"Perdiendo a Panamá..."
"Perdiendo a Panamá: El impacto sobre las capacidades regionales antidrogas", tal fue el título de las audiencias que celebró el 4 de mayo el Subcomité de Justicia Criminal, Política sobre Drogas y Recursos Humanos del Comité de Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes de los E.U. Sus principales actores fueron sus respectivos Presidentes, los Representantes Republicanos de derecha John Mica de Florida y Dan Burton de Indiana.
Allí se plantearon perspectivas cónsonas con el título: incapacidad de Panamá para proteger el Canal en caso de guerra o de terrorismo, peligro de incursiones de la narcoguerrilla colombiana a través del Darién, vinculación de esta guerrilla y narcotráfico con Fidel Castro y penetración de China comunista en Panamá a través de la concesión de puertos a la Hutchinson. Todo esto comprobaría la gravedad de que los E.U. abandonen la base militar aérea de Howard, en desmedro de su lucha antidrogas en América Latina. Así resumió Mica su visión: "Lo que el Presidente Carter comenzó a finales de 1970, el Presidente Clinton lo está terminando a finales de los 1990...," a saber la pérdida de Panamá por los E.U.. Las audiencias buscaban favorecer que los E.U. retuvieran la Base de Howard como residuo de sus intereses estratégicos.
Sería fácil desechar estas opiniones por mal fundadas. Pero aunque no respondan a un sector amplio de la opinión pública -y de ello se quejan sus promotores-, cabe tener presente que en las próximas elecciones de los E.U. bien pudiera ganar la Presidencia un Republicano y el mejor colocado hasta ahora, el Gobernador Bush de Tejas, probablemente se enfrente a precandidatos más a la derecha que él y se vea presionado a demostrar su dureza en temas nacionales e internacionales. ¿Sería Panamá uno de ellos? No lo sabemos, pero debemos estar sobre aviso de tal actitud regresiva de cara a nuestra aspiración de un nuevo modelo de vinculación con los E.U.
Por el testimonio que rindieron el Embajador Peter F. Romero, Secretario Asistente Encargado del Departamento de Defensa, y Ana María Salazar, Secretaria Asistente Alterna, podemos explicarnos el fracaso del CMA y aprender lo que ambas partes debían evitar para elaborar exitosamente un nuevo modelo de vinculación.
Según destacó Romero, en diciembre de 1997 el Presidente Pérez Balladares anunció que se había alcanzado un acuerdo. Este tendría una duración de 12 años, era un acuerdo "multimisión", es decir que contemplaba otras misiones además de las misiones antinarcóticos, "porque de otra manera no se justificaba el costo de mantener la base misma y su personal, equipo y recursos"; además, preveía unas 2,500 unidades norteamericanas. Ello, precisa, requirió esfuerzos diplomáticos intensos en diciembre de 1997 y comienzos de enero de 1998, hasta que "los negociadores panameños aceptaron los términos de un texto para un CMA aceptable" a los E.U. Entonces "el Embajador McNamara viajó a Panamá esperando plenamente poner sus iniciales al proyecto de acuerdo". Pero al llegar se encontró con que el Gobierno de Panamá rehusaba poner las suyas, pues no había acuerdo interno dentro del propio Gobierno de Panamá, especialmente dentro del PRD. El Presidente Pérez Balladares, comenta, estaba concentrado cada vez más en los preparativos para el referéndum del agosto 30 a favor de su posible reelección inmediata. Los copartidarios que más necesitaba para el referéndum eran precisamente los que se oponían a varias estipulaciones del acuerdo. Los representantes de Panamá trataron, en consecuencia, de reducir la duración de 12 a 3 años, de limitar las misiones a las antinarcóticos y de restringir ciertos privilegios e inmunidades ya acordados, mientras que los representantes de los E.U. argumentaron que todavía eran posibles cambios técnicos, pero no una renegociación.
Los norteamericanos, afirma Romero, "esperamos hasta agosto porque existía la esperanza que si el Presidente Pérez Balladares hubiera ganado el referéndum y hubiera podido correr por un segundo período, habría podido reconsiderar su posición sobre la duración y también sobre las otras misiones..." Esto sugiere un interés norteamericano a favor de la reelección.
El error de parte del Gobierno de Pérez Balladares, tal que lo revelan las audiencias, fue claro: primero, comprometerse irresponsablemente a un CMA que encubría un residuo de base militar, por un período de más de una década, otorgando al personal norteamericano condiciones excesivas, en contradicción con lo que se le dejaba entrever al pueblo panameño; segundo, dejar que su decisión en un asunto internacional tan serio se entremezclara en el tiempo con un asunto nacional tan cuestionable como su intento de reelección inmediata. Ni logró un CMA aceptable para Panamá, ni pudo intentar la reelección.
