Partidos Políticos
A propósito del sugerente artículo de opinión que publicó la semana pasada el Dr. Adolfo Ahumada, sobre el fortalecimiento de los partidos políticos, permítaseme aportar lo siguiente:
1. Lo que realmente interesa es el fortalecimiento del sistema democrático, y dentro de él, de los partidos políticos como los naturales intermediarios entre el ciudadano y el Estado.
2. De lo que no se trata, precisamente, es de proteger y crear una camisa de fuerza alrededor de los partidos políticos, dizque para fortalecerlos, cuando la conducta de los miembros y dirigentes de ellos, conlleva al desprestigio de la institución, y en razón de la camisa de fuerza, el desprestigio del tipo de democracia que se vive.
3. Por eso, aunque parezca contradictorio -que no lo es en la realidad-, lo que verdaderamente fortalecería a los partidos políticos es abrir el compás de la participación política a las candidaturas individuales (debidamente reguladas) a todos los puestos de elección popular, con lo que la competencia forzaría a los partidos políticos a ofrecer un mejor servicio a la comunidad.
4. En cuanto a la gobernabilidad, es un hecho -sobre todo en Latinoamérica, en que el legislador está tan vinculado al partido político y menos a sus electores-, que la mayoría legislativa a favor del Presidente (a) de turno, permite mayor y mejor manejo de la cosa pública, que la constante obstrucción de una oposición que aún cree que se debe a los intereses partidistas y no a los de sus electores. Solidaridad probó en el gobierno de Doña Mireya Moscoso, que a cambio de ese apoyo legislativo, no se requiere pactar ningún espacio político en el Organo Ejecutivo.
5. Finalmente, el traspaso constante de prestantes figuras públicas de un partido a otro u otros, tampoco es un tema que se arregla con regulaciones. Lo que refleja este asunto es que para los panameños, y los latinoamericanos en general, en el actual momento del desarrollo de nuestras democracias, son más importantes las personas que los partidos políticos. Y ante el desprestigio de los partidos políticos, sólo es natural que ello sea así.
6. Es más -contrario al sistema de votación y de cómputo de votos a legisladores que establece nuestro sistema constitucional-, debemos impulsar cada vez más, que los panameños votemos por las buenas personas y no por los malos partidos.
El énfasis que en esta campaña del 2004 se hace a los candidatos, y la poca mención que se hace de los partidos políticos postulantes, es un esfuerzo en la dirección correcta.
Uno es que el terrorismo funciona. No fracasa. La violencia funciona generalmente. Es la historia del mundo. En segundo lugar, es un error analítico muy serio decir, como se hace comúnmente, que el terrorismo es el arma de los débiles. Como otros medios de violencia, constituye sobre todo un arma de los fuertes.
Esto nos hace retornar a la pregunta, ¿qué es el terrorismo? Hay algunas respuestas fáciles y una definición oficial. Se puede encontrar en el Código de Estados Unidos o en los manuales del ejército estadounidense: terror es el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para lograr objetivos políticos o religiosos a través de la intimidación, la coerción o la provocación de miedo.
Eso es terrorismo. Es una definición bastante justa y creo que es razonable aceptarla. El problema es que no puede ser aceptada, porque si lo es vienen todas las consecuencias erróneas ya mencionadas.
(romagrau19@hotmail.com)
1. Lo que realmente interesa es el fortalecimiento del sistema democrático, y dentro de él, de los partidos políticos como los naturales intermediarios entre el ciudadano y el Estado.
2. De lo que no se trata, precisamente, es de proteger y crear una camisa de fuerza alrededor de los partidos políticos, dizque para fortalecerlos, cuando la conducta de los miembros y dirigentes de ellos, conlleva al desprestigio de la institución, y en razón de la camisa de fuerza, el desprestigio del tipo de democracia que se vive.
3. Por eso, aunque parezca contradictorio -que no lo es en la realidad-, lo que verdaderamente fortalecería a los partidos políticos es abrir el compás de la participación política a las candidaturas individuales (debidamente reguladas) a todos los puestos de elección popular, con lo que la competencia forzaría a los partidos políticos a ofrecer un mejor servicio a la comunidad.
4. En cuanto a la gobernabilidad, es un hecho -sobre todo en Latinoamérica, en que el legislador está tan vinculado al partido político y menos a sus electores-, que la mayoría legislativa a favor del Presidente (a) de turno, permite mayor y mejor manejo de la cosa pública, que la constante obstrucción de una oposición que aún cree que se debe a los intereses partidistas y no a los de sus electores. Solidaridad probó en el gobierno de Doña Mireya Moscoso, que a cambio de ese apoyo legislativo, no se requiere pactar ningún espacio político en el Organo Ejecutivo.
5. Finalmente, el traspaso constante de prestantes figuras públicas de un partido a otro u otros, tampoco es un tema que se arregla con regulaciones. Lo que refleja este asunto es que para los panameños, y los latinoamericanos en general, en el actual momento del desarrollo de nuestras democracias, son más importantes las personas que los partidos políticos. Y ante el desprestigio de los partidos políticos, sólo es natural que ello sea así.
6. Es más -contrario al sistema de votación y de cómputo de votos a legisladores que establece nuestro sistema constitucional-, debemos impulsar cada vez más, que los panameños votemos por las buenas personas y no por los malos partidos.
El énfasis que en esta campaña del 2004 se hace a los candidatos, y la poca mención que se hace de los partidos políticos postulantes, es un esfuerzo en la dirección correcta.
Uno es que el terrorismo funciona. No fracasa. La violencia funciona generalmente. Es la historia del mundo. En segundo lugar, es un error analítico muy serio decir, como se hace comúnmente, que el terrorismo es el arma de los débiles. Como otros medios de violencia, constituye sobre todo un arma de los fuertes.
Esto nos hace retornar a la pregunta, ¿qué es el terrorismo? Hay algunas respuestas fáciles y una definición oficial. Se puede encontrar en el Código de Estados Unidos o en los manuales del ejército estadounidense: terror es el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para lograr objetivos políticos o religiosos a través de la intimidación, la coerción o la provocación de miedo.
Eso es terrorismo. Es una definición bastante justa y creo que es razonable aceptarla. El problema es que no puede ser aceptada, porque si lo es vienen todas las consecuencias erróneas ya mencionadas.
(romagrau19@hotmail.com)