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Paternalismo y algo más


Muchas cosas han sucedido desde un 11 de octubre de 1968, cuando un grupo de militares dio el golpe de Estado. Sabemos que hubo gran oposición a esta acción y mucha más gente la rechazaba que aceptarla; para ir ganando adeptos poco a poco, cada día cedían derechos que eran del gobierno para ser pasados a los gobernados y encontrar apoyo en esa gente. Ese gobierno, fuerte para algunos, se fue debilitando con el cese de canonjías.
Nos enseñaron corrupción, que aún nos dura por imitación y comodidad. Nos enseñaron a vivir del gobierno y a que todo se nos regale...y continuamos igual. Antes del golpe, cuando un viento huracanado volaba el zinc del techo de una casa, su dueño buscaba la forma de arreglarlo, limpiar su casa y continuar su vida en la mejor forma posible. Luego del golpe, para ganar adeptos a la dictadura, decidieron dar ese servicio a los ciudadanos hasta conseguir que la gente se acostumbrara a que todo se lo hicieran las autoridades. Y el gobierno les arregló el zinc, les limpió la casa, les regaló un juego de muebles nuevo porque el agua que entró por el techo roto, los dañó.
222 Nos enseñaron corrupción, que aún nos dura por imitación y comodidad. Nos enseñaron a vivir del gobierno y a que todo se nos regale... y continuamos igual.
Así comenzó el paternalismo gubernamental en el que, cada vez que alguien deseaba algo, lo solicitaba y le era concedido. Esa costumbre fue profundizando en la mente de los panameños, a tal extremo que la gente lo utiliza, no sólo con el gobierno sino que fue ampliando su campo de pedigüeños a todo el que ven. Es desesperante palpar que cuando alguien se te acerca, ya aprietas el bolsillo porque seguro que, después de preguntarte si lo recuerdas, que estuvo o está en el partido, que te ayudó en cualquier cosa, ¡zas!... te pide una ayuda. Pienso en nuestros protectores de la "revolución del "68", que Dios los tenga en la gloria, ya sea en el cielo o en la tierra aquellos que aún viven, para felicitarlos por habernos corrompido en nuestra manera de actuar.
Lo peor es que un buen estadista es aquel que enseña a sus gobernados a saber vivir, a lograr por sí solo su subsistencia; les enseña que la dignidad es importante en la existencia humana para lograr vivir con valores, con honestidad, con independencia, libertad y, por lo tanto, vivir en paz. Desde luego que los programas económicos ofrecen la posibilidad de crear un factor que ayuda a desarrollar la individualidad de los ciudadanos. Pero, cuando un estadista también presta lo dicho más arriba y da paz a la mayoría de sus conciudadanos, ha alcanzado la base de su tranquilidad en la satisfacción de gobernar para una mayoría que se beneficia de los alcances de un buen gobernante. Esto es lo que los panameños necesitamos para salir del marasmo en que nos encontramos por seguir la política del buen vecino que viene unilateralmente de una sola dirección.
No puede hablar de valores quien pide permanentemente para aumentar las pertenencias de su bolsillo. No puede hablar de valores quien sólo piensa en lo que recibirá de quienes ellos creen que tienen más, ni puede hacerlo quien es incapaz de dar un servicio porque se siente obligado a hacerlo con la satisfacción del deber cumplido sin pedir nada a cambio. Ahora creemos que nuestro trabajo deber ser siempre remunerado y se nos tiene que pagar por todo, ya que somos incapaces de ofrecer nuestros servicios gratuitamente a la causa, al partido, a la agrupación a la que pertenecemos. ¿Qué pensarían de mí los miembros del Club Rotario de Panamá si yo cobrara por cada colaboración que ofrezco a través de comisiones conjuntas o privadas? Dar para sentir la satisfacción de que otros reciban lo que buenamente puedas ofrecer, no lo que te sobra. Dar para sentirte verdadero ser humano y no un dependiente azafránico de la benevolencia ajena; lo peor es que son incapaces de agradecer lo que has hecho por ellos. Son, además, malagradecidos porque creen que todo lo merecen. Ojalá Dios quiera volvernos atrás o adelantarnos para ser mejores.

101 años de Panamá América

 
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