Pero el Gobierno de los E.U. no salió mejor librado de las audiencias. Al fracasar la negociación con Panamá, ha tenido, lo admite Romero, que negociar acuerdos provisionales con Curazao, Aruba y Ecuador, los cuales duran sólo hasta septiembre, mientras se trata de negociar acuerdos de mayor duración. Los mismos le dan acceso a aeropuertos, pero no le proporcionan facilidades para un Centro Multilateral Antidrogas, están restringidos exclusivamente a misiones antinarcóticos y prevén sólo entre 8 y 15 norteamericanos estacionados en permanencia y hasta 300 temporalmente. Además estos acuerdos requerirán que los E.U. gasten, según Mica, entre 45 y 200 millones de dólares, si no más todavía. Y la funcionaria Salazar reconoce que la falta de la Base de Howard ya ha reducido marcadamente la vigilancia aérea antinarcótico de los E.U. en América Latina por ahora a aproximadamente el 50% del esfuerzo anterior, según dijo precisó Mica, y sólo alcanzará el 85% cuando sean plenamente operacionales los llamados "sitios delanteros de operaciones" ("Forward Operating Locations" o FOL"s).
En conclusión, el Gobierno de los Estados Unidos le ha hecho daño a su propio esfuerzo antidrogas por querer incluir un residuo de base militar en el CMA, por insistir en una duración prolongada, por no querer recompensar económicamente a Panamá, en resumen por no estar dispuesto a concebir los vínculos entre nuestros dos países de acuerdo con un nuevo modelo que supere realmente la relación de injusta e indigna subordinación.
Al insistir los Representantes Mica y Burton en que su Gobierno intente un acuerdo sobre la Base de Howard con la recién electa Presidenta de Panamá, el Dr. Mark Falkoff, académico del Instituto de la Empresa Americana, quien por ser un hombre de derecha no deja de ser un hombre inteligente, conocedor de nuestra realidad política, les recuerda dos cosas: que el acuerdo tendría que ser aprobado por la Asamblea Legislativa, en donde el PRD tiene preponderancia y sin duda se opondrá, y que se necesitaría un referéndum, el cual probablemente se perdería como sucedió con los de 1992 y 1997. No se puede entretener la ilusión de mantener la Base de Howard, advierte Falkoff, "si el Gobierno panameño no quiere seguir ese rumbo y no puede vender esa idea a su propia comunidad política, no digo al pueblo panameño, sino hablo de la comunidad política organizada en Panamá". Fueron las palabras más sabias de las audiencias.
En los E.U. titularon las audiencias "Perdiendo a Panamá...". Nosotros podemos titularlas "Panamá por fin encontrándose a sí misma..."
Allí se plantearon perspectivas cónsonas con el título: incapacidad de Panamá para proteger el Canal en caso de guerra o de terrorismo, peligro de incursiones de la narcoguerrilla colombiana a través del Darién, vinculación de esta guerrilla y narcotráfico con Fidel Castro y penetración de China comunista en Panamá a través de la concesión de puertos a la Hutchinson. Todo esto comprobaría la gravedad de que los E.U. abandonen la base militar aérea de Howard, en desmedro de su lucha antidrogas en América Latina. Así resumió Mica su visión: "Lo que el Presidente Carter comenzó a finales de 1970, el Presidente Clinton lo está terminando a finales de los 1990...," a saber la pérdida de Panamá por los E.U.. Las audiencias buscaban favorecer que los E.U. retuvieran la Base de Howard como residuo de sus intereses estratégicos.
Sería fácil desechar estas opiniones por mal fundadas. Pero aunque no respondan a un sector amplio de la opinión pública -y de ello se quejan sus promotores-, cabe tener presente que en las próximas elecciones de los E.U. bien pudiera ganar la Presidencia un Republicano y el mejor colocado hasta ahora, el Gobernador Bush de Tejas, probablemente se enfrente a precandidatos más a la derecha que él y se vea presionado a demostrar su dureza en temas nacionales e internacionales. ¿Sería Panamá uno de ellos? No lo sabemos, pero debemos estar sobre aviso de tal actitud regresiva de cara a nuestra aspiración de un nuevo modelo de vinculación con los E.U.
Por el testimonio que rindieron el Embajador Peter F. Romero, Secretario Asistente Encargado del Departamento de Defensa, y Ana María Salazar, Secretaria Asistente Alterna, podemos explicarnos el fracaso del CMA y aprender lo que ambas partes debían evitar para elaborar exitosamente un nuevo modelo de vinculación.
