Para leer encuestas
Considero que una encuesta, realizada con acucioso rigor científico, es una herramienta útil para el análisis de la coyuntura política en un momento determinado. Pero así como cualquier herramienta puede desempeñar un buen o mal trabajo, según la destreza de quien la utilice, lo mismo puede suceder cuando el que interpreta una encuesta lo hace tomando sus resultados como axiomas incuestionables o las interpreta bajo premisas equivocadas.
Para entender una coyuntura política, hay que entender las motivaciones del elector, las posibles evoluciones del escenario político, el comportamiento histórico del electorado y otros factores que ayudan a tener una visión amplia de la situación que se busca analizar. Por ejemplo, salta a la vista que existe una distorsión en los resultados de una encuesta donde más del noventa por ciento de los encuestados responde que acudirá a las urnas, cuando en las anteriores elecciones de ese país el porcentaje de personas que efectivamente votan ronda entre el setenta a setenta y cinco por ciento (70 a 75%).
En el caso de esa encuesta en particular, salvo que se considere que se tendrá un porcentaje de participación ciudadana muy superior al del promedio de la gran mayoría de las sociedades democráticas modernas, es evidente que existe un diez al quince por ciento de los encuestados que dice que va a votar, que el día de las elecciones no lo hará.
¿Cuál de los candidatos presidenciales resultará afectado con ese nivel de abstencionismo? Una hipótesis puede ser que el más afectado será aquel que tenga menos capacidad de movilizar a sus simpatizantes a las urnas de votación. Es allí donde pueden pesar las estructuras partidarias, porque es razonable pensar que están más inclinados en ir a votar aquellos ciudadanos que se inscriben en un partido político que aquellos que no lo hacen.
El otro factor que señalan las encuestas que no suena lógico, a la luz de mi experiencia tras haber participado como candidato en tres elecciones, contando a la presente, es que concluyan que la gran mayoría del electorado ya ha definido su voto para el dos de mayo. A mal palo se arrima quien se cree ese cuento. Tradicionalmente en Panamá, el torneo electoral arrecia después de las celebraciones del Carnaval. Es sólo a partir de ese momento que la atención de toda la ciudadanía se centra en la política y en los candidatos a distintos puestos de elección popular. Llega el momento del marketing, los debates, las concentraciones, las visitas de casa en casa, el escrutinio de los medios de comunicación, las entrevistas y propuestas de los candidatos. En esta etapa existe una gran posibilidad para el cambio de intención de voto. Afirmar lo contrario, es desconocer la importancia de la campaña electoral propiamente tal.
Reconozco que esta campaña electoral será ardua y complicada. Reconozco que existen muchos ciudadanos descontentos con la actual administración, aunque considero que algunos juzgan injustamente la gestión de la Presidenta Moscoso como producto de la demoledora campaña de destrucción de imagen que ha hecho la oposición con el apoyo de algunos medios de comunicación. Pero igualmente reconozco que en una campaña con cuatro candidatos presidenciales, la minoría más grande puede llevarse el triunfo... como ya sucedió antes en la historia reciente de nuestro país con el caso de Ernesto Pérez Balladares y el triunfo del PRD en 1994.
Las encuestas de opinión miden opiniones, opiniones que no son más que percepciones; percepciones que pueden convertirse en realidades en la mente del elector, pero que no por ello, están por encima de la realidad. Las encuestas son, repito, percepciones. Pero la concentración de la Alianza Visión de País del pasado 25 de enero es mucho más que una percepción, es una realidad concreta que no se puede ocultar. Una cifra cercana a los ciento cincuenta mil panameños y panameñas se congregaron para demostrar su apoyo a la candidatura de José Miguel Alemán. Si tomáramos como ciertos los porcentajes que dan las encuestas, con el 8% del electorado, José Miguel no tendría más que esos votos el dos de mayo. Pero, ¿tiene sentido argumentar que los Partidos Arnulfista, MOLIRENA y Liberal Nacional fueron capaces de movilizar al 100% de sus votantes? ¿Tiene alguna lógica pretender afirmar que el Partido Arnulfista pasará del veinte por ciento de los votos en 1994 y del veintisiete por ciento de los votos en 1999 a menos del ocho por ciento en el 2004, tal como lo pretenden señalar las dichosas encuestas? Lo único que me hace sentido, en estos momentos, es comprender que la ardua labor que queda por delante para José Miguel y quienes apoyamos su candidatura es, en primera instancia, convencer a la membresía de nuestros partidos que las encuestas pueden decir una cosa, pero la realidad bien puede ser otra. En otras palabras, que se sientan convencidos de nuestra posibilidad de éxito.
Mucho hemos avanzado en esa dirección con la concentración del 25 de enero. El siguiente paso es que dicha membresía y especialmente el resto del electorado, sobre todo el independiente, conozcan al candidato y que éste se caracterice ante ellos con sus propias particularidades, virtudes y defectos. Que la mayor cantidad de personas conozca al José Miguel que miles de panameños han tenido la oportunidad de conocer personalmente en los últimos meses y en los cuales ha dejado siempre una impresión positiva.
