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¿Para qué sirven 500,000 inscritos?


CREO QUE EL MUNDO se está volviendo loco. Allá en Venezuela, el megalómano de Chávez pide a los seguidores de los cuatro partidos que lo apoyan que se inscriban en uno solo: el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Quiere ser el líder del partido más grande de América Latina.
Para lograr ese propósito, desde procesos electorales anteriores ha logrado intervenir de tal manera la intimidad del votante a través de las huellas dactilares electrónicas, que en el gobierno saben por quién vota cada persona y, con el control total de los organismos electorales, le ha dado cédula venezolana a cualquier cantidad de extranjeros. Sólo si votas por los partidos chavistas tienes acceso a los beneficios del gobierno, como recibir prebendas, beneficios de las misiones, becas, subsidios, trabajar en él y poder hacer contratos y negocios con sus diferentes dependencias.
Ahora, casi a la fuerza está logrando su propósito. La gente que no es tonta ni aquí ni allá, lo está "ayudando" a que crea que es el dirigente más grande que ha dado América Latina. Parece que es ése el mecanismo que el psiquiatra que le sirve de vicepresidente ahora, Jorge Rodríguez, le ha recomendado para mantenerle inflado su enorme ego.
En Panamá, sin nadie que se le parezca a Chávez, por lo menos por el momento, están ocurriendo cosas parecidas. Hay gente que, faltando dos años para las próximas elecciones, quiere tener el partido con más inscritos de la historia de Panamá, como si por los inscritos fuera las elecciones se pudiesen ganar de antemano. Desconozco cuánto se han gastado para ese propósito, a mi juicio inocuo por decir lo menos, como si con ello pudiesen disipar las tremendas nubes que se ciernen sobre el horizonte de nuestro país, tan lleno de oportunidades pero, al mismo tiempo, rodeado de tanta incapacidad y de tantos desaciertos gubernamentales.
Siempre he pensado en el sin sentido de estar inscribiendo gente en un partido político, tanto aquí como en Venezuela; en China ni en Cuba se toman esa molestia, porque todos son del Partido Comunista. La gente se inscribe, en el PSUV o en el PRD, o en otro, porque quiere tener acceso al PARVIS, al PRODEC, a las becas, a las hojas de zinc, a los sacos que regalaban en los tiempos de Cemento Bayano, a las ayudas comunitarias que daban los arnulfistas en la pasada contienda, a los dólares por votar de una u otra forma, y otras yerbas aromáticas. Recordemos cómo se inscribieron los partidos oficialistas en 1978, el PRD y el Frente Amplio de Profesionales (FRAMPO) de Renato Pereira y Juan Castulovich, este último aupado por el gobierno, por si no aparecía ninguno de oposición y así dar visos de "democracia partidista". Recordemos cómo pasaban los libros de inscripción por las diferentes oficinas públicas para "pedirles" se inscribieran voluntariamente y transportaban a la gente a las manifestaciones.
La militancia de un partido no se mide por sus inscritos, lo cual, como en cualquier crimen, es sólo un indicio, no una prueba contundente e inequívoca de que tienes gente; pero no de que tienes gente que votará contigo. Pregúntenle a Pérez Balladares si toda la gente de su partido lo apoyó en su vano intentó de cambiar la Constitución para poder ir a la reelección. No le digan a Endara que en las elecciones pasadas todos los que votaron con él, superando con creces los inscritos en Solidaridad, eran sus seguidores; era el único que podía aglutinar el voto anti-PRD. A los demócratas cristianos más de tres cuartas partes de los que nos favorecieron con su voto en el ´89, nos lo negaron en el ´94, el efímero año del Papa Egoró.
La suma de inscritos es sólo eso, una suma en unos desprestigiados libros del Tribunal Electoral. Los votos son sólo eso, los emitidos en una elección y punto. Con estas acciones, los partidos políticos se siguen desprestigiando. Se siguen repitiendo las mismas prácticas del pasado cuando a la gente se le pretendía comprar su voto a punto de una promesa de ayuda, de puesto, de beca; de simples obsequios como aquellos como los españoles pretendían comprar las conciencias de los aborígenes indioamericanos.
Esos "dirigentes" parecieran no darse cuenta de lo que dicen las encuestas: el 73% de los panameños no quiere saber de partidos políticos; está harto de sus mentiras y sus cuentos. Si el 60% de los panameños se inscribe en éstos es simplemente por el interés de recibir algo en cambio. Desafortunadamente, eso que quieren a cambio cuando lo hacen en uno de esos pasados de moda libros de inscripción de adherentes, no es el lograr unos mejores días para Panamá sino, en la mayoría de los casos, la búsqueda del consabido "salvé" el día. ¿Cuándo, entonces, se darán cuenta de esa cruda realidad?
¿Cuándo se dejarán de engañar a ellos mismos, porque a nadie engañan con aquello de ahora tener medio millón o un millón de inscritos?
gcochez@cableonda.net

101 años de Panamá América

 
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