Paz, verdad y Dios
Me parece que hay tres cosas que causan problemas a nuestra generación. Ustedes pueden ponerlas en un orden distinto al mío. Posiblemente no le pongan la misma etiqueta en la forma como lo hago, pero creo que ustedes las reconocerán por lo que son, las llamo paz, verdad y Dios. Paz, porque muchas cosas se dicen sobre ella. Un montón de cosas se hacen en su nombre, pero es y será una visión elusiva a través de nuestra vida, y, por lo tanto, una perspectiva sobre la paz debe ser importante para nosotros.
La verdad, porque nadie parece estar diciéndola. Hay una pérdida de confianza en la credibilidad de nuestro gobierno, en la integridad de los funcionarios electos, en nuestros líderes, la cual está teniendo un efecto en nuestra sociedad; y continuará así por el resto de nuestras vidas. De manera que una perspectiva sobre la verdad debe ser importante para nosotros.
Dios porque, a pesar de que los liberales han tratado por varios años de enterrar a Dios, los valores básicos de nuestra sociedad son aún los de nuestra herencia cristiana. Nosotros viviremos el problema de la declinación de estos valores a través de nuestras vidas, y así una perspectiva sobre Dios debe ser importante para nosotros.
Veamos:
La paz es una ilusión. Su ausencia en el mundo es y seguirá siendo un hecho de la vida. Conflicto de alguna clase es un estado natural de la persona -no tanto de guerra, como de competencia, competitividad- en economía, en asuntos internacionales; en la búsqueda, por los gobiernos, de metas para los gobernados. El conflicto refleja la imperfección de la persona en su mundo, y la perfección de Dios en el Universo. Y la paz verdadera no llegará durante nuestro tiempo. La única paz que podemos esperar, y la verdadera paz de algún valor para nosotros, es la que nos llega de comprender las imperfecciones de la humanidad y haber logrado encontrar la forma de manejarse con esta imperfección. Es una paz que nos proporciona, cuando más, tranquilidad como se puede esperar de estar con nuestros semejantes y las imperfecciones del mundo donde vivimos.
Finalmente, el precio de la paz mental es la voluntad de sacrificar algo por ella, porque aún es cierto que nada que tenga valor lo podemos conseguir por nada.
222 La única paz que podemos esperar...es la paz que nos llega de comprender las imperfecciones de la humanidad y haber logrado encontrar la forma de manejarse con esta imperfección.
La verdad es un producto frágil. El verdadero estado de las cosas es frecuentemente desagradable. Por eso es que no decimos la verdad con más frecuencia. Es más conveniente no hacerlo. En lugar de eso, lo que hacemos es racionalizar nuestras propias imperfecciones y las de este mundo que nos rodea. Y si trabajamos duro en esas imperfecciones, pronto las creeremos nosotros mismos.
Como la paz, la verdad es perfección; las distorsiones de nuestro mundo son una medida de la imperfección del mismo, y de la perfección de Dios. Ya que no hay verdades absolutas, sólo versiones dentro de los prejuicios de esos que observan y reportan. En el futuro, la verdad será más difícil de aprender que nunca antes.
La prensa liberal ha adoptado la doctrina adversaria. No está interesada en la verdad. Ser objetivo es importante, ser escéptico es necesario, buscar después todos los hechos puede volverse esencial para poder hacer juicios razonables de lo que está a nuestro alrededor y lo que debemos hacer al respecto. El precio de la verdad es la voluntad de hacernos preguntas difíciles, sabiendo en todo momento que la verdad realmente llega en respuesta a preguntas que son igualmente difíciles.
Hace varios años los liberales enterraron a Dios. No era importante para ellos. Ellos encontraron su Dios en una liturgia que niega cualquier cosa-paz, verdad, Dios, aun cuando la vida es merecedora de reverencia. Y porque la ética cristiana es la verdadera base de nuestra cultura, la civilización occidental ha sido golpeada con el cáncer de una moralidad decreciente. Siempre ha sido así.
