Participación y Descentralización
Los candidatos y partidos se comprometieron a impulsarlo e incluso, firmaron un pacto; pero pese a ello hoy, a pleno Centenario, se vislumbra la vigencia extrema del centralismo y el poco avance de la participación ciudadana en relación a las políticas públicas y al desarrollo de la democracia en el marco de un modelo socioeconónomico excluyente que profundiza la brecha de las desigualdades. Hoy por hoy, los gobiernos locales expresan la ausencia de competencias, capacidades, representación y funciones, lo que se que explica por el centralismo existente. Se vive una sobrecarga de las demandas de la población hacia las instituciones estatales, lo que se correlaciona con el debilitamiento de la capacidad gubernamental de respuesta, lo cual genera un conjunto de desequilibrios.
La excesiva centralización del poder debilita la capacidad de desarrollo autónomo de provincias, comarcas, municipios y comunidades lo que repercute en la no satisfacción efectiva de las necesidades e intereses de la población que deben representar. Se vislumbra con claridad que los factores legales que refuerzan el centralismo y obstruyen la descentralización están unidos a un no cumplimiento de aspectos que sí son favorables al fortalecimiento local. No existe desarrollo consistente de competencias y los programas de fortalecimiento municipal son insuficientes. La presencia del tema de la descentralización en las agendas políticas ha sido baja y poco relevante.
Las carencias y demandas locales van en aumento, pues coinciden en la mayor parte de los casos con los sectores de pobreza. Los municipios no poseen capacidad de enfrentar la situación productos de su marginalidad. El Gobierno Central asume proyectos que le corresponden a los gobiernos locales y los que, a su vez, asumen proyectos que muchas veces no logran convocar ni lograr niveles de participación de sus comunidades.
A los grupos comunitarios los planes se les dan preelaborados, sin diagnósticos en los que ellos participen y ayuden a decidir sus prioridades. Hay una ausencia de diagnósticos reales y participativos y de planes consultados.
Lo más relevante ha sido la capacidad de varios actores significativos de articularse en instancias de coordinación e intentar una concertación con visión de Estado sobre el tema, lo que significa un hecho inédito en la historia del país, y aunque en la práctica el Pacto por la Descentralización y el Desarrollo Local (1999) no ha cumplido, sí se ha ido posicionando el tema en diversos sectores nacionales gracias a la acción de las asociaciones municipales y de Conadel.
La década del "80 fue crítica para Panamá, pues el país atravesó por crisis económica, dictaduras e invasiones. En cambio, la del "90 estuvo marcada por el signo de la transición democrática, la eliminación del ejército nacional, la salida de las bases militares, la asunción del Canal y las áreas revertidas a la soberanía nacional; los diálogos nacionales, como experiencia significativa de participación en Panamá en estos años, pero básicamente ubicada en el piso de los acuerdos nacionales. Mas es también evidente el bajo desarrollo de la dimensión participativa en el desarrollo local y nacional, ya que a pesar que el país ha recorrido 13 años de proceso democrático, los esfuerzos parecen centrarse en la democracia formal electoral y no se ha logrado institucionalizar propuestas de participación significativa. Ha faltado voluntad política, pues muchas fuerzas partidarias visualizan que la democracia se llena con el ejercicio electoral y ubican muchas veces la participación ciudadana como innecesaria, dado que se ha realizado la elección de la representación. En la esfera local, a pesar de la existencia de un potencial asociativo comunitario en una diversidad de expresiones territoriales y funcionales, son muy escasos y limitados las oportunidades participativas. Por otro lado, aunque se han realizado experiencias significativas de mancomunidades y articulaciones societarias, éstas deberían multiplicarse en la ubicación de la participación ciudadana como eje de la democracia y el desarrollo.
Llámese nueva Constitución o reformas constitucionales, el tema de la descentralización, el poder democrático local y la participación ciudadana son elementos infaltables que no se pueden dejar de lado. Esto debe apuntalar la acción de diversos actores comprometidos con el proceso descentralizador y con la participación ciudadana.
La excesiva centralización del poder debilita la capacidad de desarrollo autónomo de provincias, comarcas, municipios y comunidades lo que repercute en la no satisfacción efectiva de las necesidades e intereses de la población que deben representar. Se vislumbra con claridad que los factores legales que refuerzan el centralismo y obstruyen la descentralización están unidos a un no cumplimiento de aspectos que sí son favorables al fortalecimiento local. No existe desarrollo consistente de competencias y los programas de fortalecimiento municipal son insuficientes. La presencia del tema de la descentralización en las agendas políticas ha sido baja y poco relevante.
Las carencias y demandas locales van en aumento, pues coinciden en la mayor parte de los casos con los sectores de pobreza. Los municipios no poseen capacidad de enfrentar la situación productos de su marginalidad. El Gobierno Central asume proyectos que le corresponden a los gobiernos locales y los que, a su vez, asumen proyectos que muchas veces no logran convocar ni lograr niveles de participación de sus comunidades.
A los grupos comunitarios los planes se les dan preelaborados, sin diagnósticos en los que ellos participen y ayuden a decidir sus prioridades. Hay una ausencia de diagnósticos reales y participativos y de planes consultados.
Lo más relevante ha sido la capacidad de varios actores significativos de articularse en instancias de coordinación e intentar una concertación con visión de Estado sobre el tema, lo que significa un hecho inédito en la historia del país, y aunque en la práctica el Pacto por la Descentralización y el Desarrollo Local (1999) no ha cumplido, sí se ha ido posicionando el tema en diversos sectores nacionales gracias a la acción de las asociaciones municipales y de Conadel.
La década del "80 fue crítica para Panamá, pues el país atravesó por crisis económica, dictaduras e invasiones. En cambio, la del "90 estuvo marcada por el signo de la transición democrática, la eliminación del ejército nacional, la salida de las bases militares, la asunción del Canal y las áreas revertidas a la soberanía nacional; los diálogos nacionales, como experiencia significativa de participación en Panamá en estos años, pero básicamente ubicada en el piso de los acuerdos nacionales. Mas es también evidente el bajo desarrollo de la dimensión participativa en el desarrollo local y nacional, ya que a pesar que el país ha recorrido 13 años de proceso democrático, los esfuerzos parecen centrarse en la democracia formal electoral y no se ha logrado institucionalizar propuestas de participación significativa. Ha faltado voluntad política, pues muchas fuerzas partidarias visualizan que la democracia se llena con el ejercicio electoral y ubican muchas veces la participación ciudadana como innecesaria, dado que se ha realizado la elección de la representación. En la esfera local, a pesar de la existencia de un potencial asociativo comunitario en una diversidad de expresiones territoriales y funcionales, son muy escasos y limitados las oportunidades participativas. Por otro lado, aunque se han realizado experiencias significativas de mancomunidades y articulaciones societarias, éstas deberían multiplicarse en la ubicación de la participación ciudadana como eje de la democracia y el desarrollo.
Llámese nueva Constitución o reformas constitucionales, el tema de la descentralización, el poder democrático local y la participación ciudadana son elementos infaltables que no se pueden dejar de lado. Esto debe apuntalar la acción de diversos actores comprometidos con el proceso descentralizador y con la participación ciudadana.