en las familias, por mencionar sólo algunos males que nos empequeñecen como pueblo.
Algunos dirán que sí, que los pastores aquí y allá están llamando la atención a sus rebaños por tanto desgreño social. Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Panameña hace poco hizo públicas sus ideas sobre los conceptos que, a su juicio, deben regir la discusión de cara al referéndum por la ampliación del Canal, y hay quienes pensarán que ese es un aporte valioso de la gente de fe a la situación que hoy vive el país. Por cierto, ningún otro grupo religioso se ha pronunciado sobre el tema, al menos no de manera resonante.
Haciendo nuestras las palabras del propio Joseph Ratzinger, actual jefe supremo de los católicos, quien señaló que "para la Iglesia no es posible cerrarse sobre ella misma", podemos llamar la atención sobre la anémica participación, no sólo de los católicos, sino de los cristianos en general, de los budistas y hasta de los seguidores del Islam, en las cosas terrenales que aquejan a la nación panameña.
Se pronuncian, sí, pero casi ninguno se mete en el debate, no mezclan sus palabras con acciones concretas, no están en la calle engrandeciendo, con sus testimonios y acompañamientos, la discusión y el análisis.
En estos momentos que vive la nación, cuando el futuro puede ser tan grande o nefasto como nos propongamos los panameños, estar huérfanos de luz es un riesgo. Y resulta triste que los líderes de las diferentes denominaciones limiten sus palabras y su acervo espiritual e intelectual al claustro de sus templos.
Ojalá no sea ésta la máxima hoy en las religiones, pues, de ser así, el país estaría perdido y la gente de iglesia estaría trazando su propia caricatura.
Algunos dirán que sí, que los pastores aquí y allá están llamando la atención a sus rebaños por tanto desgreño social. Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Panameña hace poco hizo públicas sus ideas sobre los conceptos que, a su juicio, deben regir la discusión de cara al referéndum por la ampliación del Canal, y hay quienes pensarán que ese es un aporte valioso de la gente de fe a la situación que hoy vive el país. Por cierto, ningún otro grupo religioso se ha pronunciado sobre el tema, al menos no de manera resonante.
Haciendo nuestras las palabras del propio Joseph Ratzinger, actual jefe supremo de los católicos, quien señaló que "para la Iglesia no es posible cerrarse sobre ella misma", podemos llamar la atención sobre la anémica participación, no sólo de los católicos, sino de los cristianos en general, de los budistas y hasta de los seguidores del Islam, en las cosas terrenales que aquejan a la nación panameña.
Se pronuncian, sí, pero casi ninguno se mete en el debate, no mezclan sus palabras con acciones concretas, no están en la calle engrandeciendo, con sus testimonios y acompañamientos, la discusión y el análisis.
En estos momentos que vive la nación, cuando el futuro puede ser tan grande o nefasto como nos propongamos los panameños, estar huérfanos de luz es un riesgo. Y resulta triste que los líderes de las diferentes denominaciones limiten sus palabras y su acervo espiritual e intelectual al claustro de sus templos.
Ojalá no sea ésta la máxima hoy en las religiones, pues, de ser así, el país estaría perdido y la gente de iglesia estaría trazando su propia caricatura.