Pasos peatonales... ¿un problema con o sin soluciones?
Para un peatón moverse diariamente en la ciudad de Panamá es una completa odisea; una especie de aventura que se divide entre el tiempo disponible para cumplir sus diligencias y el tiempo necesario para proteger su vida de los endemoniados del volante. Con esta expresión no quiero que se sientan atacados los trabajadores del sector público del transporte de pasajeros; sino todas aquellas personas que diariamente circulan sus vehículos por nuestras avenidas, sin importarles la vida de los demás conductores, ni la de los peatones.
Las muertes por accidente de tránsito, en su mayoría, corresponden a las víctimas de los atropellos; y esta cifra con el pasar de los años cada vez se acrecienta más y más, ante la mirada inicua de las autoridades que tienen la responsabilidad de velar por el respeto a las leyes del tránsito y por la protección de la vida de quienes día tras día tenemos que arriesgarnos cruzando amplias carreteras, para poder llegar a nuestros trabajos o a nuestros centros de estudios.
Lo irónico del caso es que la Dirección Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre en conjunto con el Ministerio de Obras Públicas (MOP), se han tomado la tarea de rellenar las principales carreteras y avenidas del país con llamativos letreros que, aunque aconsejan tanto a conductores como a peatones acerca de cómo cumplir con las disposiciones del tránsito, además de brindar recomendaciones para evitar accidentes y proteger la vida; no son más que un desperdicio de dinero. No porque se trate de una mala idea, más bien porque nada de esto valdrá la pena mientras por nuestras calles siga circulando la muerte tras el volante. Aquel rostro sinvergüenza que se refleja en las expresiones de los conductores, tanto de autos particulares como de autobuses, taxis, vehículos comerciales y demás; que tienen una y más muertes en sus expedientes y viven reídos mientras las familias de los infortunados sufren y luchan por una justicia inalcanzable. La misma expresión cínica de aquellos que irrespetan los altos, los giros prohibidos, los límites de velocidad, las supuestas líneas de seguridad para los peatones; y hasta a los mismos guardias del tránsito.
Pero ¿qué se puede hacer para solucionar un problema tan grande y complejo?. Responder esta interrogante nos llevaría todo un documento; lo cierto es que se podría empezar por dar verdaderas soluciones, en esencial, al problema de los atropellos. Ya que éstos son la principal causa de muertes por accidente de tránsito, le debería competer al MOP y a la Dirección Nacional de Tránsito darle un poco más de amplitud a su famoso consejo "dale por arriba, dale por tu vida", construyendo pasos elevados peatonales que se sumen a la cantidad ínfima que de ellos existe en la metrópolis capitalina. Para muestra, un botón: la Avenida Balboa, con sus seis carriles, convertida en la autopista costera de la ciudad de Panamá, no cuenta con un sólo paso elevado peatonal que garantice la seguridad de los románticos turistas nacionales y extranjeros que diariamente la cruzan para apreciar desde el malecón del famoso bulevar, a nuestra contaminada, pero aún esplendorosa bahía. Y qué decir de la Avenida Nicanor A. De Obarrio, mejor conocida como Calle 50; sus cuatro carriles unidireccionales atraviesan una de las zonas más activas de la capital panameña y no cuenta siquiera con un paso peatonal, sin contar con que las pocas y casi invisibles líneas de seguridad que día a día sufren el irrespeto por parte de los miles de conductores que por ahí transitan sus vehículos.
Y así podemos enumerar muchas más vías que constituyen el eterno peligro de miles de peatones que se movilizan en sus vehículos "dodge patas": las Avenidas Justo Arosemena, Perú, Cuba, Belisario Porras, José Agustín Arango, Nacional y De Los Mártires. La Vía Domingo Díaz (o la Vía Tocumen), repleta de nuevas barriadas y de grandes, modernos y costosos centros comerciales; pero carente de pasos elevados que faciliten el acceso a éstos. A estas carreteras podemos agregar la comercialísima Vía España; sus pasos elevados se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran; la Vía Fernández de Córdoba, cruzarla representa que nuestra vida penda de un hilo. Y qué decir de la Vía Brasil, por donde los terribles "diablos rojos" suben de Calle 50 como almas enfurecidas.
