Perfil de la primera magistratura de la nación
La primera pregunta que me formulé era si valía la pena adentrar en estas reflexiones, y así, estimo, deben apreciarse. Y el lector tiene el derecho y la libertad de entrar en otras connotaciones sobre el particular y disentir. Si entramos a la Constitución Nacional, a partir de 1904, se establece como requisito mínimo indispensable para ser Presidente de la Nación, "ser panameño por nacimiento y haber cumplido treinta y cinco años de edad". Igual principio impera en las Constituciones de 1941, 1946 y 1972 en las reformas introducidas.
Cuando ejercía en el campo de la docencia, siempre trataba con los estudiantes esta interrogante y en relación con las exigencias mínimas que también se le exige a los legisladores, llámese ahora diputados. La Constitución en vigencia abre un poco más la rigurosidad y exige al Diputado que debe ser "panameño por nacimiento o naturalización con 15 años de residencia en el país; ser ciudadano en ejercicio; haber cumplido por lo menos 21 años a la fecha de la elección; no haber sido condenado por delito doloso o pena privativa de la libertad de 5 años o más, mediante sentencia ejecutoriada, proferida por un tribunal de justicia; y ser residente del circuito electoral correspondiente, por lo menos un año inmediatamente anterior a la postulación".
Una diferencia abismal existe entre los requisitos para ser, por ejemplo, un enseñador de la educación, un contador, una secretaria, un administrador o gerente, y las exigencias mínimas para ocupar la silla presidencial. Si en un banco, cooperativa o una empresa se han instituido normas de selección y el riesgo por la baja administración, que sería casi insignificativo, ¿por qué no pensar en un perfil para ser Presidente o Vicepresidente de la más alta magistratura de la Nación? Debemos pensar en criterios de gobernabilidad, de estadista y con un manejo adecuado de las características sociales y económicas de Panamá. La tesis de que debe ser jovencito, tamaño mediano, perteneciente a una clase económica por conveniencia del momento, no es sustentable.
Este tema puede y va a generar conflictos de intereses, pero pensemos, ante todo, en el país rodeado de un mundo de problemas y necesidades, de innovaciones y estrategias que requieren inteligencia o sabiduría que ofrezca confianza dentro y fuera de nuestras fronteras.
Si queremos garantizar el "crecimiento y desarrollo económico" del cual apunta la economía en los últimos años, en contradicción con todo una gama de problemas de pobreza y pobreza extrema; con un déficit en el campo de la salud, en la seguridad ciudadana, en el transporte, vías de comunicación y la gran brecha educativa, debemos examinar, exhaustivamente, lo que más conviene a Panamá. Se habla de delegar en el 2009, muy responsablemente, en aquella persona que tenga la capacidad para administrar o gerenciar por el bien común la cosa pública. Usted, y ningún buen ciudadano, contrata personal a ciegas. Escogemos siempre al o a los que reúnen las mejores cualidades. Este pensamiento lo dirijo a todos los panameños en esta hora de grandes decisiones.