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Para una gestión aduanera eficiente


En estos días, las dos vertientes partidistas toman sus posiciones en la discusión de un nuevo Presupuesto General del Estado. Pero, realmente, sin desconocer lo trascendente de esa situación, lo importante es dar al sector público los instrumentos y la eficiencia que posibiliten una política aduanera que haga viable la recaudación y la represión del contrabando. Vanos resultarán los esfuerzos de fijar un seguro para los desocupados o consensuar la reestructuración de la deuda externa si no existe la posibilidad de pagarlos con recursos genuinos, aquellos con los cuales el Estado no cuenta en la actualidad.
Por supuesto que deben combatirse los muchos excesos en el gasto del sector público, pero paralelamente tiene que iniciarse la batalla final contra la corrupción, dos de cuyas expresiones salientes son la evasión y el contrabando. En ese sentido, cabe acotar que no alcanza con la persecución de los infractores y violadores de la ley; también debe volver a analizarse todo el sistema, ya que ante su propia ineficacia para lograr que la mayoría pague impuestos y aranceles, el Estado fue cargando cada vez más sobre las espaldas de los pocos que pagan.
También debe atenderse que aquellos que cumplen sus obligaciones se sienten como tontos ante el conocimiento público de la existencia de exonerados y evasores, también ante algunos dispendios del Estado y por el llamado "gasto político", en el que no es necesario incluir los sueldos de legisladores, ministros, magistrados y directores, pero sí los miles de asesores y "botellas" que pueblan la administración pública. Pero seguramente es irritante, en particular, la situación de aquel que paga y debe competir con quien no paga y reduce sustancialmente sus costos.
En las circunstancias que vive el país vale entonces que la mirada de los líderes políticos reparen en que hasta es ocioso discutir una reforma tributaria, si la subfacturación y el contrabando son endémicos. Por eso, la prioridad es respaldar a los técnicos y especialistas aduaneros para que no sean sometidos a presiones cuando establecen normas o salen a recaudar. Tal vez deban crearse las condiciones para llevar a cabo una verdadera revolución de reingeniería en este terreno. De ello depende la factibilidad misma del Estado y por supuesto toda iniciativa tendiente a la contención social de quienes viven en la miseria.
Si esta es la hora de algo, es la hora de la recaudación aduanera. Y ojalá así lo entiendan las autoridades de turno, quienes cada vez le dedican menos tiempo a los asuntos medulares de Estado y más a los temas políticos partidistas, en menoscabo del bienestar colectivo.


101 años de Panamá América

 
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