Perfil del agro
Periodista
La contundencia del voto rural ha sido tan sobresaliente, como intensas las expectativas de despertadas por el Presidente electo. Lo ha dicho bien Martín Torrijos, "no hay tiempo que perder", sobre todo cuando miles de familias visualizan en su gestión una esperanza.
En consecuencia, tampoco pierdo tiempo en mayores teorizaciones sobre lo ocurrido el pasado 2 de mayo. Ya habrá tiempo para ello.
Como es natural y lógico, he de comenzar señalando algún perfil sobre las futuras autoridades del sector agropecuario panameño. Ya lo hice hace años. Ahora, treinta años de bregar en los campos, me hacen repetirlo, porque aquellos señalamientos tienen vigencia:
En primer lugar hay que recuperar la credibilidad y la confianza del sector agropecuario en las autoridades. Ni figuritas, ni figurones; ni tecnócratas, ni burócratas.
El Sector requiere de funcionarios comprometidos, sensibles, creativos e innovadores, laboriosos y fundamentalmente con capacidad de escuchar, no solamente a quienes tienen más recursos y saliva, si no a los más humildes, a los sin voz. Es decir, de auténticos líderes con la honestidad y el carisma que da la sinceridad y el trabajo.
De poco y nada nos sirven los pergaminos y los recargados currículum, si no se tiene una visión, ni la epidermis para sentir el pulso y palpitar del agro.
Es importantísima la imagen de seriedad, verticalidad, trabajo e identificación del equipo rector con los productores, campesinos e indígenas panameños.
Urge una especie de reingienería colectiva en lo humano, técnico, administrativo y científico, con suficiente capacidad de ejecución.
La casa debe ser reordenada con lineamientos claros y precisos de acuerdo al Programa de Gobierno prometido, en base a una premisa inequívoca: ¿Hacia dónde queremos orientar y enrumbar al sector agropecuario, en función del resto de la economía nacional, toda vez que el mismo no es un hecho aislado?
El sector público agropecuario de Panamá exige una revisión a fondo de su estructura, en algunos casos ya anacrónica. Sus entidades (unas nueve) deben superar el vicio del feudo, capillitas y refugio de compadres, para diseñar políticas de desarrollo realistas, consistentes y medibles.
De igual manera, los programas en marcha deben ser revisados en base a una evaluación objetiva, tanto en lo técnico como en lo social.
Allí se han drenado millones y millones de balboas que el pueblo panameño necesita conocer su destino, el cual ha debido pagar en sacrificio y los campesinos en hambre y desesperanza.
Aquí no puede haber "borrón y cuenta nueva", porque sería un nuevo premio a la corrupción, si la hubiere.
Existen muchos proyectos y programas ya diseñados, debidamente consultados, y pésimamente ejecutados, a la espera del liderazgo de sus nuevos directores o gerentes. De hombres y mujeres con la suficiente capacidad de decisión en materia de riego, por ejemplo; de impulso a las agroexportaciones en forma creativa e innovadora, de combate a la pobreza. Renovar la investigación y la generación tecnológica de acuerdo a nuestras realidades de campo y condiciones económicas y socioculturales, de acceso de nuestros productores en sus diferentes niveles de desarrollo, o de atraso, según sea el caso.
Y, finalmente, la madurez de nuestros productores, que también deben interpretar y descifrar en toda su extensión y profundidad el mensaje electoral: Ya no es posible seguir con el juego del doble sombrero y la doble moral.
El país exige de un productor crítico y a la vez aportativo; beligerante y protagonista con la mayor responsabilidad. Entender que el Estado no es su cómplice, ni su enemigo, sino su aliado facilitador, posibilitador, gran divulgador y promotor dentro y fuera de las excelencias y potencialidades de nuestro país.
Así lo ha querido el electorado y su epidermis ciudadana. Es hoy por hoy, extremadamente sensible. Amén.
*Comunicador y consultor agroambiental..
