¿Para cantar victorias?
Cuando el cuestionado Comité de Elecciones del Partido Panameñista publique cuántos de sus miembros inscritos finalmente votaron en las elecciones primarias del pasado domingo, y contrario a lo que seguramente afirmarán sus dirigentes, quedará patente que no fueron tan exitosas como ellos esperaban.
Adelantándose a los acontecimientos y con la evidente intención de disminuir su proyección negativa, los dirigentes del autodenominado "principal partido de la oposición", rebajaron sus expectativas iniciales y afirmaron que votaría el 65% de la membresía, o sea, unas 180,000 personas, y que ese porcentaje no solo sería "un gran éxito" y prueba de fuerza electoral, sino que, por ende, confirmaría "su derecho" a encabezar una eventual alianza opositora en las elecciones del 3 de mayo de 2009.
Si se tiene en cuenta que los tres principales aspirantes a la candidatura arnulfista han estado en campaña por seis meses, durante los cuales gastaron cifras millonarias; y, además, que, junto con ellos, cerca de 3,000 candidatos aspirantes a diputados, alcaldes, concejales y representantes, igualmente estuvieron en intensa campaña, una participación del 65% que, por cierto, es más una esperanza optimista que una realidad, no es como para cantar victorias y, mucho menos, para reclamar favoritismos electorales.
Si algo dejó como saldo la lucha interna del panameñismo, esto fue que los principales aspirantes a la candidatura de ese colectivo, en contraposición al legado de su líder histórico, hicieron del derroche de dinero su principal carta de presentación. A la que sumaron un pobre mensaje, carente de propuestas específicas, y basado en el gastado sonsonete de que, cada uno de ellos, de ser ungido, debería encabezar "la necesaria unión de la oposición para derrotar el PRD".
Las primarias panameñistas, debieron haber convocado a las urnas, en mi opinión, al 80 ó el 90 por ciento, de los miembros de ese partido, o sea a unos 250,000 votantes. Contar con ese respaldo, de reflejarse en las próximas encuestas, lo que está por verse, hubiera sido una sólida "base de negociación", para materializar sus aspiraciones. La baja participación, por el contrario, y las insatisfacciones que ya han aflorado y que quedaron en evidencia en las reacciones de los perdedores del pasado domingo, poco o nada bueno presagian para que otrora fuera el "gran partido de Arnulfo Arias".
El ganador de las primarias arnulfistas, a pesar de que el ejercicio interno de su partido no es para vanagloriarse, ha vuelto a poner sobre la mesa su propuesta de las llamadas "interprimarias", entre los partidos que no oficialistas, como vía para forzar a su favor una candidatura única "de oposición". Craso error. Esa propuesta es inviable porque, con todo derecho, la rechazará el precandidato de Cambio Democrático; también lo es porque, antidemocráticamente, pretende que el 53% de los electores, que no pertenece a ningún partido, se someta a la voluntad del candidato de un partido que, en resumidas cuentas, solamente tiene el precario respaldo, si acaso, del 10 por ciento del electorado.
El partido panameñista no partió bien el domingo pasado. Y si persiste en su empeño de forzar a su favor una candidatura única, seguirá cuesta abajo. Lo sensato, y democrático, es que tanto ellos como los otros partidos de "la llamada oposición" abandonen sus afanes exclusivistas y permitan que sea el pueblo el que, mediante un "sistema de doble vuelta" decida, libremente, quien debe gobernar.