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Para periodistas


Idóneos, no idóneos, aficionados, aprendices, intérpretes de los hechos. Esta es una visión desgranada de aspectos sensibles, de luces y sombras, de las heroicas desventuras de los comunicadores sociales. La clasificación es irrelevante. Lo que cuenta en el comunicador es su manera de servir a la masa extensa, dispersa, heterogénea y anónima que son los públicos. Los periodistas son oficiantes de partos infinitos. Sostenedores del vínculo indisoluble de la comunicación social y la vida humana.

Los estilos de vida y la conducta humana están en una etapa de rápidas trasformaciones. Cambia tan rápido el cuerpo de conocimientos en las ciencias, las artes y las humanidades, que muchos profesionales se ven precisados a reaprender, pues ciertas prácticas resultan de pronto erróneas o fuera de lugar. Las instituciones, las leyes, los modos de gobernar y hasta el criterio de verdad si no son revisados de tiempo en tiempo pierden su vitalidad y eficacia. El fenómeno afecta drásticamente a la comunicación. No ha terminado el comunicador de hacer su exposición cuando el hecho que la sustenta ya ha variado o cambiado totalmente. Las noticias son más verosímiles que ciertas. Igual sucede con las opiniones y los análisis.

La descomposición social hace más complicado el trabajo del periodista. La violencia social que engendra la mala calidad de vida del pueblo se ha propagado a todos los confines. La escuela ha muerto y resucitado en hordas salvajes. El paternalismo y la floja autoridad de los gobiernos pasados han producido tal grado de podredumbre social que amplios sectores de la sociedad necesitan una cura de caballo. Ahora las salas de redacción son casi baluartes y los periodistas parecen corresponsales de guerra.

Precisa que además de reproductor el periodista tenga funciones de investigador y creador en el campo del desarrollo cultural.

En la fidelidad está la esencia del compromiso. El médico que no padece con el paciente y el periodista miedoso son de vocación equivocada. Connotados comunicadores alquilan sus talentos en trabajos de propaganda. Pasamos por una crisis de principios. Es evidente que hay un desconocimiento de la esencia y propiedades características del periodismo. La libertad de expresión es “decir lo que la gente no quiere oír”. George Orwell. En países con gobierno autoritario los periodistas son águilas encadenadas y animales domesticados si sirven a una férrea dictadura. A los que aceptan regalos y sirven a los gobiernos los llaman “periodistas de guiño de ojo”.

Los análisis y opiniones en Panamá son en general decentes y sustanciosos, aunque poco calan en la conciencia popular. Como la entrada es libre en el foro entran también artículos fatigosos, inocuos, insidiosos, pedantes, rencorosos. “La ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro”. W. Shakespeare.

101 años de Panamá América

 
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