En el tiempo de Cristo, la gente tenía un problema no distinto al nuestro. Ellos encontraron paz y la destruyeron con guerra; encontraron la verdad y la negaron con mentiras; encontraron a Dios y lo colgaron en una cruz. La negación de Dios continuará durante nuestro tiempo; se nos pedirá que decidamos sobre él, quién es él y qué somos nosotros con relación a él.
La verdad, porque nadie parece estar diciéndola. Hay una pérdida de confianza en la credibilidad de nuestro gobierno, en la integridad de los funcionarios electos, en nuestros líderes, la cual está teniendo un efecto en nuestra sociedad; y continuará así por el resto de nuestras vidas. De manera que una perspectiva sobre la verdad debe ser importante para nosotros.
Dios porque, a pesar de que los liberales han tratado por varios años de enterrar a Dios, los valores básicos de nuestra sociedad son aún los de nuestra herencia cristiana. Nosotros viviremos el problema de la declinación de estos valores a través de nuestras vidas, y así una perspectiva sobre Dios debe ser importante para nosotros.
Veamos:
La paz es una ilusión. Su ausencia en el mundo es y seguirá siendo un hecho de la vida. Conflicto de alguna clase es un estado natural de la persona -no tanto de guerra, como de competencia, competitividad- en economía, en asuntos internacionales; en la búsqueda, por los gobiernos, de metas para los gobernados. El conflicto refleja la imperfección de la persona en su mundo, y la perfección de Dios en el Universo. Y la paz verdadera no llegará durante nuestro tiempo. La única paz que podemos esperar, y la verdadera paz de algún valor para nosotros, es la que nos llega de comprender las imperfecciones de la humanidad y haber logrado encontrar la forma de manejarse con esta imperfección. Es una paz que nos proporciona, cuando más, tranquilidad como se puede esperar de estar con nuestros semejantes y las imperfecciones del mundo donde vivimos.
Finalmente, el precio de la paz mental es la voluntad de sacrificar algo por ella, porque aún es cierto que nada que tenga valor lo podemos conseguir por nada.
222 La única paz que podemos esperar...es la paz que nos llega de comprender las imperfecciones de la humanidad y haber logrado encontrar la forma de manejarse con esta imperfección.
La verdad es un producto frágil. El verdadero estado de las cosas es frecuentemente desagradable. Por eso es que no decimos la verdad con más frecuencia. Es más conveniente no hacerlo. En lugar de eso, lo que hacemos es racionalizar nuestras propias imperfecciones y las de este mundo que nos rodea. Y si trabajamos duro en esas imperfecciones, pronto las creeremos nosotros mismos.
Como la paz, la verdad es perfección; las distorsiones de nuestro mundo son una medida de la imperfección del mismo, y de la perfección de Dios. Ya que no hay verdades absolutas, sólo versiones dentro de los prejuicios de esos que observan y reportan. En el futuro, la verdad será más difícil de aprender que nunca antes.
La prensa liberal ha adoptado la doctrina adversaria. No está interesada en la verdad. Ser objetivo es importante, ser escéptico es necesario, buscar después todos los hechos puede volverse esencial para poder hacer juicios razonables de lo que está a nuestro alrededor y lo que debemos hacer al respecto. El precio de la verdad es la voluntad de hacernos preguntas difíciles, sabiendo en todo momento que la verdad realmente llega en respuesta a preguntas que son igualmente difíciles.
Hace varios años los liberales enterraron a Dios. No era importante para ellos. Ellos encontraron su Dios en una liturgia que niega cualquier cosa-paz, verdad, Dios, aun cuando la vida es merecedora de reverencia. Y porque la ética cristiana es la verdadera base de nuestra cultura, la civilización occidental ha sido golpeada con el cáncer de una moralidad decreciente. Siempre ha sido así.
En el tiempo de Cristo, la gente tenía un problema no distinto al nuestro. Ellos encontraron paz y la destruyeron con guerra; encontraron la verdad y la negaron con mentiras; encontraron a Dios y lo colgaron en una cruz. La negación de Dios continuará durante nuestro tiempo; se nos pedirá que decidamos sobre él, quién es él y qué somos nosotros con relación a él.