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Pena de muerte y crímenes horrendos


Fuera de eso, por la Interamericana puede leerse algunos letreros pintados en pasos peatonales, con la exhortación: "Pena de Muerte". Y no hay que olvidar que en los últimos años se han presentado varios proyectos de ley que buscan implantarla.
Además, en el último mes se han dado dos aparentes casos de linchamiento popular en nuestro país, uno en San Miguelito y otro en Penonomé. En el último, la víctima fue un ciudadano que acababa de salir de la cárcel, a quien un grupo de personas ultimó a pedradas, luego de acusarlo por robo. Un vendedor de lotería sentenció en forma terrible: "Le hicieron un favor a la sociedad". ¿Están las masas sobrepasando a la Ley? La Constitución de 1946 la excluía, "no hay pena de muerte", en una fórmula que se repite en el artículo 30 de la Carta de 1972. La redacción habla hacia el presente, no hacia el futuro y, por tanto, da margen a pensar que puede establecerse. Argumentos a favor y en contra hay muchos. Nosotros no excluimos su aplicación futura, siempre que se limite a casos de crímenes horrendos; y que contemos con tribunales confiables.
El 22 de junio se celebró en Francia, el Primer Congreso Mundial contra la Pena de Muerte, al que acudieron juristas, filósofos y humanistas de todo el planeta. En una dramática exhortación, Michel Taube, que presidió la entidad, leyó una declaración en la que dijo: "Nosotros, ciudadanos del mundo, pedimos el cese inmediato de toda ejecución de condena a muerte y la abolición universal de esa pena", porque a más de constituir "el triunfo de la venganza sobre la justicia", "viola el primer derecho humano: el derecho a la vida".
El foro hizo al respecto un especial llamado en ese sentido a China y Estados Unidos. Según Amnistía Internacional, en China se ejecutan a más de 3,000 delincuentes al año, cifra que dobla a la del resto del mundo. Tan solo el lunes 25 de junio, se ajustició a 18 narcotraficantes; y en abril se dieron otras 500. La ley china contempla también la pena máxima en casos de robo, asociación mafiosa, asesinato y malversación de fondos públicos.
Pero al margen de las críticas, la criminalidad galopante de hace unas décadas en China, hoy es imperceptible. Y ese es el principal argumento de sus autoridades para defender su sistema. Al mismo se abona otro hecho incontrovertible y es que las leyes penales suelen ser demasiado permisivas y endebles contra la criminalidad, que a su vez se fortalece internacionalizándose y acumulando vastos recursos, amenazando los cimientos sociales.


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