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Pedro de San José y Juan Diego


Exitosamente culminó el esfuerzo triunfal con la JMJ el Sumo Pontífice. Gracias a Dios decimos, y por supuesto esperamos los comentarios sobre las interioridades de ese encuentro que traerán nuestras delegaciones. De Toronto a Guatemala y de Guatemala a México.
Dos canonizaciones. ¡Cómo nos ha tocado vivir y ver los cambios en nuestra Iglesia! En otros tiempos las canonizaciones eran la excepción, hoy abundan. Como me decía jocosamente un colega sacerdote: "No pierdo la esperanza de que me canonicen".
El beato Hermano Pedro de San José de Betancurt fue elevado a los honores de los altares en la suprema categoría de Santo, como un Patrono más y el primero en esta nuestra geográfica Centro América. Oriundo de España, cuyo único equipaje era su fe y su confianza en Dios que surcó el Atlántico para atender a los pobres indígenas de América, primero en Cuba, después en Honduras y finalmente en Guatemala, su tierra prometida. Se le atribuye la fundación de los Hermanos de la Orden de Belén y a las Hermanas Betlehemitas, fruto de la inspiración de la Madre Encarnación Rosal, primera beata guatemalteca y reformadora del Beaterio donde fraguó la fundación para recuperar los valores fundamentales de los seguidores del Hermano Pedro.
El Hermano Pedro fue hombre de profunda oración ya en su tierra natal Tenerife, y después en todas las etapas de su vida, hasta llegar aquí donde especialmente en la ermita del Calvario buscaba asiduamente la voluntad de Dios en cada momento. Forjó su espiritualidad en la contemplación de los misterios de Belén y de la Cruz. De estas reflexiones sacó el impulso para distinguirse por practicar la misericordia con espíritu humilde y vida austera. Así equipado se dedicó a los enfermos del pequeño Hospital de Nuestra Señora de Belén, cuna de la Orden Betlehemita.
El Hermano Pedro es una herencia que no se ha de perder y que se ha de transmitir para un perenne deber de gratitud y un renovado propósito de imitación "según la Novo millenio Ineunte". El Hermano San Pedro de San José de Betancur desde ahora debe ser para todos un personaje del cual debemos conocer más para hacerlo conocer.
A San Juan Diego de Guadalupe se le pondrá como modelo de inculturación. Según la tradición, sólidamente fundamentada entre el 9 y 12 de diciembre de 1531, la Virgen pidió a Juan Diego que transmitiera al Obispo Fray Juan de Zumárraga su deseo de que se construyera una Iglesia en su honor. Al pedirle un signo que probara la voluntad de la Virgen, Juan Diego llevó al prelado franciscano, rosas en pleno invierno. El indio las había recogido y envuelto en su tilma o manta de algodón a la usanza india, para entregarla al Obispo. Al abrirla, apareció la imagen de nuestra Señora impresa en la tilma.
Estos acontecimientos desempeñaron un papel decisivo en la conversión de la población india que en un primer momento encontraba grandes problemas para abrazar el Evangelio. 454 años después de su muerte lo canonizan, en parte por la legislación canónica, establecida en tiempos de Urbano VIII en 1635, que desanimaba la introducción de procesos de canonización en general. Las pocas causas se referían a fundadores o grandes figuras apoyadas por las monarquías u otras autoridades religiosas. Otra razón para explicar tanta tardanza en reconocer los méritos extraordinarios de Juan Diego, la encontramos en la corona española que no era favorable a introducir causas de canonización y por último el hecho que Juan Diego era un indio. A nadie se le ocurría canonizar a un indio. Hoy se le hace justicia.
El mensaje de Juan Diego y Nuestra Señora de Guadalupe para nuestros días es que se presenta como "la Madre de aquel a través del cual se vive" que es una expresión empleada las antiguas tradiciones indígenas para definir al Dios creador, omnipotente... La maternidad de María por lo tanto, quiere abrazar y acoger entre sus brazos a toda la humanidad bajo el signo de presencia de Cristo encarnado en su seno para hacer descubrir a los hombres el propio rostro, la propia dignidad de hijos entre ellos".

101 años de Panamá América

 
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