Para quiénes se construyen las calles en este país
Estamos viviendo una época en que las afectaciones ambientales están a la orden del día, con el patrocinio de las autoridades gubernamentales. Es inconcebible que, luego de acciones enérgicas de las comunidades, se logre la construcción de las ansiadas calles y carreteras para que en un santiamén las mismas queden deterioradas, incluso peor que como estaban antes. Este es el caso de las calles del corregimiento de San Martín, cuya comunidad, después de muchos esfuerzos y luchas, logró que se le construyera su nueva carretera, la cual si bien no satisfacía todas sus aspiraciones, significó una gran mejoría.
Tenía información de la gran cantidad de tránsito de camiones cargados de arena continental de una concesión, pero no fue hasta la madrugada del lunes 13 de octubre cuando comprobé lo que me decían. Había pernoctado en la bella comunidad de Juan Gill, donde tenemos una pequeña casa. Nos despertó el ruido ensordecedor de los camiones, el impregnante olor a diesel y el retumbar de la pesada carga sobre la superficie de rodadura. Al paso de tal carga, iba quedando una estela de huecos enormes, cunetas desprendidas, paredes rajadas y efectos difíciles de cuantificar de inmediato, especialmente sobre los terrenos contiguos a los taludes de la estrecha carretera.
A pesar de que tengo clara la función del transporte en la actividad económica, lo que allí ocurre está fuera de toda lógica; la carretera no está diseñada para tales pesos y dimensiones. Aparte de las afectaciones señaladas, se ocasionan de manera inexorable cuantiosos daños a los vehículos particulares y colectivos. Esto debe parar de inmediato.
¿Cómo es posible que las autoridades del MOP se hagan de la vista gorda ante un hecho tan irregular? He visto que algunos huecos, al poco tiempo, son rellenados, no sé por quién, pero de hecho ésa no es la solución. Una vez el concesionario se retire del área, el daño a la base y sub-base de la carretera será de tal magnitud que ésta tendrá que ser hecha de nuevo. ¿Quién va a pagar por esto? ¿Nuevamente el erario público? ¡Pues no! No estoy de acuerdo con que el presupuesto público sirva de colchón para el enriquecimiento sin control de compañías privadas.
Donde sea factible, el que realice una actividad de ese tipo no sólo debe comprometerse a reparar de inmediato los daños que ocasionen, sino dejar constancia de que al final de sus actividades, con el concurso del MOP, la SPIA y la propia comunidad se llegará a un consenso de los tramos a recuperar integralmente. Para dar fiel cumplimiento a ese compromiso, se deben ir haciendo las reservas financieras para acometer dichos trabajos.
La situación que hoy vemos en San Martín es la que se observa a diario en sectores como Llano Bonito y otros, donde cada vez se hace más intransitable el área, ocasionando tranques que repercuten negativamente en la economía familiar de los afectados.
El concesionario de la extracción de arena continental en San Martín, es el mismo que construyó un vado aguas arriba de los terrenos de nuestra propiedad, ocasionando al obstruirse las luces del mismo en épocas de crecientes y luego al demolerlo, daños enormes a una serie de terrenos en las márgenes del Río Pacora, que, como el mío, permanecieron inalterables por espacio de más de veinte años. Pero sobre el vado hablaremos en otra ocasión.