default

Partidas discrecionales y patrimonialismo


La reciente publicación de los gastos de las partidas discrecionales presidenciales, revela una clara huella de la vigencia en Panamá de la cultura patrimonialista, a través de la cual se concibe y maneja la política como una extensión del espacio privado. La política es privatizada, pues no hay separación entre espacio público y privado.
Deja de ser un espacio público colectivo para transformarse en un escenario para la satisfacción de intereses privados. El poder es percibido como un medio para satisfacer intereses privados, ya que se piensa que éste se ganó con los votos y, por lo tanto, ahora de propiedad absoluta del que ocupe el poder político.
Esa cultura patrimonialista está presente en todos los niveles públicos, desde el que se lleva para su casa los materiales de oficina, hasta el que usa el combustible del gobierno para sus fines particulares.
El prebendalismo es parte de esa cultura. Es la expresión administrativa de la concepción patrimonial, y es dar cargos y puestos como beneficios personales de los favorecidos a cambio del apoyo.
Se ofrecen apoyos a líderes de grupo que, a su vez, hacen lo mismo con sus bases formando una cadena vertical de ocupación de puestos públicos. Esto es un mecanismo de adhesión al partido, en función de un puesto prometido. Los beneficiarios reclaman su pago, y dado que siempre hay más promesas que realidades, protestan y migran a otros partidos en función que son vistos como agencias de empleo.
El clientelismo también es parte del patrimonialismo. El elector vota por la representación, transfiriéndole su capacidad de decisión muchas veces sin condición alguna. Es dar todo por nada. Con el voto pareciera entonces el inicio, y paradójicamente el fin, de la relación entre elector y elegido.
En cierta forma, el elegido suplanta al elector en la capacidad de proyectar el poder transferido. Para lograr la suplantación, el elegido usa los mecanismos legítimos del sistema como también aquellos otros consagrados por la práctica política real, como por ejemplo el clientelismo donde el gamonal maneja la relación con los electores como una red de relaciones de complicidad y como mercado de favores, que se registran en la contabilidad clientelista y donde pesan también las redes de parentesco, compadrazgo, laborales y de clientela. A la población se le trata como masa de consumidores políticos donde las artes y técnicas de la publicidad hacen su agosto.
El clientelismo se sigue produciendo al finalizar el proceso electoral a través de beneficiar a la gente y comunidades en función de clientela política y no sobre la base de sus carencias y necesidades. Las formas tradicionales de hacer política del sistema trabajan cada vez la complicidad consciente o inconsciente de la gente, y sabe descubrir muchas veces los resortes pragmáticos que lo mueven a operar políticamente de una determinada manera. Esto también se advierte en organizaciones sociales y populares donde se presentan elementos de la práctica antes mencionada, a los cuales suman en la relación asimétrica entre dirigentes y bases. La existencia de métodos y estilos de conducción centrados en el personalismo, la poca participación, la manipulación discursiva.
¿Cuáles son algunas consecuencias de esta cultura patrimonialista? La democracia deja de representar un espacio pluralista e incluyente, y se convierte en un puro mecanismo de mercado en sentido más peyorativo. La gente desvaloriza la democracia ubicándola como un sistema sólo al servicio de los poderosos, a través de situar a los partidos como grupos de conveniencia y la política como el método inescrupuloso de acceder al poder.
Todo eso hace más difícil el camino hacia la necesaria institucionalización de las organizaciones políticas. Es importante afirmar que la corrupción sienta sus reales en el corazón de la cultura patrimonialista.
Frente a la cultura patrimonialista es importante transparentar y democratizar gobierno y partidos, en sus estructuras y funcionamiento. Promover a través de la educación y la concientización cambios en las pautas de comportamiento individual y colectivo, asumiendo la democracia como una determinada forma de pensar, sentir y hacer las cosas. E instalar la ética en la política en el marco de la democracia y devolver a la política la capacidad de orientar el movimiento de la sociedad a largo plazo. ¡Viva Panamá!
(raúlleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América