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Pérdida de sensibilidad humana en Panamá


Durante los últimos días los diferentes medio de comunicación han destacado, cómo algunas instituciones de atención al pueblo marginado están cayendo en una insensibilización que a la larga se va convirtiendo en política de gobierno, porque en esas instituciones no hay orden, ni quien mande, por lo que la anarquía reinante puede volcarse contra los que, por medio del voto del pueblo, han llegado al poder.
Es así, cuando vemos que se deja morir a una infante por no contar su familia con unos reales para pagar la consulta médica. No se podía esperar otra cosa, el disgusto, el llanto y el grito de la población del lugar pidiendo justicia, y luego oír las explicaciones huecas y hasta inhumanas para poder buscar culpables entre la misma familia, y sólo faltaba que dijeran que la culpa era de la misma niña por enfermarse.
Todo eso pasa con la gente humilde, que no pueden pagar las consultas y que por no tener dinero parecieran estar condenadas a morir. Y hemos visto durante la huelga de las enfermeras, a esos humildes panameños revolcarse en sus propios vómitos o algo por el estilo y llorar de dolor sin que nadie les tienda y es más, como estímulo le gritan o lo regañan. ¿Hacia dónde estamos marchando? ¿Es pecado o maldición ser pobre en este país? ¿Para quién se gobierna? ¿Y si los pobres deciden hacer justicia a su manera, sería atentar contra la democracia? ¿Es la democracia el lavamático de los que atentan contra sus propios pueblos? Al final se inventará cualquiera respuesta o simplemente se dilatará el asunto, más aún cuando la niña muerta, es una indígena, lo que todas las instituciones y personeros del gobierno llaman "los más pobres entre los pobres" y hablan y recaudan fondos en su nombre.
Para el colmo de todo, son las declaraciones del Ministro de Trabajo, cuando trata de justificar la explotación de nuestros hermanos ngobe-buglé en los cañaverales de la gente rica y muy allegada al gobierno actual. Entendemos que por ser uno de los que tienen empresas similares a los cañaverales (sinó pregúntenle a los kunas), su tarea es justificar que en este país existe ricos y pobres, y el que manda y pone los términos de trabajo son los ricos, por lo que no puede justificar las denuncias hechas por el Defensor del Pueblo, la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa y otros.
Hasta el punto de llevar al seno del Parlamento gente campesina humilde para defender la posición de los mismos hacendados y no la representación ngobe que dijera la realidad que padecen en esos cañaverales.
Es un irrespeto y hasta burla manifestar que: "Ciertamente las condiciones de trabajo no son las mejores, pero donde ellos (los indígenas) son peores. En el período de zafra ellos comen hasta tres veces al día y las condiciones de aseo son mucho mejor de las que tienen en sus casas, así que cuando bajan de las montañas (..), es como ir de vacaciones". (El Siglo, 12 de abril de 2000)
De nuevo caemos en el maltrato y explotación de niños indígenas en Panamá, con el trato que reciben en los cañaverales. Para los próximos informes de la Naciones Unidas, Panamá debe aparecer en letras mayúsculas entre los países que sigue desconociendo la Declaración que protege los derechos de los niños. Pareciera que en este país y en los albores de un nuevo siglo y gobierno la maldición ha caído de nuevo sobre los pueblos indígenas. Aunque sabemos que eso es de vieja data, mucho se ha mentado los pueblos indígenas cuando se dice erradicar la pobreza y la miseria, por lo que exaltamos a la "Presidenta de los pobres" haga algo y ponga orden en su patio. Que el Ministro de Trabajo cuando habla de la ratificación de los convenios internacionales, atienda el llamado indígena y haga realidad la ratificación del Convenio No.169 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas. Si no, de nada valen que se sigan creando organismos y trasladándolos de un lugar a otro, mientras no se ba je un solo número en el índice de pobreza de estos pueblos.

101 años de Panamá América

 
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