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Perdón, pero no olvido


Hace algunos días se produjo en el ambiente internacional un hecho que podríamos calificar de insólito y que sacudió las fibras más sensibles de los sentimientos nobles del hombre, sin tomar en cuenta su nacionalidad, religión o raza. Ello fue el perdón público que el presidente de Alemania, Johannes Rau, le pidió al pueblo judío y al Estado de Israel por los horrendos crímenes cometidos por el nazismo hitleriano.
Con humildad y vergüenza, el presidente Rau dijo textualmente: "pido perdón por aquello que hicieron los alemanes, por mí y mi generación, por amor a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, cuyo futuro quiero ver junto a los hijos de Israel. Frente al pueblo de Israel, agregó, me inclino con humildad ante los asesinatos sin tumbas, donde yo pudiera pedirles perdón".
Hitler horrorizó al mundo civilizado con los crímenes más horrendos cometidos por sus seguidores contra una raza. Fue el holocausto, de cuyas cenizas se ha levantado el pueblo de Israel, que formó una nación que lucha con tesón por el derecho a vivir en paz en un mundo hostil que lo rodea.
Israel, para quienes hemos tenido la fortuna de visitarlo, podemos comprobar que es un país, aunque muy pequeño en extensión, una tercera parte del tamaño de Panamá, que ha llevado, por el talento y el trabajo incansable de sus hijos, progreso y ha logrado modernizar una región totalmente inhóspita, transformando un desierto en un oasis que es gran productor de muchas cosas, entre ellas, aunque parezca increíble, flores, que exporta a Europa en gran cantidad.
El pueblo de Israel en su nobleza, no hay duda, sabrá perdonar, pero jamás podrá olvidar el sufrimiento inimaginable de varias generaciones de la raza hebrea ante las persecuciones implacables del Adolfo Hitler.
Los crímenes, que tanta tragedia, llanto, dolor y miseria ocasionó el régimen hitleriano, han avergonzado al pueblo alemán, vergüenza que nunca la ha escondido. Siempre han preferido poner un velo de olvido sobre su pasada conducta y no mirar hacia atrás. Hoy, sin embargo, públicamente, de manera oficial, asumen otra posición ante la faz del mundo y se declaran culpable de sus crímenes y piden perdón por sus graves delitos.
Israel, empinándose sobre su dolor, debe aceptar el perdón, pero jamás podrá olvidar lo sucedido. El perdón que enaltece al hombre sale del corazón, pero la mente guarda los recuerdos.

101 años de Panamá América

 
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