(adagal43@hotmail.com)
La contundencia del voto rural ha sido tan sobresaliente, como intensas las expectativas de despertadas por el Presidente electo. Lo ha dicho bien Martín Torrijos, "no hay tiempo que perder", sobre todo cuando miles de familias visualizan en su gestión una esperanza.
En consecuencia, tampoco pierdo tiempo en mayores teorizaciones sobre lo ocurrido el pasado 2 de mayo. Ya habrá tiempo para ello.
Como es natural y lógico, he de comenzar señalando algún perfil sobre las futuras autoridades del sector agropecuario panameño. Ya lo hice hace años. Ahora, treinta años de bregar en los campos, me hacen repetirlo, porque aquellos señalamientos tienen vigencia:
En primer lugar hay que recuperar la credibilidad y la confianza del sector agropecuario en las autoridades. Ni figuritas, ni figurones; ni tecnócratas, ni burócratas.
El Sector requiere de funcionarios comprometidos, sensibles, creativos e innovadores, laboriosos y fundamentalmente con capacidad de escuchar, no solamente a quienes tienen más recursos y saliva, si no a los más humildes, a los sin voz. Es decir, de auténticos líderes con la honestidad y el carisma que da la sinceridad y el trabajo.
De poco y nada nos sirven los pergaminos y los recargados currículum, si no se tiene una visión, ni la epidermis para sentir el pulso y palpitar del agro.
Es importantísima la imagen de seriedad, verticalidad, trabajo e identificación del equipo rector con los productores, campesinos e indígenas panameños.
Urge una especie de reingienería colectiva en lo humano, técnico, administrativo y científico, con suficiente capacidad de ejecución.
La casa debe ser reordenada con lineamientos claros y precisos de acuerdo al Programa de Gobierno prometido, en base a una premisa inequívoca: ¿Hacia dónde queremos orientar y enrumbar al sector agropecuario, en función del resto de la economía nacional, toda vez que el mismo no es un hecho aislado?
El sector público agropecuario de Panamá exige una revisión a fondo de su estructura, en algunos casos ya anacrónica. Sus entidades (unas nueve) deben superar el vicio del feudo, capillitas y refugio de compadres, para diseñar políticas de desarrollo realistas, consistentes y medibles.
De igual manera, los programas en marcha deben ser revisados en base a una evaluación objetiva, tanto en lo técnico como en lo social.
Allí se han drenado millones y millones de balboas que el pueblo panameño necesita conocer su destino, el cual ha debido pagar en sacrificio y los campesinos en hambre y desesperanza.
Aquí no puede haber "borrón y cuenta nueva", porque sería un nuevo premio a la corrupción, si la hubiere.
Existen muchos proyectos y programas ya diseñados, debidamente consultados, y pésimamente ejecutados, a la espera del liderazgo de sus nuevos directores o gerentes. De hombres y mujeres con la suficiente capacidad de decisión en materia de riego, por ejemplo; de impulso a las agroexportaciones en forma creativa e innovadora, de combate a la pobreza. Renovar la investigación y la generación tecnológica de acuerdo a nuestras realidades de campo y condiciones económicas y socioculturales, de acceso de nuestros productores en sus diferentes niveles de desarrollo, o de atraso, según sea el caso.
Y, finalmente, la madurez de nuestros productores, que también deben interpretar y descifrar en toda su extensión y profundidad el mensaje electoral: Ya no es posible seguir con el juego del doble sombrero y la doble moral.
El país exige de un productor crítico y a la vez aportativo; beligerante y protagonista con la mayor responsabilidad. Entender que el Estado no es su cómplice, ni su enemigo, sino su aliado facilitador, posibilitador, gran divulgador y promotor dentro y fuera de las excelencias y potencialidades de nuestro país.
Así lo ha querido el electorado y su epidermis ciudadana. Es hoy por hoy, extremadamente sensible. Amén.
*Comunicador y consultor agroambiental..
(adagal43@hotmail.com)