Con esta enumeración pongámonos a pensar cuántas avenidas y calles de la ciudad capital requieren de la instalación de vías de cruce para los peatones, que sean más que simples, irrespetadas y borrosas líneas de seguridad; ¿no creen?... Sumemos entonces la Avenida Ricardo J. Alfaro o Tumba Muerto, otra de las vías comerciales de la metrópolis; sus pasos peatonales son escasos, ya que muchos de sus centros comerciales no cuentan con uno. Podemos ver que desde el paso elevado de la entrada a La Locería, no se encuentra otro hasta el de la entrada al Instituto América; gran distancia ¿no?... Opinemos entonces sobre la Avenida Simón Bolívar o Transístmica, también presenta una cantidad reducida de pasos peatonales. Para atravesarla hay que jugarse la vida misma.
Al tocar todos estos puntos nos preguntamos ¿qué se puede hacer para poder contribuir a la solución de este importante problema? Creo que a nosotros, los peatones, además de denunciar la situación, nos corresponde presentar propuestas para poder exigir soluciones. Así pues, los residentes de barriadas que requieren este tipo de estructuras para proteger sus vidas, debemos organizarnos para poder ser escuchados y atendidos, porque sabemos que de sentarnos a esperar, no conseguiremos nada. Así mismo, a los responsables de autorizar la construcción de nuevas barriadas y centros comerciales, sabemos que actualmente no es responsabilidad de los inversionistas la construcción de estos pasos, pero ya que al parecer el Estado nunca cuenta con recursos para construirlos, establezcan alguna cláusula legal que obligue a los diseñadores de estos proyectos habitacionales o comerciales, a que en el futuro incluyan en los mismos la construcción de pasos de seguridad peatonales, o la presencia constante de un guardia privado de tránsito que garantice el paso seguro de los peatones... ¿No creen que sería una solución viable?... ºEs nada más y nada menos que mi opinión!.
Las muertes por accidente de tránsito, en su mayoría, corresponden a las víctimas de los atropellos; y esta cifra con el pasar de los años cada vez se acrecienta más y más, ante la mirada inicua de las autoridades que tienen la responsabilidad de velar por el respeto a las leyes del tránsito y por la protección de la vida de quienes día tras día tenemos que arriesgarnos cruzando amplias carreteras, para poder llegar a nuestros trabajos o a nuestros centros de estudios.
Lo irónico del caso es que la Dirección Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre en conjunto con el Ministerio de Obras Públicas (MOP), se han tomado la tarea de rellenar las principales carreteras y avenidas del país con llamativos letreros que, aunque aconsejan tanto a conductores como a peatones acerca de cómo cumplir con las disposiciones del tránsito, además de brindar recomendaciones para evitar accidentes y proteger la vida; no son más que un desperdicio de dinero. No porque se trate de una mala idea, más bien porque nada de esto valdrá la pena mientras por nuestras calles siga circulando la muerte tras el volante. Aquel rostro sinvergüenza que se refleja en las expresiones de los conductores, tanto de autos particulares como de autobuses, taxis, vehículos comerciales y demás; que tienen una y más muertes en sus expedientes y viven reídos mientras las familias de los infortunados sufren y luchan por una justicia inalcanzable. La misma expresión cínica de aquellos que irrespetan los altos, los giros prohibidos, los límites de velocidad, las supuestas líneas de seguridad para los peatones; y hasta a los mismos guardias del tránsito.
