Partido de las FARC
Lo que ocurre en Colombia es demasiado importante como para pasarlo por alto. El conflicto en el vecino país preocupa mucho a organismos externos, cada vez que entran a analizar las perspectivas actuales de Panamá en cualquier ámbito. Eso incluye a las calificadoras de riesgo, cuyas apreciaciones encarecen nuestro crédito.
Por eso, cuando entre las penumbras del interminable conflicto asoma un rayo de esperanza, lo observamos con tanta atención como cualquier noticia negativa de una gran matanza o secuestro, o la actual pretensión de cobro de impuestos de guerra por los irregulares.
Hoy nos ocupamos de la iniciativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de fundar un partido político bajo el nombre de "Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia", que en sus inicios estará en la clandestinidad. En general, nos parece una señal positiva, que apunta a la participación política de la guerrilla en una eventual postguerra.
La iniciativa no es nueva. En Centroamérica, particularmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, cada uno de sus grupos guerrilleros constituyó en su momento, paralelamente, su respectivo brazo político, tan beligerante en el rejuego civil, como sus batallones en el campo de batalla.
En todos esos casos, las organizaciones políticas de la guerrilla precedieron y jugaron un papel relevante en las negociaciones y procesos de pacificación. En Irlanda del Norte igual, donde el IRA acaba de anunciar el depósito de sus armas, preludio del fin de la guerra.
Es interesante también la experiencia del salvadoreño FLMN, el legendario Frente Farabundo Martí, que hace algunas semanas ascendió al poder por los votos; lo que nunca pudo lograr por las armas tras décadas de lucha, mucha destrucción y miles de muertos. Empero, ya su similar Frente Sandinista de Nicaragua había logrado igual propósito años antes, aunque a la inversa, pues perdió luego en las urnas el poder que había conquistado primero por las armas y ratificado, después en las urnas.
La situación de Colombia es quizás más complicada y nos afecta directamente por la vecindad e involucración de territorio panameño en la guerra. Más tarde que temprano los contendientes y la sociedad entera del hermano país, entenderán que es mil veces mejor el camino de la transacción y el diálogo que la guerra. Y cuando ello ocurra, las FARC tendrán que luchar con los votos y no con los fusiles.
Antes, habrá que bregar duro con el proceso de paz. Las FARC están exigiendo cambios estructurales en el país. Y es posible que el momento haya llegado, siendo la Constituyente la única salida democrática, con un Ejecutivo sitiado, una economía quebrada, un legislativo corrupto y un país hastiado de tantos males.
Por eso, cuando entre las penumbras del interminable conflicto asoma un rayo de esperanza, lo observamos con tanta atención como cualquier noticia negativa de una gran matanza o secuestro, o la actual pretensión de cobro de impuestos de guerra por los irregulares.
Hoy nos ocupamos de la iniciativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de fundar un partido político bajo el nombre de "Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia", que en sus inicios estará en la clandestinidad. En general, nos parece una señal positiva, que apunta a la participación política de la guerrilla en una eventual postguerra.
La iniciativa no es nueva. En Centroamérica, particularmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, cada uno de sus grupos guerrilleros constituyó en su momento, paralelamente, su respectivo brazo político, tan beligerante en el rejuego civil, como sus batallones en el campo de batalla.
En todos esos casos, las organizaciones políticas de la guerrilla precedieron y jugaron un papel relevante en las negociaciones y procesos de pacificación. En Irlanda del Norte igual, donde el IRA acaba de anunciar el depósito de sus armas, preludio del fin de la guerra.
Es interesante también la experiencia del salvadoreño FLMN, el legendario Frente Farabundo Martí, que hace algunas semanas ascendió al poder por los votos; lo que nunca pudo lograr por las armas tras décadas de lucha, mucha destrucción y miles de muertos. Empero, ya su similar Frente Sandinista de Nicaragua había logrado igual propósito años antes, aunque a la inversa, pues perdió luego en las urnas el poder que había conquistado primero por las armas y ratificado, después en las urnas.
La situación de Colombia es quizás más complicada y nos afecta directamente por la vecindad e involucración de territorio panameño en la guerra. Más tarde que temprano los contendientes y la sociedad entera del hermano país, entenderán que es mil veces mejor el camino de la transacción y el diálogo que la guerra. Y cuando ello ocurra, las FARC tendrán que luchar con los votos y no con los fusiles.
Antes, habrá que bregar duro con el proceso de paz. Las FARC están exigiendo cambios estructurales en el país. Y es posible que el momento haya llegado, siendo la Constituyente la única salida democrática, con un Ejecutivo sitiado, una economía quebrada, un legislativo corrupto y un país hastiado de tantos males.