Peligro de las drogas
El psiquiatra español Carlos Castilla del Pino, desde Barcelona ha declarado que el consumo de drogas entre los jóvenes ibéricos ha ocasionado, en los últimos 25 años, el aumento entre el quince y el veinte por ciento del número de casos de esquizofrenia. Este médico ha enfatizado que tal situación es consecuencia de la toxicidad de esas substancias, la que desaparece, obviamente, cuando la persona no recurre a las drogas.
La organización Mundial de la Salud ya advirtió sobre los catastróficos efectos que generan en la salud, física, moral y mental, de los individuos y las colectividades, las substancias estupefacientes y psicotrópicas.
A la que se creía inocua, la marihuana, presenta este cuadro nada aceptable, por cuanto sus estragos se resumen en los siguientes: dificultades para concentrarse, falla de memoria, disminución de la capacidad matemática, paranoia insidiosa con ideas persecutorias, sentimientos exagerados de confianza en sí mismos o de inferioridad, pérdida de energía y deseo, dificultad para articular y expresar el pensamiento, crecientes bloqueos en las relaciones personales, aumento de la impulsibilidad que conduce a la violencia y desesperanza en relación con el futuro.
En lo concerniente a la cocaína, la misma OMS especifica que lleva al nerviosismo, a la depresión y a la psicosis, a la perforación del tabique nasal por su acción vasoconstrictora, al consumo de opiáceos y a engendrar hijos física y mentalmente deficientes.
La morfina es uno de los estupefacientes más violentos. Su consumo perturba en gran manera el funcionamiento de las glándulas de secreción interna, tiroides y el páncreas en particular, se trastorna el metabolismo de la glucosa, se deterioran los centros nerviosos y el sistema respiratorio presenta hiperexcitabilidad. Los descendientes están intoxicados ya antes de nacer. Se trata de un placer negativo, cuyo cese da como resultado sufrimiento intolerable. El morfinómano es un verdadero demente y esclavo de la droga. El enfermo está tan pálido y delgado que parece haberse olvidado de hacerse enterrar, emite una transpiración fétida, abandona todos los cuidados corporales, incluso los más elementales de higiene, se le altera continuamente la vista, aparecen complicaciones hepáticas, renales, pulmonares y cardíacas, pérdida de la alegría y de la euforia. El morfinómano es un ser irritable e intratable. Es capaz de llegar a tal grado de inmoralidad que incluso puede convertirse en un criminal.
Estos últimos datos son extractados de "Carta de un supertoxicómano", cuya autoría pertenece a William Burroughs. Si como lo anterior fuese poco, se debe saber que la heroína es cuatro o cinco veces más tóxica que la morfina.
En este punto conviene recordar los estudios del Dr. Diego Cruz Gutiérrez, profesor en la especialización de toxicomanías de la Universidad Complutense, quien indica que no existe cantidad mínima de droga, por cuanto el mínimo no existe y el máximo es la muerte, por la tolerancia, es decir porque el individuo necesita cada vez más dosis para obtener un efecto similar, y así hasta la autodestrucción, o sea el suicidio.
La droga nada respeta. En su devastador accionar se juntan la astucia, la perversidad, la inconsecuencia, con ramificaciones que alcanzan altos e insospechados segmentos del convivir social. El crimen organizado alarmantemente se afianza y prolifera en estos campos. El narcotráfico se ha convertido en el más execrable de los delitos.
Es un verdadero flagelo que produce zozobra y retraso, enfermedad y muerte, la degradación de las personas y de las sociedades, es causa y efecto para el aparecimiento de factores adversos que atentan a la paz, al desarrollo, la economía, la seguridad, la libertad, la democracia, los derechos humanos, la ecología, al presente y al futuro de las generaciones. Dada su expansión universal, se lo debe combatir con la recíproca colaboración de los Gobiernos.