Según destacó Romero, en diciembre de 1997 el Presidente Pérez Balladares anunció que se había alcanzado un acuerdo. Este tendría una duración de 12 años, era un acuerdo "multimisión", es decir que contemplaba otras misiones además de las misiones antinarcóticos, "porque de otra manera no se justificaba el costo de mantener la base misma y su personal, equipo y recursos"; además, preveía unas 2,500 unidades norteamericanas. Ello, precisa, requirió esfuerzos diplomáticos intensos en diciembre de 1997 y comienzos de enero de 1998, hasta que "los negociadores panameños aceptaron los términos de un texto para un CMA aceptable" a los E.U. Entonces "el Embajador McNamara viajó a Panamá esperando plenamente poner sus iniciales al proyecto de acuerdo". Pero al llegar se encontró con que el Gobierno de Panamá rehusaba poner las suyas, pues no había acuerdo interno dentro del propio Gobierno de Panamá, especialmente dentro del PRD. El Presidente Pérez Balladares, comenta, estaba concentrado cada vez más en los preparativos para el referéndum del agosto 30 a favor de su posible reelección inmediata. Los copartidarios que más necesitaba para el referéndum eran precisamente los que se oponían a varias estipulaciones del acuerdo. Los representantes de Panamá trataron, en consecuencia, de reducir la duración de 12 a 3 años, de limitar las misiones a las antinarcóticos y de restringir ciertos privilegios e inmunidades ya acordados, mientras que los representantes de los E.U. argumentaron que todavía eran posibles cambios técnicos, pero no una renegociación.
Los norteamericanos, afirma Romero, "esperamos hasta agosto porque existía la esperanza que si el Presidente Pérez Balladares hubiera ganado el referéndum y hubiera podido correr por un segundo período, habría podido reconsiderar su posición sobre la duración y también sobre las otras misiones..." Esto sugiere un interés norteamericano a favor de la reelección.
El error de parte del Gobierno de Pérez Balladares, tal que lo revelan las audiencias, fue claro: primero, comprometerse irresponsablemente a un CMA que encubría un residuo de base militar, por un período de más de una década, otorgando al personal norteamericano condiciones excesivas, en contradicción con lo que se le dejaba entrever al pueblo panameño; segundo, dejar que su decisión en un asunto internacional tan serio se entremezclara en el tiempo con un asunto nacional tan cuestionable como su intento de reelección inmediata. Ni logró un CMA aceptable para Panamá, ni pudo intentar la reelección.
Pero el Gobierno de los E.U. no salió mejor librado de las audiencias. Al fracasar la negociación con Panamá, ha tenido, lo admite Romero, que negociar acuerdos provisionales con Curazao, Aruba y Ecuador, los cuales duran sólo hasta septiembre, mientras se trata de negociar acuerdos de mayor duración. Los mismos le dan acceso a aeropuertos, pero no le proporcionan facilidades para un Centro Multilateral Antidrogas, están restringidos exclusivamente a misiones antinarcóticos y prevén sólo entre 8 y 15 norteamericanos estacionados en permanencia y hasta 300 temporalmente. Además estos acuerdos requerirán que los E.U. gasten, según Mica, entre 45 y 200 millones de dólares, si no más todavía. Y la funcionaria Salazar reconoce que la falta de la Base de Howard ya ha reducido marcadamente la vigilancia aérea antinarcótico de los E.U. en América Latina por ahora a aproximadamente el 50% del esfuerzo anterior, según dijo precisó Mica, y sólo alcanzará el 85% cuando sean plenamente operacionales los llamados "sitios delanteros de operaciones" ("Forward Operating Locations" o FOL"s).
En conclusión, el Gobierno de los Estados Unidos le ha hecho daño a su propio esfuerzo antidrogas por querer incluir un residuo de base militar en el CMA, por insistir en una duración prolongada, por no querer recompensar económicamente a Panamá, en resumen por no estar dispuesto a concebir los vínculos entre nuestros dos países de acuerdo con un nuevo modelo que supere realmente la relación de injusta e indigna subordinación.
Al insistir los Representantes Mica y Burton en que su Gobierno intente un acuerdo sobre la Base de Howard con la recién electa Presidenta de Panamá, el Dr. Mark Falkoff, académico del Instituto de la Empresa Americana, quien por ser un hombre de derecha no deja de ser un hombre inteligente, conocedor de nuestra realidad política, les recuerda dos cosas: que el acuerdo tendría que ser aprobado por la Asamblea Legislativa, en donde el PRD tiene preponderancia y sin duda se opondrá, y que se necesitaría un referéndum, el cual probablemente se perdería como sucedió con los de 1992 y 1997. No se puede entretener la ilusión de mantener la Base de Howard, advierte Falkoff, "si el Gobierno panameño no quiere seguir ese rumbo y no puede vender esa idea a su propia comunidad política, no digo al pueblo panameño, sino hablo de la comunidad política organizada en Panamá". Fueron las palabras más sabias de las audiencias.
En los E.U. titularon las audiencias "Perdiendo a Panamá...". Nosotros podemos titularlas "Panamá por fin encontrándose a sí misma..."