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Partidas circuitales


El pecado de las llamadas Partidas circuitales consiste en algunos malos usos y manejos que le dan algunos legisladores a sus sumas asignadas, como si fueran dineros propios. En cambio, las Partidas circuitales, en su correcto uso, significan la solución y salvación de la gran mayoría de comunidades pobres del interior, a donde los ojos de los arquitectos del Presupuesto General del Estado no llegan.
Por ejemplo, un mal uso de las Partidas circuitales es cuando el legislador dona una suma para que un enfermo se haga una operación, o le regale una estufa a una escuela. Un buen uso es el acondicionamiento de una carretera o calle, o la construcción de un acueducto. Todas estas obras realizadas por la institución ejecutora correspondiente del Estado, y no por "empresas" brujas.
La decisión del Organo Ejecutivo de eliminar las Partidas circuitales a los legisladores en el próximo presupuesto General del Estado es una decisión poco feliz para las comunidades pobres del interior, que serán las más afectadas; y al mismo tiempo, un reto al Organo Legislativo, que a fin de cuentas aprueba o no esa importante ley fe funcionamiento del Estado. Y que si no la aprueba, el Organo Ejecutivo se vería en la necesidad de trabajar con el anterior presupuesto, aparte de significar una derrota política muy sensible.
La vigencia de las Partidas circuitales no es para que los legisladores las ejecuten, sino para que las determinen como conocedores de urgentes necesidades de sus circuitos. Si tienen mala fama es por el mal uso que algunos legisladores le dan, pero también porque los fiscalizadores de la Contraloría no hacen el trabajo.

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