Partidos políticos, democracia y sociedad
De los 12 partidos políticos legalmente constituidos en Panamá, 7 representan básicamente pensamiento liberal. Los 5 restantes son el Social Demócrata, el Demócrata Cristiano, el Demócrata Popular, el Nacionalista y el Populista. Pasadas las elecciones del 2 de mayo, sobrevivieron 4 de los 7 partidos de corte liberal y adicionalmente, el Social Demócrata P.R.D., el Social Cristiano P.D.C. y el populista Partido Arnulfista.
¿Supone esta correlación política la existencia de 4 marcadas o diferenciadas corrientes político-ideológicas en el escenario nacional? Desde luego que no. Porque mucho antes de la contienda electoral el P.R.D. como también el P.D.C., habían movido su epicentro ideológico, desde el centro izquierda al centro derecha, el primero, y desde el centro a la derecha, el segundo. Es más, es un hecho ampliamente reconocido que estos partidos políticos siguen los lineamientos económicos y políticos, exclusivamente de su respectivas cúpulas. Es decir, en Panamá, no existen partidos programáticos, sino empresas gamonalistas, en la mayoría de los casos, y en la mayor de las situaciones, grupos oligárquicos-cupularios, subordinados al proyecto neoliberal impuesto por los Estados Unidos, a través de los organismos financieros internacionales y su obsecuente mandadero local, la burguesía financiera.
En consecuencia, de modo alguno, se puede afirmar que la modernización, la actualización y muchos menos la democratización de los partidos políticos es un problema que se resuelve con el simple cambio de nomenclatura o con la fusión de los recientemente defenestrados cascarones, denominados partidos políticos, como pretenden hacer ver algunos de los dirigentes de estas colectividades políticas. Al contrario, la modernización de la actividad política partidista, pasa por el tamiz de la democratización. La cual consiste entre otras cosas, en ofrecer representación político al espectro de la sociedad no vinculada a los colectivos políticos establecidos. En otras palabras, si los actuales partidos tan sólo representan los intereses económicos y políticos de la derecha (fracciones de la burguesía y de la oligarquía) se deben constituir fuerzas políticas que expresen de manera genuina los derechos de las capas medias, de los trabajadores, de los productores medios y pequeños y demás segmentos marginales o populares de la sociedad.
Afectadas como están estas últimas, como resultado de la aplicación del neoliberalismo criollo, les corresponde a ellos mismos organizarse políticamente para proteger y defender sus intereses. Para ello es necesario, identificar y también desechar las bases programáticas del neoliberalismo, esto es, el capitalismo salvaje en el orden económico, y el individualismo excluyente, su componente ideológico.
Dado el hecho que la democracia en el próximo siglo debe transitar por la participación política partidista del conjunto de los estamentos sociales, es deber de las capas sociales, excluidas del debate político, iniciar sin mayor dilación la organización del pueblo a objeto de convertirse en verdaderas opciones de poder.
¿Supone esta correlación política la existencia de 4 marcadas o diferenciadas corrientes político-ideológicas en el escenario nacional? Desde luego que no. Porque mucho antes de la contienda electoral el P.R.D. como también el P.D.C., habían movido su epicentro ideológico, desde el centro izquierda al centro derecha, el primero, y desde el centro a la derecha, el segundo. Es más, es un hecho ampliamente reconocido que estos partidos políticos siguen los lineamientos económicos y políticos, exclusivamente de su respectivas cúpulas. Es decir, en Panamá, no existen partidos programáticos, sino empresas gamonalistas, en la mayoría de los casos, y en la mayor de las situaciones, grupos oligárquicos-cupularios, subordinados al proyecto neoliberal impuesto por los Estados Unidos, a través de los organismos financieros internacionales y su obsecuente mandadero local, la burguesía financiera.
En consecuencia, de modo alguno, se puede afirmar que la modernización, la actualización y muchos menos la democratización de los partidos políticos es un problema que se resuelve con el simple cambio de nomenclatura o con la fusión de los recientemente defenestrados cascarones, denominados partidos políticos, como pretenden hacer ver algunos de los dirigentes de estas colectividades políticas. Al contrario, la modernización de la actividad política partidista, pasa por el tamiz de la democratización. La cual consiste entre otras cosas, en ofrecer representación político al espectro de la sociedad no vinculada a los colectivos políticos establecidos. En otras palabras, si los actuales partidos tan sólo representan los intereses económicos y políticos de la derecha (fracciones de la burguesía y de la oligarquía) se deben constituir fuerzas políticas que expresen de manera genuina los derechos de las capas medias, de los trabajadores, de los productores medios y pequeños y demás segmentos marginales o populares de la sociedad.
Afectadas como están estas últimas, como resultado de la aplicación del neoliberalismo criollo, les corresponde a ellos mismos organizarse políticamente para proteger y defender sus intereses. Para ello es necesario, identificar y también desechar las bases programáticas del neoliberalismo, esto es, el capitalismo salvaje en el orden económico, y el individualismo excluyente, su componente ideológico.
Dado el hecho que la democracia en el próximo siglo debe transitar por la participación política partidista del conjunto de los estamentos sociales, es deber de las capas sociales, excluidas del debate político, iniciar sin mayor dilación la organización del pueblo a objeto de convertirse en verdaderas opciones de poder.