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Parques nacionales, patrimonio planetario


En el Día Mundial del Medio Ambiente es propicia la ocasión para llamar la atención sobre la importancia de las áreas naturales convertidas en parques nacionales, y resaltar la necesidad de redoblar esfuerzos a favor de la conservación de estos espacios protegidos, vitales para el equilibrio ecológico y el desarrollo económico del país.

En las áreas silvestres protegidas quizás estén los últimos ecosistemas naturales no afectados por las actividades económicas, pero a diario aumenta el peligro de que sean destruidos o alterados. De algún modo, deben ser conservados con más responsabilidad para la supervivencia humana y de otras especies.

Muchos países han delimitado zonas naturales irremplazables para proteger sus atributos ecosistémicos. Una de las categorías de conservación más conocida son los parques nacionales. Esto supone el manejo sostenible de las especies de flora y fauna para asegurar su biodiversidad y los servicios ambientales que prestan a la sociedad.

En Centroamérica, los parques nacionales protegen bosques tropicales con una diversidad casi infinita de plantas y animales. Cientos de reptiles, anfibios y aves habitan en estos densos bosques. Nuestro país también ha realizado esfuerzos importantes en este tema y a la fecha, cuenta con 16 parques nacionales. El primero que se creó fue el parque nacional Altos de Campana en 1966. Muchos de éstos están ubicados en zonas de seguridad ambiental como el Parque Nacional Darién; otros, están en zonas de importancia económica como el Parque Nacional Chagres que abastece de agua al Canal de Panamá y aquellos que por su naturaleza son atractivos ecoturísticos como Coiba, una de las zonas marinas más grandes del mundo.

El manejo de estas áreas naturales requiere de apoyo financiero permanente para que puedan conservarse y brindar sus servicios a toda la sociedad. Pero, la realidad es otra. Muchos parques nacionales, a nivel mundial, están siendo alterados por acciones humanas, que reducen su potencial ecosistémico. Las reducciones presupuestarias estatales los afectan. Por ejemplo, en Estados Unidos, los recortes al Servicio de Parques Nacionales han impedido que se contrate a un número suficiente de guardabosques; y afectan también las exposiciones educativas y las investigaciones científicas.

La gestión en algunos países europeos y sudamericanos también está limitada por los recortes presupuestarios. Muchos países africanos ni siquiera pueden costear el número necesario de guardabosques. Los problemas de financiación han afectado a la protección del tigre tanto en India como en Rusia. Los parques y reservas de China sufren por la presión demográfica y la falta de una gestión científica, que acaba por provocar deforestación y hábitats fragmentados (por la explotación de los recursos naturales o por proyectos agrícolas o de viviendas).

El calentamiento global también amenaza estas áreas naturales y provoca cambios tan rápidos en las variables climáticas, que muchas de la especies no logran adaptarse y desaparecen. Ante este panorama nada halagador, se requiere que los países se unan para redoblar los esfuerzos de conservación con prácticas de manejo sostenible para atender eficazmente estos remanentes naturales, que necesitamos para nuestra supervivencia.

101 años de Panamá América

 
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