Paradojas del Carnaval
La primera paradoja es que, contra toda la creencia popular, es una fiesta cristiana. Aunque los historiadores remontan sus orígenes en las celebraciones sumerias y egipcias, y que difundieron luego -por su vasto imperio- los romanos, especialmente durante la Edad Media Cristiana.
Pero habiendo pasado el tiempo desde entonces, la otra paradoja de esta fiesta, es que la misma deriva de una acción religiosa, pues la palabra Carnaval, es de origen latino-medieval, y significa carnelevarum, pues representa la acción de "quitar la carne" (ayuno) en la víspera de la cuaresma.
Lo que ya nadie discute es que se trata de una celebración de los países cristianos muy popular en occidente y que, incluso, es turística. Así también nos la han querido mostrar los organizadores panameños para difundir su importancia económica para nuestro país. Es decir, son días donde prima la diversión, la comida y la bebida en exceso, la música y el desorden.
Lo curioso es que es que todo ello ocurre, no sólo antes de la cuaresma, sino en la víspera del inicio del año escolar y mientras se mantienen vigentes los temas como el desempleo, el costo de la energía eléctrica, la falta de agua y se engavetan los demás problemas nacionales, ya que se deja de producir durante cuatro días o más, y le cuesta al erario público grandes sumas de dinero "el cuidar" los desenfrenos y la diversión del pueblo.
Quizás, debiéramos imitar en Panamá la costumbre, tan popular en Río de Janeiro y entre los dominicanos, de representar las simpáticas simbologías que abarcan el sarcasmo de sus máscaras y carros alegóricos, sobre situaciones de orden económico y político. Así, por lo menos, tomaríamos conciencia que los problemas no nos son tan indiferentes mientras nos divertimos en Carnaval.
Pero habiendo pasado el tiempo desde entonces, la otra paradoja de esta fiesta, es que la misma deriva de una acción religiosa, pues la palabra Carnaval, es de origen latino-medieval, y significa carnelevarum, pues representa la acción de "quitar la carne" (ayuno) en la víspera de la cuaresma.
Lo que ya nadie discute es que se trata de una celebración de los países cristianos muy popular en occidente y que, incluso, es turística. Así también nos la han querido mostrar los organizadores panameños para difundir su importancia económica para nuestro país. Es decir, son días donde prima la diversión, la comida y la bebida en exceso, la música y el desorden.
Lo curioso es que es que todo ello ocurre, no sólo antes de la cuaresma, sino en la víspera del inicio del año escolar y mientras se mantienen vigentes los temas como el desempleo, el costo de la energía eléctrica, la falta de agua y se engavetan los demás problemas nacionales, ya que se deja de producir durante cuatro días o más, y le cuesta al erario público grandes sumas de dinero "el cuidar" los desenfrenos y la diversión del pueblo.
Quizás, debiéramos imitar en Panamá la costumbre, tan popular en Río de Janeiro y entre los dominicanos, de representar las simpáticas simbologías que abarcan el sarcasmo de sus máscaras y carros alegóricos, sobre situaciones de orden económico y político. Así, por lo menos, tomaríamos conciencia que los problemas no nos son tan indiferentes mientras nos divertimos en Carnaval.