Para navegar en un mar de cambios
ES POSIBLE que haya quienes no se han dado cuenta que el país y el mundo están inmersos en un mar de cambios. Las corrientes de cambio pueden navegarse en un corcho, una balsa o en un bote bien diseñado. Hacerlo en un corcho o en una balsa es quedar expuesto al rigor del viento y al vaivén del mar. Si se navega en un bote estilizado y veloz, es posible evitar los peligros y aprovechar la fuerza de las corrientes. Intentar navegar en contra de la corriente no solo resultaría peligroso sino infructuoso.
En este mundo cada vez más integrado y en permanente proceso de cambios pueden identificarse actitudes, por lo menos, dos actitudes contradictorias. Quienes critican al Gobierno Nacional harían bien en ponerse en lugar de aquellos que tienen la responsabilidad de tomar decisiones. Si los sectores más conservadores de la sociedad panameña carecen de un origen democrático y niegan la eficacia democratizadora seguirán explotando, evadiendo impuestos, perpetuando actitudes corruptas y tratando de prolongar la manipulación del poder político de la manera que desean sin que se los pueda tocar.
Resulta fácil hablar de democracia, cuando se ignora su dimensión política. Un comportamiento democrático demanda un estilo de vida en que se privilegie la utilización de las reglas democráticas. Esa forma de proceder debe ayudar a los sectores que disienten de las medidas de las autoridades nacionales a no perder la objetividad y menos en los momentos de cambio por los que atraviesa el país. Esas son pequeñeces frente a las grandes responsabilidades que reclama el país a todos los sectores que conforman la sociedad panameña.
El país es como es un organismo vivo y activo que requiere de la integridad y el funcionamiento armónico de sus aparatos y sistemas. Las elites nacionales y los diferentes sectores sociales tienen la obligación de contribuir a depurar el quehacer político y ser parte, sin gritería ni murmuración ideológica, de iniciativas dirigidas a fijar un rumbo de desarrollo sustentable y bienestar colectivo. Es imperdonable legar a las futuras generaciones un país plagado de trampas, hipotecado e inexorablemente sometido a taras económicas.
Los panameños pueden ser más de lo que han sido hasta ahora. Es posible hacer más por los demás de lo que se ha hecho hasta el momento. Desde esa concepción, es desarrollo humano y el bien común no son únicamente una elección, representan también la condición de la supervivencia como especie y como Nación.
El proceso de cambios involucra una reformulación de las raíces sicológicas y espirituales que determinan las estrategias políticas, sociales y económicas y un viraje en el rumbo de incomprensión, el abuso, la exclusión y la violencia. Si como sociedad los panameños alcanzaran una visión ampliada de sus posibilidades y potencialidades habría ciudadanos más conscientes de sí mismos y de sus vínculos con los demás habitantes del país y del planeta. A más vigor en los objetivos como seres humanos, mayor profundidad en los proyectos de vida en común y una actitud más constructiva hacia la vida.
Quienes disienten de las acciones del Gobierno Nacional deberían aportar ideas y propuestas para corregir aquellos aspectos de la gestión pública que consideren que no están funcionando correctamente y que pueden mejorar. Tienen, además el deber de exigir cuentas y poner límites a cualquier extralimitación de quienes conducen los altos poderes del Estado. Esa es una responsabilidad que no puede soslayarse por egoísmos personales o la búsqueda de beneficios políticos de corto plazo.
Como protagonistas del proceso de cambios en que está inmerso el país y el mundo, los panameños harían bien en apuntar hacia su incorporación dentro de un universo que navega hacia la vitalidad de la acción solidaria. Hacia emociones, pensamientos, actos e intercambios que vinculan, integran, respetan, trascienden diferencias y construyen tejidos indisolubles de desarrollo sustentable y bienestar colectivo.
Llegar a acuerdos, explicando las disposiciones que se desean tomar, puesto que cuando se le brindan las explicaciones necesarias al individuo se le reconoce su capacidad de entendimiento. Mensaje que debemos pasar desde la más tierna infancia para que el niño o la niña crezcan con la convicción de ser inteligente.
La motivación y reforzar lo positivo son sistemas que dan mejores resultados que la crítica constante y la descalificación que no hacen sino socavar la autoestima, crear sentimientos de frustración y de ira. Es más constructivo brindar reconocimiento a las personas por lo que son, y por sus buenas acciones, así como alternativas al cambio si fuese necesario.
El desarrollo de la creatividad y de la iniciativa. Mucho se habla de la falta de empresarios que tiene el país, sin creatividad e iniciativa no pueden existir empresarios. Es indispensable para el desarrollo económico que se estimule la creatividad y la iniciativa y que no se le sancione. Cada vez que criticamos a alguien por alguna nueva idea, por sus gustos al vestirse o al peinarse, estamos normando conductas y mermando la creatividad
Desarrollo de objetivos claros y consensuados con los beneficiarios. Cada vez que se realicen actividades dentro de las instituciones académicas tenemos que tener en cuenta su función pedagógica.
Y no podemos dejar de lado el desarrollo de lo que se llama hoy la inteligencia emocional, aprender las herramientas del autoconocimiento, de las relaciones humanas, de la interacción social, sin lo cual no podríamos llenar nuestras necesidades básicas, de afecto, de validación y de valorización.
