Para todos una oportunidad
Si hay algo que caracteriza a los regímenes auténticamente democráticos, es que no están hechos a la medida de nadie. Nadie debe poder alegar que se calza el zapato de la democracia panameña, y que la horma le queda perfecta. Así, como en los Estados Unidos de América la libertad de expresión va más allá del simbolismo de los colores patrios (enseñanza que pronto deberíamos imitar los panameños), asimismo, el debate sobre la ampliación del Canal de Panamá tiene que ir más allá de lo que cualquiera de nosotros quisiera escuchar, esto es, tiene que ser lo suficientemente inclusivo como para admitir tesis que no queremos escuchar. Es por esa apertura y tolerancia, por la que se definen los sistemas democráticos.
Decía un apreciado y querido amigo los otros días, que el debate entorno a la ampliación del Canal de Panamá debía manejarse entre los siguientes extremos: "la posibilidad de no hacer nada, la posibilidad de llevar adelante la ampliación hoy, y la posibilidad de llevar a cabo la ampliación después". Coincido con él, en que estos deberían ser los límites del debate, a los cuales se ha ceñido, -permítanme agregar-, un selecto grupo de inteligentísimos profesionales panameños que se oponen a la construcción de la obra.
Mientras tanto, para quienes estamos en el centro del debate, escuchando los razonamientos de tirios y troyanos, algunas sugerencias de utilidad:
Evada las argumentaciones ad hominen: Aristóteles definía estos argumentos falaces, como aquellos en virtud de los cuales se atacaba al mensajero, y no se centraba el debate sobre la racionalidad de los argumentos.
En más de 5,000 páginas de estudio sobre la ampliación del Canal de Panamá, nadie tiene que pensar que la Autoridad del Canal de Panamá, es infalible. De lo que se trata es de determinar si la propuesta de la ACP es suficientemente mejor a la de quienes se oponen a la ampliación.
Aquellos profesionales que manejan los conceptos técnicos que tienen que ver con la ampliación, tienen una oportunidad dorada para destacar aquellos elementos con los cuales manejen dudas sustentables. Por ejemplo, he escuchado algunas sobre el mantenimiento del servicio de agua potable para los habitantes de la región metropolitana, una vez los trabajos se comiencen. La ACP está en la obligación de atender estas dudas razonables.
Retomemos la razón medular del artículo. Nadie tiene derecho a marcar los límites de un debate sobre el cual decide el soberano, el ciudadano, en referéndum. Nadie tiene derecho a esgrimir que los elementos afectivos no pueden ser parte de la andanada en contra de la ampliación del Canal de Panamá.
Al final del día, siempre tenemos que confiar en la sagacidad del ciudadano panameño. En su capacidad de separar lo importante de lo coyuntural y en nuestra confianza de que sabrá actuar de acuerdo con lo que considere sean los mejores beneficios del país. Sin tener que calzarle la horma al zapato de nadie.
Decía un apreciado y querido amigo los otros días, que el debate entorno a la ampliación del Canal de Panamá debía manejarse entre los siguientes extremos: "la posibilidad de no hacer nada, la posibilidad de llevar adelante la ampliación hoy, y la posibilidad de llevar a cabo la ampliación después". Coincido con él, en que estos deberían ser los límites del debate, a los cuales se ha ceñido, -permítanme agregar-, un selecto grupo de inteligentísimos profesionales panameños que se oponen a la construcción de la obra.
Mientras tanto, para quienes estamos en el centro del debate, escuchando los razonamientos de tirios y troyanos, algunas sugerencias de utilidad:
Evada las argumentaciones ad hominen: Aristóteles definía estos argumentos falaces, como aquellos en virtud de los cuales se atacaba al mensajero, y no se centraba el debate sobre la racionalidad de los argumentos.
En más de 5,000 páginas de estudio sobre la ampliación del Canal de Panamá, nadie tiene que pensar que la Autoridad del Canal de Panamá, es infalible. De lo que se trata es de determinar si la propuesta de la ACP es suficientemente mejor a la de quienes se oponen a la ampliación.
Aquellos profesionales que manejan los conceptos técnicos que tienen que ver con la ampliación, tienen una oportunidad dorada para destacar aquellos elementos con los cuales manejen dudas sustentables. Por ejemplo, he escuchado algunas sobre el mantenimiento del servicio de agua potable para los habitantes de la región metropolitana, una vez los trabajos se comiencen. La ACP está en la obligación de atender estas dudas razonables.
Retomemos la razón medular del artículo. Nadie tiene derecho a marcar los límites de un debate sobre el cual decide el soberano, el ciudadano, en referéndum. Nadie tiene derecho a esgrimir que los elementos afectivos no pueden ser parte de la andanada en contra de la ampliación del Canal de Panamá.
Al final del día, siempre tenemos que confiar en la sagacidad del ciudadano panameño. En su capacidad de separar lo importante de lo coyuntural y en nuestra confianza de que sabrá actuar de acuerdo con lo que considere sean los mejores beneficios del país. Sin tener que calzarle la horma al zapato de nadie.