Percepciones sobre la política exterior panameña
Washington.- Rivalidad en la noticia, el afán no es sólo ser primero, sino tener la certeza de su autenticidad es la clave del buen periodismo. O por lo menos eso es lo que nos inculcaron cuando iniciamos nuestra carrera hace poco más de medio siglo en lo que fue la agencia noticiosa más importante en Latinoamérica, la United Press, o "UPI", como la llamaban en aquellos días.
Pero de vez en cuando, vale la pena hacer una pausa para tratar de analizar lo que se presenta en el quehacer diario para separar lo substantivo de lo trivial y dilucidar, hasta lo posible, una orientación. Así nos preguntamos, por ejemplo, cómo se ve al Gobierno panameño desde afuera y entre los comentaristas que más están sobre el tema.
Y, es así, lo que más parece llamar la atención de uno que lee la prensa panameña, es la uniformidad de las críticas que está cosechando el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, especialmente en lo que concierne el manejo de su política exterior.
Mejor dicho, la percepción es que falta una política exterior imaginativa y decidida, y la voluntad de la mandataria de tomar iniciativas con los gobiernos que más trascendencia tienen en la vida política y económica de la república ístmica.
Encontramos entonces que no solamente coinciden la mayoría de las columnas editoriales de los periódicos, sino también sus respectivos corresponsales en Washington.
La veterana comentarista Betty Brannan, por ejemplo, en su última columna dominical en La Prensa lamenta que la mandataria no hubiese asistido a la reciente Cumbre del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), especialmente durante la reunión de mujeres líderes que sirvió de preámbulo al histórico evento.
Este corresponsal, que cubrió la cumbre desde Nueva York, comparte la opinión de Brannan, que la presencia de Moscoso pudo haber sido útil para los fines de la política exterior de Panamá.
Por ejemplo, de la multitud de reuniones bilaterales que el presidente Bill Clinton realizó en Nueva York aprovechando la "Cumbre del Milenio" a comienzos del mes, sólo se realizaron dos con líderes latinoamericanos. Estos fueron el presidente Hugo Banzer de Bolivia, a quien Clinton acordó mayor ayuda para la lucha contra las drogas y Gustavo Noboa, el presidente de Ecuador, cuya economía está al borde del colapso.
Los observadores diplomáticos que asistieron a la cumbre consideraron "impensable" de que no hubiera atendido una solicitud de Moscoso para mantener una reunión bilateral, mas aún, siendo ella la única mujer que ocupa la presidencia de una república hemisférica, después del retiro de la presidenta Violeta Chamorro de Nicaragua.
La última vez que Moscoso tuvo una audiencia de 20 minutos con Clinton fue en octubre de 1998, a pesar de los múltiples detalles que quedaban por resolver en las relaciones de ambos países en vista del retiro de Estados Unidos del Canal, que se formalizó el pasado 15 de diciembre sin la presencia del presidente.
Desde entonces las relaciones quedaron en manos de las sendas burocracias y nunca más hubo contactos de alto nivel, con excepción de la visita que Peter Romero, el secretario adjunto de Estado para Asuntos Hemisféricos hizo a Panamá a fines de julio donde se reunió con la presidenta.
Tampoco se ha hecho notar la presencia de la mandataria panameña en foros como el que acaba de patrocinar el periódico The Miami Herald a la que asistieron, entre otros, el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, Romero y un alto número de empresarios y comunicadores.
Según uno de los organizadores, la presidenta fue convidada dos veces a participar en el foro, pero en ambas declinó la invitación.
"Uno de estos días tendré que escribir una columna titulada "la presidenta invisible"", ironizó un prominente columnista que escribe frecuentemente sobre la política latinoamericana de Estados Unidos.
Pero de vez en cuando, vale la pena hacer una pausa para tratar de analizar lo que se presenta en el quehacer diario para separar lo substantivo de lo trivial y dilucidar, hasta lo posible, una orientación. Así nos preguntamos, por ejemplo, cómo se ve al Gobierno panameño desde afuera y entre los comentaristas que más están sobre el tema.
Y, es así, lo que más parece llamar la atención de uno que lee la prensa panameña, es la uniformidad de las críticas que está cosechando el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, especialmente en lo que concierne el manejo de su política exterior.
Mejor dicho, la percepción es que falta una política exterior imaginativa y decidida, y la voluntad de la mandataria de tomar iniciativas con los gobiernos que más trascendencia tienen en la vida política y económica de la república ístmica.
Encontramos entonces que no solamente coinciden la mayoría de las columnas editoriales de los periódicos, sino también sus respectivos corresponsales en Washington.
La veterana comentarista Betty Brannan, por ejemplo, en su última columna dominical en La Prensa lamenta que la mandataria no hubiese asistido a la reciente Cumbre del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), especialmente durante la reunión de mujeres líderes que sirvió de preámbulo al histórico evento.
Este corresponsal, que cubrió la cumbre desde Nueva York, comparte la opinión de Brannan, que la presencia de Moscoso pudo haber sido útil para los fines de la política exterior de Panamá.
Por ejemplo, de la multitud de reuniones bilaterales que el presidente Bill Clinton realizó en Nueva York aprovechando la "Cumbre del Milenio" a comienzos del mes, sólo se realizaron dos con líderes latinoamericanos. Estos fueron el presidente Hugo Banzer de Bolivia, a quien Clinton acordó mayor ayuda para la lucha contra las drogas y Gustavo Noboa, el presidente de Ecuador, cuya economía está al borde del colapso.
Los observadores diplomáticos que asistieron a la cumbre consideraron "impensable" de que no hubiera atendido una solicitud de Moscoso para mantener una reunión bilateral, mas aún, siendo ella la única mujer que ocupa la presidencia de una república hemisférica, después del retiro de la presidenta Violeta Chamorro de Nicaragua.
La última vez que Moscoso tuvo una audiencia de 20 minutos con Clinton fue en octubre de 1998, a pesar de los múltiples detalles que quedaban por resolver en las relaciones de ambos países en vista del retiro de Estados Unidos del Canal, que se formalizó el pasado 15 de diciembre sin la presencia del presidente.
Desde entonces las relaciones quedaron en manos de las sendas burocracias y nunca más hubo contactos de alto nivel, con excepción de la visita que Peter Romero, el secretario adjunto de Estado para Asuntos Hemisféricos hizo a Panamá a fines de julio donde se reunió con la presidenta.
Tampoco se ha hecho notar la presencia de la mandataria panameña en foros como el que acaba de patrocinar el periódico The Miami Herald a la que asistieron, entre otros, el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, Romero y un alto número de empresarios y comunicadores.
Según uno de los organizadores, la presidenta fue convidada dos veces a participar en el foro, pero en ambas declinó la invitación.
"Uno de estos días tendré que escribir una columna titulada "la presidenta invisible"", ironizó un prominente columnista que escribe frecuentemente sobre la política latinoamericana de Estados Unidos.