Pero ¿qué se puede hacer para solucionar un problema tan grande y complejo?. Responder esta interrogante nos llevaría todo un documento; lo cierto es que se podría empezar por dar verdaderas soluciones, en esencial, al problema de los atropellos. Ya que éstos son la principal causa de muertes por accidente de tránsito, le debería competer al MOP y a la Dirección Nacional de Tránsito darle un poco más de amplitud a su famoso consejo "dale por arriba, dale por tu vida", construyendo pasos elevados peatonales que se sumen a la cantidad ínfima que de ellos existe en la metrópolis capitalina. Para muestra, un botón: la Avenida Balboa, con sus seis carriles, convertida en la autopista costera de la ciudad de Panamá, no cuenta con un sólo paso elevado peatonal que garantice la seguridad de los románticos turistas nacionales y extranjeros que diariamente la cruzan para apreciar desde el malecón del famoso bulevar, a nuestra contaminada, pero aún esplendorosa bahía. Y qué decir de la Avenida Nicanor A. De Obarrio, mejor conocida como Calle 50; sus cuatro carriles unidireccionales atraviesan una de las zonas más activas de la capital panameña y no cuenta siquiera con un paso peatonal, sin contar con que las pocas y casi invisibles líneas de seguridad que día a día sufren el irrespeto por parte de los miles de conductores que por ahí transitan sus vehículos.
Y así podemos enumerar muchas más vías que constituyen el eterno peligro de miles de peatones que se movilizan en sus vehículos "dodge patas": las Avenidas Justo Arosemena, Perú, Cuba, Belisario Porras, José Agustín Arango, Nacional y De Los Mártires. La Vía Domingo Díaz (o la Vía Tocumen), repleta de nuevas barriadas y de grandes, modernos y costosos centros comerciales; pero carente de pasos elevados que faciliten el acceso a éstos. A estas carreteras podemos agregar la comercialísima Vía España; sus pasos elevados se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran; la Vía Fernández de Córdoba, cruzarla representa que nuestra vida penda de un hilo. Y qué decir de la Vía Brasil, por donde los terribles "diablos rojos" suben de Calle 50 como almas enfurecidas.
Con esta enumeración pongámonos a pensar cuántas avenidas y calles de la ciudad capital requieren de la instalación de vías de cruce para los peatones, que sean más que simples, irrespetadas y borrosas líneas de seguridad; ¿no creen?... Sumemos entonces la Avenida Ricardo J. Alfaro o Tumba Muerto, otra de las vías comerciales de la metrópolis; sus pasos peatonales son escasos, ya que muchos de sus centros comerciales no cuentan con uno. Podemos ver que desde el paso elevado de la entrada a La Locería, no se encuentra otro hasta el de la entrada al Instituto América; gran distancia ¿no?... Opinemos entonces sobre la Avenida Simón Bolívar o Transístmica, también presenta una cantidad reducida de pasos peatonales. Para atravesarla hay que jugarse la vida misma.
Al tocar todos estos puntos nos preguntamos ¿qué se puede hacer para poder contribuir a la solución de este importante problema? Creo que a nosotros, los peatones, además de denunciar la situación, nos corresponde presentar propuestas para poder exigir soluciones. Así pues, los residentes de barriadas que requieren este tipo de estructuras para proteger sus vidas, debemos organizarnos para poder ser escuchados y atendidos, porque sabemos que de sentarnos a esperar, no conseguiremos nada. Así mismo, a los responsables de autorizar la construcción de nuevas barriadas y centros comerciales, sabemos que actualmente no es responsabilidad de los inversionistas la construcción de estos pasos, pero ya que al parecer el Estado nunca cuenta con recursos para construirlos, establezcan alguna cláusula legal que obligue a los diseñadores de estos proyectos habitacionales o comerciales, a que en el futuro incluyan en los mismos la construcción de pasos de seguridad peatonales, o la presencia constante de un guardia privado de tránsito que garantice el paso seguro de los peatones... ¿No creen que sería una solución viable?... ºEs nada más y nada menos que mi opinión!.