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Pedro Fabro, beato jesuita


NO ES extraño en nuestro diario leer mediático, encontrarnos con nombres desconocidos para nosotros ora de artistas extranjeros, cantantes nuevos, trompetistas, baladistas, incluso pesonajes del reggae, que no nos dicen nada, y a veces cometemos el error de creer que es un futbolista o un tercera base dominicano nuevo en las grandes ligas o algún aspirante político en algún país o un pensador ateo o un nuevo rico. Así es. Hoy, como jesuita, me atrevo a presentar a Pedro Fabro, un desconocido para muchos, pero queremos darlo a conocer ya que se trata de un beato, en el mejor sentido de la palabra, un personaje muy especial y, sobre todo, compañero de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
Le solemos llamar aniversarios ignacianos en los cuales no tenemos dificultad en identificar a Ignacio de Loyola y Francisco Javier, que ambos nacidos en la península Ibérica, "per se" tienen su relativa fama. Ignacio porque fuera de fundador de la Orden de los Jesuitas, es también autor del libro de los Ejercicios Espirituales. Xavier porque resultó ser un gran misionero en el Lejano Oriente. Y ¿quién es el tercer honrado en estos aniversarios ignacianos? ¿Cómo se llamaba? Era oriundo de Saboya, un área montañosa de los Alpes colindando entre Italia y Francia, dado que se movió en ambientes donde se cultivaba el latín, su nombre latinizado era Petrus Faber, y en castellano el equivalente a Pedro Fabro. Procedía de un ambiente de agricultores y pastores, por tanto su nombre Faber, en latín significa "artesano, artista o carpintero". A Nuestro Señor en latín le llamaban "Filius Fabri", Hijo del carpintero. Fabro, en los ojos de Ignacio, era considerado como un verdadero artista en el estilo de impartir los Ejercicios Espirituales.
Su apariencia era atractiva, amigable, de un hablar moderado, de mediana estatura, incluso accesible y fácil para entablar una conversación. Disponible siempre para cualquier empresa o iniciativa. Ignacio, Javier, y Fabro fueron compañeros de la Universidad de París, era 15 años más joven que Ignacio y en un momento de sus estudios, fue tutor de Ignacio en las materias que tenían que ver con el latín y la filosofía, para terminar siendo ayudado por Ignacio como su director espiritual. ¿Cómo podemos informarnos acerca de este personaje? A través de sus escritos. Concretamente su Memorial o diario escrito de 1542 a 1546. En su primer año, escribió profusamente, analizando las personas y los eventos que impactaban su propia vida, todo hecho en términos de acción de gracias a Dios por los caminos que Dios le presentaba. En otras partes de su diario, de 43 al 46, cuando murió, Fabro reflexiona sobre los movimientos espirituales en su propia vida que le indican las direcciones de Dios en cuanto a lo que Pedro debe hacer y en cuanto a lo que debe evitar en términos de profundizar sus relaciones con Dios. Tenemos hoy cerca de 150 cartas o instrucciones con algunas glosas de sus compañeros, tanto de la Compañía de Jesús y otras personas de afuera.
¿Qué nos dice la vida de Fabro? Hay muchas maneras en tratar de entender la vida de una persona. Lo que resalta es la espiritualidad que comparte con nosotros. El cultivó su espiritualidad iniciado por San Ignacio de Loyola. Sobresalen dos elementos de esa espiritualidad, la intimidad con Jesús y la segunda es el servicio a Dios; él simplemente afirmaba: "estar con Jesús para servir". "Estar con Jesús" era el primer deseo en búsqueda de esa intimidad con Cristo, que existe en la medida del sentimiento de Jesús, como experimentado en la oración. El discernimiento es una manera de sentir a Jesús, incluso hasta el punto de tomar decisiones a la luz de estos sentimientos. El discernimiento es un modo sensitivo de conocer o en otra manera de expresar la misma idea, cuando frecuentemente se dice que "el corazón tiene sus razones", el deseo de compartir las experiencias de Jesús. Cualquiera experiencia, gozo con el que goza, tristeza con el que está triste, buscando la identidad con el que se tiene la intimidad.
Los elementos ignacianos reflejados en Fabro, son 1) conocer a Jesús desde dentro, 2) sentir con Jesús con quien tenemos intimidad "fuente del discernimiento" 3) deseos de compartir sus experiencias, los tres aspectos son los primeros requisitos para ser un compañero de Jesús.
Como vemos, el Beato Fabro a nuestra manera de ver, era un místico y un hombre que se movía en lo espiritual de una manera muy natural que hoy apenas lo entendemos. El vivía esa espiritualidad dedicada a las obras, se le recuerda y venera como un hombre de Dios conjuntamente con sus compañeros que celebran unos 450 años de fallecido, los otros dos, 500 de haber nacido para el Señor.
--La Asamblea lo destituye, pero lo hace alegando una causa fácil de enredar, y deja todas las demás barrabasadas y afirmaciones absurdas de Liborio, sin tocar. .
--Liborio recurre a la Corte Suprema.
Allí tiene por lo menos dos "cola de paja" que le deben a los clientes de Liborio el que se hayan molestado en sobornar a todos los diputados para que esos dos candidatos fueran ratificados al mismo tiempo que lo del polémico Cemis (pues de otro modo los de la bancada PRD no lo hubieran permitido).
¿Quién era el abogado gestor (de entregar los sobornos) de parte de la familia Rodín, dueños en ese momento del proyecto Cemis? ¿Quién más sino Liborio?
Predicción
La Corte Suprema decidirá que el puesto le sea restituido.
--Ya hemos visto que la CSJ se vende al mejor postor, no importa cuán impopular el caso, por ejemplo: Onassis, Figali y muchos otros.
-- Los magistrados que atenderán el caso serán suplentes, para que no se note lo obvio.
Con esto, ya nadie podrá hacer nada más y tendremos Liborio por un rato bien largo, y de ese modo le habrán dado el golpe de gracia a la institución Defensoría del Pueblo, pues no es dable que una organización sea respetable cuando el que la dirige es todo lo contrario.
Los "cola de paja" que lo eligieron en la Asamblea, no querían tener que sacarlo del puesto, pero de pronto todos estaban de acuerdo. Ahora podrán respirar tranquilos porque Liborio les prometió que no sacaría sus "trapitos sucios al sol".

101 años de Panamá América

 
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