Si queremos que las nuevas generaciones estén conformadas por jóvenes y adultos seguros de sí, confiados, creativos, con iniciativa, inteligentes, solidarios y automotivados, no debemos dejar para más tarde la transformación del sistema educativo, ellos nos lo agradecerán mañana.
(celiamoreno60@yahoo.com)
En este mundo cada vez más integrado y en permanente proceso de cambios pueden identificarse actitudes, por lo menos, dos actitudes contradictorias. Quienes critican al Gobierno Nacional harían bien en ponerse en lugar de aquellos que tienen la responsabilidad de tomar decisiones. Si los sectores más conservadores de la sociedad panameña carecen de un origen democrático y niegan la eficacia democratizadora seguirán explotando, evadiendo impuestos, perpetuando actitudes corruptas y tratando de prolongar la manipulación del poder político de la manera que desean sin que se los pueda tocar.
Resulta fácil hablar de democracia, cuando se ignora su dimensión política. Un comportamiento democrático demanda un estilo de vida en que se privilegie la utilización de las reglas democráticas. Esa forma de proceder debe ayudar a los sectores que disienten de las medidas de las autoridades nacionales a no perder la objetividad y menos en los momentos de cambio por los que atraviesa el país. Esas son pequeñeces frente a las grandes responsabilidades que reclama el país a todos los sectores que conforman la sociedad panameña.
El país es como es un organismo vivo y activo que requiere de la integridad y el funcionamiento armónico de sus aparatos y sistemas. Las elites nacionales y los diferentes sectores sociales tienen la obligación de contribuir a depurar el quehacer político y ser parte, sin gritería ni murmuración ideológica, de iniciativas dirigidas a fijar un rumbo de desarrollo sustentable y bienestar colectivo. Es imperdonable legar a las futuras generaciones un país plagado de trampas, hipotecado e inexorablemente sometido a taras económicas.
Los panameños pueden ser más de lo que han sido hasta ahora. Es posible hacer más por los demás de lo que se ha hecho hasta el momento. Desde esa concepción, es desarrollo humano y el bien común no son únicamente una elección, representan también la condición de la supervivencia como especie y como Nación.
El proceso de cambios involucra una reformulación de las raíces sicológicas y espirituales que determinan las estrategias políticas, sociales y económicas y un viraje en el rumbo de incomprensión, el abuso, la exclusión y la violencia. Si como sociedad los panameños alcanzaran una visión ampliada de sus posibilidades y potencialidades habría ciudadanos más conscientes de sí mismos y de sus vínculos con los demás habitantes del país y del planeta. A más vigor en los objetivos como seres humanos, mayor profundidad en los proyectos de vida en común y una actitud más constructiva hacia la vida.
Quienes disienten de las acciones del Gobierno Nacional deberían aportar ideas y propuestas para corregir aquellos aspectos de la gestión pública que consideren que no están funcionando correctamente y que pueden mejorar. Tienen, además el deber de exigir cuentas y poner límites a cualquier extralimitación de quienes conducen los altos poderes del Estado. Esa es una responsabilidad que no puede soslayarse por egoísmos personales o la búsqueda de beneficios políticos de corto plazo.
Como protagonistas del proceso de cambios en que está inmerso el país y el mundo, los panameños harían bien en apuntar hacia su incorporación dentro de un universo que navega hacia la vitalidad de la acción solidaria. Hacia emociones, pensamientos, actos e intercambios que vinculan, integran, respetan, trascienden diferencias y construyen tejidos indisolubles de desarrollo sustentable y bienestar colectivo.
Llegar a acuerdos, explicando las disposiciones que se desean tomar, puesto que cuando se le brindan las explicaciones necesarias al individuo se le reconoce su capacidad de entendimiento. Mensaje que debemos pasar desde la más tierna infancia para que el niño o la niña crezcan con la convicción de ser inteligente.
La motivación y reforzar lo positivo son sistemas que dan mejores resultados que la crítica constante y la descalificación que no hacen sino socavar la autoestima, crear sentimientos de frustración y de ira. Es más constructivo brindar reconocimiento a las personas por lo que son, y por sus buenas acciones, así como alternativas al cambio si fuese necesario.
El desarrollo de la creatividad y de la iniciativa. Mucho se habla de la falta de empresarios que tiene el país, sin creatividad e iniciativa no pueden existir empresarios. Es indispensable para el desarrollo económico que se estimule la creatividad y la iniciativa y que no se le sancione. Cada vez que criticamos a alguien por alguna nueva idea, por sus gustos al vestirse o al peinarse, estamos normando conductas y mermando la creatividad
Desarrollo de objetivos claros y consensuados con los beneficiarios. Cada vez que se realicen actividades dentro de las instituciones académicas tenemos que tener en cuenta su función pedagógica.
Y no podemos dejar de lado el desarrollo de lo que se llama hoy la inteligencia emocional, aprender las herramientas del autoconocimiento, de las relaciones humanas, de la interacción social, sin lo cual no podríamos llenar nuestras necesidades básicas, de afecto, de validación y de valorización.
Si queremos que las nuevas generaciones estén conformadas por jóvenes y adultos seguros de sí, confiados, creativos, con iniciativa, inteligentes, solidarios y automotivados, no debemos dejar para más tarde la transformación del sistema educativo, ellos nos lo agradecerán mañana.
(celiamoreno60@yahoo.com)