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Parque de delfines


Un grupo de inversionistas se apresta a construir en Playa Corona, un centro de exhibición y estudios de delfines y de la vida marina. Algunas organizaciones ecologistas están protestando, en defensa de los inteligentes mamíferos, basándose en tratados que los protegen de la pesca, sobre todo de redes donde se enredan y mueren.
Pero el proyecto es otra cosa. No los pondrán en piscinas, sino en secciones del mismo mar. Sus promotores hablan de construir un hospital, único en el mundo, para curarlos; se proponen reunir científicos, propiciar foros, conferencias y erigir un centro de enseñanza, de primer orden. Deberíamos, antes de criticar, escucharlos.
Escuchar es un proceso de doble vía. No es cuestión de armar cadenas humanas y exhibir letreros para que se marchen a otra parte. En Costa Rica, México e islas del Caribe los esperan ansiosamente, seguros de que haremos del proyecto lo mismo de siempre, decir no sin pensar. Y conste que no nos estamos comprometiendo a favor, sino tan sólo hacemos un esfuerzo por ser objetivos.
Partamos de una base, en otros países existen centros donde se exhiben delfines, haciendo acrobacias, como en Sea World, en Orlando; y en otros, como en Cancún, México, donde se permite nadar con ellos. Dicen los expertos que la última experiencia es muy positiva, sobre todo para los niños. Pero también hay grandes exhibiciones de vida marina, donde el público tiene la experiencia de pasar por túneles de vidrio, rodeado de tiburones, pulpos, caballos de mar, y muchas otras especies. Aquello genera un turismo masivo, de muy altos ingresos y, al mismo tiempo, enseña a respetar la vida marina, cosa que no se obtiene con películas como "Tiburón" o similares, ni series como "Animales Salvajes", que invitan el exterminio, la caza y la pesca indiscriminada.
El ensanche del Canal va a provocar una distorsión económica que puede resultar tan negativa par el interior del país, como su construcción misma a inicios de la República, en términos de migración hacia la ciudad y abandono del campo. Y si en estos días ese fenómeno se ha moderado y, en algún grado se está revirtiendo, es gracias al desarrollo de proyectos turísticos, sobre todo los residenciales de descanso y para jubilados extranjeros. En fin, proponemos escuchar a los inversionistas y evaluar con justicia su proyecto. Y si nos toca la suerte que todo lo dicho puede ser cierto, entonces, aprestémonos a fiscalizar su plena y correcta ejecución y saquémosle provecho, sobre todo la gente del interior, que también tiene derecho a tener su propio canal, turístico.

101 años de Panamá América

 
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