Paraguay en el ojo de la tormenta
El asesinato del vicepresidente de la República de Paraguay y presidente del Partido Colorado, Luis María Argaña, enemigo acérrimo del general Lino Oviedo y del presidente Raúl Cubas, precipitó al Paraguay a una de las peores crisis políticas. Aunque la sorpresa del atentado político no permite por el momento conjeturar a qué niveles podría llegar la violencia en la nación sudamericana, sí existen elementos de juicio para anticipar que la debilidad institucional del presidente Cubas, a punto de ser procesado por desacatar el fallo de la Corte Suprema que ordena el arresto del general Oviedo, podría llevar al país a un grado de desestabilización sin antecedentes.
El hecho es que el vicepresidente Argaña era uno de los líderes del Partido Colorado que reclamaban la destitución de Cubas y la inhabilitación política de Oviedo hasta el año 2008. Obviamente la defenestración de Cubas significaba el automático ascenso de Argaña y el triunfo político del sector del desgarrado Partido Colorado, adversario de Cubas y Oviedo.
Este juego de opciones coloca a Cubas en el embarazoso papel de ser sindicado como el autor intelectual del atentado contra su encarnizado rival y posible reemplazante. Sin embargo, hay observadores paraguayos e internacionales que consideran que el asesinato podría ser obra de grupos interesados en sepultar a Cubas y Oviedo y precipitar al país a un caos de graves consecuencias.
La legitimidad política de Cubas ya estaba seriamente herida tanto por la inminencia del juicio político por desacato a la Corte Suprema cuanto por la descertificación de Estados Unidos por mal desempeño en la lucha antidrogas. Algunos observadores señalaron que la descertificación lleva implícito el mensaje de disconformidad política de la administración Clinton contra un presidente que defiende a capa y espada a un militar golpista a quien muchos paraguayos ven como la reedición del dictador Stroessner. Y si a ello agregamos las implicancias políticas derivadas del alevoso atentado contra un prominente opositor político apreciaremos la dimensión del desgaste del régimen de Cubas.
En otro nivel, la sucesión de hechos controversiales muestra, por otro lado, el grado de descomposición del Partido Colorado, ligado a las cumbres del poder desde la era Stroessner y que se las arregló para continuar como partido oficialista en el período democrático. Los colorados del Paraguay son el equivalente al PRI de México, vale decir una estructura partidista entregada a luchas de poder entre sus miembros, a espaldas del destino de la nación.
El hecho es que el vicepresidente Argaña era uno de los líderes del Partido Colorado que reclamaban la destitución de Cubas y la inhabilitación política de Oviedo hasta el año 2008. Obviamente la defenestración de Cubas significaba el automático ascenso de Argaña y el triunfo político del sector del desgarrado Partido Colorado, adversario de Cubas y Oviedo.
Este juego de opciones coloca a Cubas en el embarazoso papel de ser sindicado como el autor intelectual del atentado contra su encarnizado rival y posible reemplazante. Sin embargo, hay observadores paraguayos e internacionales que consideran que el asesinato podría ser obra de grupos interesados en sepultar a Cubas y Oviedo y precipitar al país a un caos de graves consecuencias.
La legitimidad política de Cubas ya estaba seriamente herida tanto por la inminencia del juicio político por desacato a la Corte Suprema cuanto por la descertificación de Estados Unidos por mal desempeño en la lucha antidrogas. Algunos observadores señalaron que la descertificación lleva implícito el mensaje de disconformidad política de la administración Clinton contra un presidente que defiende a capa y espada a un militar golpista a quien muchos paraguayos ven como la reedición del dictador Stroessner. Y si a ello agregamos las implicancias políticas derivadas del alevoso atentado contra un prominente opositor político apreciaremos la dimensión del desgaste del régimen de Cubas.
En otro nivel, la sucesión de hechos controversiales muestra, por otro lado, el grado de descomposición del Partido Colorado, ligado a las cumbres del poder desde la era Stroessner y que se las arregló para continuar como partido oficialista en el período democrático. Los colorados del Paraguay son el equivalente al PRI de México, vale decir una estructura partidista entregada a luchas de poder entre sus miembros, a espaldas del destino de la nación.