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Perdón y justicia


Hoy por primera vez desde el horroroso ataque aéreo que derrumbó las torres del World Trade Center en Nueva York, ha vuelto la paz a mi alma. Anteriormente, aún antes de abrir los ojos, sentía desasosiego, un peso enorme, sabía que algo terrible había pasado, algo que permanentemente ensombrecía la vida de todos.
Pero hoy me acordé de las palabras de Cristo al ser crucificado: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Así es. Los asesinos no saben lo que hacen. Sufren de un odio que los enloquece.
Sin embargo, veo que en el ánimo de quienes dirigen el gobierno de Estados Unidos, prevalece el revanchismo. Suenan los tambores de guerra. En una ceremonia religiosa en Washington, convocada el 14 de septiembre por el mismo presidente Bush, habló una ministra protestante, muy bien, diciendo que el amor debe ser nuestra respuesta, que sólo el amor destierra el odio. También hablaron un religioso musulmán, un rabino y un prelado católico. Todos calmaron los ánimos, invocando la ayuda y la misericordia de Dios. Pero en cuanto le tocó hablar al mismo Bush, sufrió un cambio el tono la convocación y se escucharon nuevamente amenazas.
Bush tampoco sabe lo que hace. ¿Qué puede salir del revanchismo? Sólo más violencia perpetuada en un ciclo vicioso que asesina a seres inocentes y causa dolor a miles. Me imagino que el mensaje de Cristo es demasiado revolucionario para el gobierno norteamericano. En el Congreso, solamente una mujer, con un valor colosal, votó en contra de la resolución que da a Bush el poder de contraatacar militarmente. La representante Barbara Lee, demócrata de California, dijo estar convencida de que la acción militar no evitará futuros actos de terrorismo contra Estados Unidos. Y tiene razón, lo único que invita es a más violencia.
Aunque se toman medidas de extrema seguridad para los pasajeros que abordan aviones, lo cierto es que un hombre entrenado, solamente con sus manos, puede desnucar a una persona, ya sea una azafata, un pasajero, o a un piloto. Está bien que se tomen medidas de seguridad, las mismas medidas que por presión de las líneas aéreas no se habían tomado anteriormente. Debemos protegernos. Pero no hay seguridad en este mundo y nunca la ha habido. Eso hay que entenderlo y aceptarlo.
Si yo tuviera algo que decir en cuanto a la conducción de esta crisis, ninguna acción de represalia contra las personas de extracción árabe permitiría en Estados Unidos; buscaría y sancionaría severamente a quienes se dejen llevar por el odio para atacar a personas inocentes.
Me encargaría de que por todo el mundo se siguieran transmitiendo las imágenes de los ataques de los dos aviones a las torres, de la caída de las torres, de la devastación que siguió, y de las caras demacradas y llorosas de los familiares que deambulan desesperados por las calles de Nueva York con fotos de sus seres queridos desaparecidos. Con esto se desacreditaría a los atacantes, dejando al descubierto su locura.
Además, si es cierto que los autores intelectuales son árabes, en vez de presionar a los países del Medio Oriente para que acepten una incursión militar norteamericana contra Osama bin Laden y el Talibán, presionaría a los países árabes para que ellos mismos se encarguen de capturar a bin Laden y hacer justicia. "Piensen bien, quiénes son y qué representan, el mundo los está mirando", les diría. Del Corán sacaría citas donde se habla de justicia y se hacen admoniciones contra el tomar la vida de seres inocentes, para emplazar a los gobernantes árabes a que acaten las palabras sagradas.
Los asesinos han sembrado el odio que los anima. No debemos prestarnos para que ese odio florezca y domine nuestras vidas causando más muertes y más dolor. Si verdaderamente somos cristianos, debemos acatar el mensaje de Cristo, perdonar y a la vez buscar que se haga justicia, con serenidad, seguros de que nuestros principios prevalecerán.

101 años de Panamá América

 
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