De aquí al dos de mayo próximo habrá muchas encuestas. Pero más importantes serán los hechos políticos concretos que se darán en los próximos meses. Mi pronóstico ahora es reservado, creo que el resultado final será estrecho, pero tengo fe en la victoria de mi candidato, porque creo sinceramente que es el mejor de los cuatro y que su propuesta es la mejor y más viable. Amanecerá y veremos...
Para entender una coyuntura política, hay que entender las motivaciones del elector, las posibles evoluciones del escenario político, el comportamiento histórico del electorado y otros factores que ayudan a tener una visión amplia de la situación que se busca analizar. Por ejemplo, salta a la vista que existe una distorsión en los resultados de una encuesta donde más del noventa por ciento de los encuestados responde que acudirá a las urnas, cuando en las anteriores elecciones de ese país el porcentaje de personas que efectivamente votan ronda entre el setenta a setenta y cinco por ciento (70 a 75%).
En el caso de esa encuesta en particular, salvo que se considere que se tendrá un porcentaje de participación ciudadana muy superior al del promedio de la gran mayoría de las sociedades democráticas modernas, es evidente que existe un diez al quince por ciento de los encuestados que dice que va a votar, que el día de las elecciones no lo hará.
¿Cuál de los candidatos presidenciales resultará afectado con ese nivel de abstencionismo? Una hipótesis puede ser que el más afectado será aquel que tenga menos capacidad de movilizar a sus simpatizantes a las urnas de votación. Es allí donde pueden pesar las estructuras partidarias, porque es razonable pensar que están más inclinados en ir a votar aquellos ciudadanos que se inscriben en un partido político que aquellos que no lo hacen.
El otro factor que señalan las encuestas que no suena lógico, a la luz de mi experiencia tras haber participado como candidato en tres elecciones, contando a la presente, es que concluyan que la gran mayoría del electorado ya ha definido su voto para el dos de mayo. A mal palo se arrima quien se cree ese cuento. Tradicionalmente en Panamá, el torneo electoral arrecia después de las celebraciones del Carnaval. Es sólo a partir de ese momento que la atención de toda la ciudadanía se centra en la política y en los candidatos a distintos puestos de elección popular. Llega el momento del marketing, los debates, las concentraciones, las visitas de casa en casa, el escrutinio de los medios de comunicación, las entrevistas y propuestas de los candidatos. En esta etapa existe una gran posibilidad para el cambio de intención de voto. Afirmar lo contrario, es desconocer la importancia de la campaña electoral propiamente tal.
Reconozco que esta campaña electoral será ardua y complicada. Reconozco que existen muchos ciudadanos descontentos con la actual administración, aunque considero que algunos juzgan injustamente la gestión de la Presidenta Moscoso como producto de la demoledora campaña de destrucción de imagen que ha hecho la oposición con el apoyo de algunos medios de comunicación. Pero igualmente reconozco que en una campaña con cuatro candidatos presidenciales, la minoría más grande puede llevarse el triunfo... como ya sucedió antes en la historia reciente de nuestro país con el caso de Ernesto Pérez Balladares y el triunfo del PRD en 1994.
Las encuestas de opinión miden opiniones, opiniones que no son más que percepciones; percepciones que pueden convertirse en realidades en la mente del elector, pero que no por ello, están por encima de la realidad. Las encuestas son, repito, percepciones. Pero la concentración de la Alianza Visión de País del pasado 25 de enero es mucho más que una percepción, es una realidad concreta que no se puede ocultar. Una cifra cercana a los ciento cincuenta mil panameños y panameñas se congregaron para demostrar su apoyo a la candidatura de José Miguel Alemán. Si tomáramos como ciertos los porcentajes que dan las encuestas, con el 8% del electorado, José Miguel no tendría más que esos votos el dos de mayo. Pero, ¿tiene sentido argumentar que los Partidos Arnulfista, MOLIRENA y Liberal Nacional fueron capaces de movilizar al 100% de sus votantes? ¿Tiene alguna lógica pretender afirmar que el Partido Arnulfista pasará del veinte por ciento de los votos en 1994 y del veintisiete por ciento de los votos en 1999 a menos del ocho por ciento en el 2004, tal como lo pretenden señalar las dichosas encuestas? Lo único que me hace sentido, en estos momentos, es comprender que la ardua labor que queda por delante para José Miguel y quienes apoyamos su candidatura es, en primera instancia, convencer a la membresía de nuestros partidos que las encuestas pueden decir una cosa, pero la realidad bien puede ser otra. En otras palabras, que se sientan convencidos de nuestra posibilidad de éxito.
Mucho hemos avanzado en esa dirección con la concentración del 25 de enero. El siguiente paso es que dicha membresía y especialmente el resto del electorado, sobre todo el independiente, conozcan al candidato y que éste se caracterice ante ellos con sus propias particularidades, virtudes y defectos. Que la mayor cantidad de personas conozca al José Miguel que miles de panameños han tenido la oportunidad de conocer personalmente en los últimos meses y en los cuales ha dejado siempre una impresión positiva.
De aquí al dos de mayo próximo habrá muchas encuestas. Pero más importantes serán los hechos políticos concretos que se darán en los próximos meses. Mi pronóstico ahora es reservado, creo que el resultado final será estrecho, pero tengo fe en la victoria de mi candidato, porque creo sinceramente que es el mejor de los cuatro y que su propuesta es la mejor y más viable. Amanecerá y veremos...