Para Borges o Kafka
Borges era un convencido, al igual que la mayoría de los chilenos, de que los militares habían salvado a Chile. Lo manifestó públicamente. En 1976, tras ser invitado a Chile, recibió un llamado de un periodista sueco para advertirle que si venía podía despedirse del premio Nobel de Literatura. Borges le respondió: "Hay dos cosas que un hombre no puede permitir: sobornar o dejarse sobornar. Después de lo que usted me ha dicho, aunque de eso dependiera mi vida, y no hubiera pensado ir a Chile, mi obligación es ir". Y perdió el Nobel. Su viuda ha referido el hecho días atrás a un matutino. ¡Grande, Borges! ¡Miren a quién le pidieron "hacerse el sueco"!
Lo he recordado en estos días porque él, maestro en la observación del absurdo, habría disfrutado con algunas cosas nuestras. Con el proyecto del Gobierno sobre inmunidad para quienes informen del paradero de desaparecidos, desde luego. Es propio de "Ficciones", pues es enteramente ocioso. Las leyes sobre amnistía y prescripción ya establecen dicha inmunidad. Sabemos que los jueces no aplican esas leyes vigentes. Entonces, ¿por qué habrían de aplicar otra que dijera lo mismo?
Hay una razón: ésta la propicia el Gobierno, y la mayoría de los jueces se inclinan ante él. La independencia judicial es otra ficción. Hasta la Constitución se ha convertido en una más. Contrariándola abiertamente, los jueces han dejado sin aplicar la amnistía, la prescripción y hasta la cosa juzgada, fundados en, naturalmente, todavía otra ficción adicional: la de un delito que no existe, el "secuestro permanente". Se aduce un tratado interamericano sobre desaparición forzada de personas que declara a ésta delito permanente y, por tanto, inamnistiable e imprescriptible. Pero ese tratado fue discurrido en 1994, mucho después de los hechos, y ni siquiera está ratificado por el Congreso. Aunque lo estuviera, ¿cómo se va aplicar a casos ocurridos decenas de años antes? "Nullum crimen, nullapoena sine lege previae", decían ya los romanos. Y la propia Constitución dice que una nueva ley sólo se aplicará si es más favorable al reo. En caso contrario, debe aplicarse la antigua.
Pero la cosa es aún peor: los jueces, en la práctica, aunque la muerte de un individuo se haya acreditado hace 30 años, igual procesan a los supuestos autores, desatendiendo la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada. No sólo eso: procesan incluso a quienes ni siquiera son responsables.
En el Chile de hoy, si un juez tiene el respaldo de la corriente de opinión dominante, puede hacer lo que se le ocurra. Juan Guzmán, por ejemplo, tiene procesado al brigadier Espinoza por un fusilamiento en el cual éste no intervino, tanto así que el mismo Guzmán, cuando decretó la reconstitución de escena y Espinoza se presentó, le ordenó alejarse, por haber sido ajeno al hecho (Arellano, "De Conspiraciones y Justicia"). Espinoza sigue procesado por eso. No es el único caso.
¿Suficiente? Ojalá. Un civil, a quien debería agradecérsele el haber ubicado los restos de un desaparecido (Horman), en cuya muerte, por otra parte, nada tuvo que ver, al presentarse ante el juez fue encarcelado sin ninguna prueba, como cómplice de nadie, pues el hecho no tiene autor. Por eso he recordado también a Franz Kafka. Muchos engendros judiciales chilenos actuales son dignos de "El Proceso".
Borges y Kafka podrían haberse dado un festín con la legalidad y la justicia chilenas de hoy. Mientras tanto, permítanme, modestamente, dármelo yo, sabiendo que ante una dictadura judicial como la actual poco o nada más cabe hacer.
* Analista político chileno.
(c) www.aipenet.com
Lo he recordado en estos días porque él, maestro en la observación del absurdo, habría disfrutado con algunas cosas nuestras. Con el proyecto del Gobierno sobre inmunidad para quienes informen del paradero de desaparecidos, desde luego. Es propio de "Ficciones", pues es enteramente ocioso. Las leyes sobre amnistía y prescripción ya establecen dicha inmunidad. Sabemos que los jueces no aplican esas leyes vigentes. Entonces, ¿por qué habrían de aplicar otra que dijera lo mismo?
Hay una razón: ésta la propicia el Gobierno, y la mayoría de los jueces se inclinan ante él. La independencia judicial es otra ficción. Hasta la Constitución se ha convertido en una más. Contrariándola abiertamente, los jueces han dejado sin aplicar la amnistía, la prescripción y hasta la cosa juzgada, fundados en, naturalmente, todavía otra ficción adicional: la de un delito que no existe, el "secuestro permanente". Se aduce un tratado interamericano sobre desaparición forzada de personas que declara a ésta delito permanente y, por tanto, inamnistiable e imprescriptible. Pero ese tratado fue discurrido en 1994, mucho después de los hechos, y ni siquiera está ratificado por el Congreso. Aunque lo estuviera, ¿cómo se va aplicar a casos ocurridos decenas de años antes? "Nullum crimen, nullapoena sine lege previae", decían ya los romanos. Y la propia Constitución dice que una nueva ley sólo se aplicará si es más favorable al reo. En caso contrario, debe aplicarse la antigua.
Pero la cosa es aún peor: los jueces, en la práctica, aunque la muerte de un individuo se haya acreditado hace 30 años, igual procesan a los supuestos autores, desatendiendo la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada. No sólo eso: procesan incluso a quienes ni siquiera son responsables.
En el Chile de hoy, si un juez tiene el respaldo de la corriente de opinión dominante, puede hacer lo que se le ocurra. Juan Guzmán, por ejemplo, tiene procesado al brigadier Espinoza por un fusilamiento en el cual éste no intervino, tanto así que el mismo Guzmán, cuando decretó la reconstitución de escena y Espinoza se presentó, le ordenó alejarse, por haber sido ajeno al hecho (Arellano, "De Conspiraciones y Justicia"). Espinoza sigue procesado por eso. No es el único caso.
¿Suficiente? Ojalá. Un civil, a quien debería agradecérsele el haber ubicado los restos de un desaparecido (Horman), en cuya muerte, por otra parte, nada tuvo que ver, al presentarse ante el juez fue encarcelado sin ninguna prueba, como cómplice de nadie, pues el hecho no tiene autor. Por eso he recordado también a Franz Kafka. Muchos engendros judiciales chilenos actuales son dignos de "El Proceso".
Borges y Kafka podrían haberse dado un festín con la legalidad y la justicia chilenas de hoy. Mientras tanto, permítanme, modestamente, dármelo yo, sabiendo que ante una dictadura judicial como la actual poco o nada más cabe hacer.
* Analista político chileno.
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