La droga nada respeta, se trata de un verdadero flagelo que produce zozobra y retraso, enfermedad, degradación y muerte, es causa y efecto para el aparecimiento de factores adversos que atentan a la paz, al desarrollo, la economía, la seguridad, la libertad, la democracia y los derechos humanos. El combate al narcotráfico es obligación ineludible y de mutua colaboración de los países.
La organización Mundial de la Salud ya advirtió sobre los catastróficos efectos que generan en la salud, física, moral y mental, de los individuos y las colectividades, las substancias estupefacientes y psicotrópicas.
A la que se creía inocua, la marihuana, presenta este cuadro nada aceptable, por cuanto sus estragos se resumen en los siguientes: dificultades para concentrarse, falla de memoria, disminución de la capacidad matemática, paranoia insidiosa con ideas persecutorias, sentimientos exagerados de confianza en sí mismos o de inferioridad, pérdida de energía y deseo, dificultad para articular y expresar el pensamiento, crecientes bloqueos en las relaciones personales, aumento de la impulsibilidad que conduce a la violencia y desesperanza en relación con el futuro.
En lo concerniente a la cocaína, la misma OMS especifica que lleva al nerviosismo, a la depresión y a la psicosis, a la perforación del tabique nasal por su acción vasoconstrictora, al consumo de opiáceos y a engendrar hijos física y mentalmente deficientes.
La morfina es uno de los estupefacientes más violentos. Su consumo perturba en gran manera el funcionamiento de las glándulas de secreción interna, tiroides y el páncreas en particular, se trastorna el metabolismo de la glucosa, se deterioran los centros nerviosos y el sistema respiratorio presenta hiperexcitabilidad. Los descendientes están intoxicados ya antes de nacer. Se trata de un placer negativo, cuyo cese da como resultado sufrimiento intolerable. El morfinómano es un verdadero demente y esclavo de la droga. El enfermo está tan pálido y delgado que parece haberse olvidado de hacerse enterrar, emite una transpiración fétida, abandona todos los cuidados corporales, incluso los más elementales de higiene, se le altera continuamente la vista, aparecen complicaciones hepáticas, renales, pulmonares y cardíacas, pérdida de la alegría y de la euforia. El morfinómano es un ser irritable e intratable. Es capaz de llegar a tal grado de inmoralidad que incluso puede convertirse en un criminal.
Estos últimos datos son extractados de "Carta de un supertoxicómano", cuya autoría pertenece a William Burroughs. Si como lo anterior fuese poco, se debe saber que la heroína es cuatro o cinco veces más tóxica que la morfina.
En este punto conviene recordar los estudios del Dr. Diego Cruz Gutiérrez, profesor en la especialización de toxicomanías de la Universidad Complutense, quien indica que no existe cantidad mínima de droga, por cuanto el mínimo no existe y el máximo es la muerte, por la tolerancia, es decir porque el individuo necesita cada vez más dosis para obtener un efecto similar, y así hasta la autodestrucción, o sea el suicidio.
La droga nada respeta. En su devastador accionar se juntan la astucia, la perversidad, la inconsecuencia, con ramificaciones que alcanzan altos e insospechados segmentos del convivir social. El crimen organizado alarmantemente se afianza y prolifera en estos campos. El narcotráfico se ha convertido en el más execrable de los delitos.
Es un verdadero flagelo que produce zozobra y retraso, enfermedad y muerte, la degradación de las personas y de las sociedades, es causa y efecto para el aparecimiento de factores adversos que atentan a la paz, al desarrollo, la economía, la seguridad, la libertad, la democracia, los derechos humanos, la ecología, al presente y al futuro de las generaciones. Dada su expansión universal, se lo debe combatir con la recíproca colaboración de los Gobiernos.
La droga nada respeta, se trata de un verdadero flagelo que produce zozobra y retraso, enfermedad, degradación y muerte, es causa y efecto para el aparecimiento de factores adversos que atentan a la paz, al desarrollo, la economía, la seguridad, la libertad, la democracia y los derechos humanos. El combate al narcotráfico es obligación ineludible y de mutua colaboración de los países.