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Paréntesis


En mi secuencia de colaboraciones escritas, hice un paréntesis. Anualmente debemos, como comunidad religiosa, hacer un retiro espiritual de ocho días; y en eso traté de estar. Aunque este año lo vi interrumpido por varios compromisos luctuosos de amistades cercanas. Increíble, cuatro duelos en los que tuve que participar solidarizándome con sus deudos cercanos amigos.

A todo esto, el país siguió su historia, se celebraron los carnavales de los 4 millones y todos los lamentos consiguientes. Después de lo gozado viene lo llorado.

Y sigue la campaña política viendo a ver a quién le echan la culpa de los despropósitos que están ocurriendo en los distintos ataques verbales y visuales, y descubriendo esqueletos en el clóset innesarios y tratando de ver cómo involucran a la Iglesia católica responsabilizándola de la falta del Pacto Ético, cuando la fiebre no está en las sábanas.

Nos enteramos que las celebraciones de Atalaya fueron devotamente llevadas a cabo y que, aparentemente, reinó la cordialidad y el respeto entre los bandos anteriormente enfrentados. Y lo que sí se logró, el lanzamiento de la Gran Misión Nacional.

Ahora estamos de lleno en Cuaresma, tiempo litúrgico fuerte que es como una coyuntura para hacer un alto en nuestro devenir diario y detenernos a pensar sobre el sentido de nuestras vidas, en donde estamos, cuánto pensamos vivir etc., nuestras relaciones con nuestro entorno humano, y con nosotros mismos y, sobre todo, si somos creyentes, con Dios.

Con la Cuaresma viene rutinariamente el tema del pescado. Cuareasma y pescado no tienen nada que ver. Ya que, la cuaresma cómo la celebrarían las personas creyentes que son serranos y viven a kilómetros de donde se ejercita la pesca. Deben existir alternativas al pescado, incluso, para aquellos que sufren algún rechazo somático con esta vianda. Y cómo hacen aquellas comunidades que tampoco por su precariedad no pueden consumir carne. Período para prepararnos a celebrar la gran fiesta de nuestra redención que es la Resurrección del Señor, el Domingo de Pascua.

La Cuaresma es tiempo de reconciliación. La reconciliación se da porque tenemos que aceptar que nadie es santo per se, y todos somos pecadores, fuera de los que se creen impolutos. Jesús vino a salvar a las ovejas descarriadas, los bautizados que hubieren caído y que desean regresar al buen camino. La penitencia es como un rebautismo, un regresar a la comunidad de la cual uno se aparta por el pecado.

Cuaresma y periodo pre electoral donde se agudizan las pasiones con la ambición por el poder, como sea, debe ser una invitación al dominio propio y a la sensatez.

101 años de Panamá América

 
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