Periodismo, ética y sociedad civil
La libertad de expresión suele ser un ejercicio incómodo para no pocos gobiernos, empresarios de la prensa e inclusive periodistas, que suelen lanzar por la borda los principios de una profesión cuyo oxígeno es la ética.
Gobiernos que se aferran a la ley del embudo, verdugos de las ideas, empresarios que no practican el pluralismo y comunicadores ajenos a la responsabilidad de sus deberes de informar con transparencia en el manejo de las fuentes.
El periodismo requiere exactitud de la información, precisión, veracidad, objetividad, lo que no quiere decir ausencia de análisis, interpretación y profundidad en el manejo de la materia prima. Hechos y fuentes.
La verdad, su aproximación, es más posible de alcanzar si incluimos diversas voces para una misma información, lo que le permitirá al lector aproximarse a los hechos con un mayor equilibrio en su interpretación.
Credibilidad es lo que debe de desprenderse tácitamente en una información o comentario, para que la comunidad de lectores se sienta fielmente interpretada y servida.
Estamos inundados de información instantánea que carece de un contexto, del back ground requerido para analizar los hechos, y minuto a minuto el satélite nos trae -y los canales las reproducen tal cual- noticias aisladas, sin un enfoque integral y con la perspectiva del sesgo exterior que no representa nuestra visión, ni nos entrega elementos suficientes para poder tener una idea global del problema o hecho noticioso.
Con cuánta frecuencia en un pasillo, restaurante, oficina, casa y hasta en los medios de comunicación, escuchamos a las personas repetir la misma información errónea, sesgada, porque no ha tenido la oportunidad de conocer otras fuentes más completas.
El análisis bien documentado, la investigación rigurosa de los elementos que envuelven una información, el enfoque disciplinado del periodismo moderno -no aquel altamente tecnificado- sino el que se basa en el rigor de la verdadera ciencia de la comunicación, que no es otro que el de informar con objetividad, imparcialidad, equilibrio, exactitud, transparencia y ética, traerá como resultado credibilidad.
¿Para qué informar con argumentos que no saldrán del callejón sin salida, lugar inequívoco de la verdad a media? ¿Qué puede motivar a un comunicador olvidar que el periodismo es tributario de la verdad?
Es misión prioritaria del medio y del periodista enriquecer la visión de la realidad y del desarrollo de la sociedad y sus instituciones.
Sólo son responsabilidad y una ética a prueba de tentaciones, el periodista se asegura de estar cumpliendo con su deber, conciencia y la comunidad a la cual se debe.
En esta guerra de los medios escritos con los instantáneos, la loca carrera por la primicia y supuesta originalidad, los impresos no tienen por qué caer en el amarillismo, sensacionalismo o en grandes titulares trucados, combinación de verdades a media y trasfondos nunca esclarecidos del todo.
La originalidad está en cómo se relate el o los hechos. El éxito radica en la historia, cómo se relata o verbaliza y se vincula con la comunidad. Un periodista sin sensibilidad es como un médico sin vocación o un profesor sin pedagogía, ni amor por la enseñanza. En todas estas profesiones hay un compromiso con el hombre y la sociedad, y a pesar de sus diferencias, se distinguen por su entrañable vocación de servicio y entrega.
Nada más original, competitivo, que una verdad bien dicha. Cuando la información o la historia es correcta, verdadera, la revelación de una fuente es innecesaria.
Ni el Estado, ni la persona aludida, podrán presentar demanda alguna frente a la verdad escueta, directa, transparente, verdadero paz y salvo de un medio de comunicación y del propio periodista.
Hoy ante la vorágine de la información instantánea y vía Internet, necesitamos medios analíticos, bien informados, y para ello debemos contar con periodistas con una formación más profunda, críticos, humanistas y conocedores de todo cuanto ocurre en la llamada Aldea Global.
Ello facilitará asimismo un nuevo tipo de lector, como ocurre en las comunidades más avanzadas y preparadas culturalmente, más atento, perceptivo y evaluador de los acontecimientos.
Un lector atento y bien informado es una garantía más para la democracia, donde el diálogo documentado, con fundamento, preñado de ideas, rinde los frutos que busca una sociedad que sabe que el crecimiento y el desarrollo sólo se logran con un duro y permanente aprendizaje en el intercambio de las ideas.
Periodismo con los ojos y los sentidos bien puestos. Veraz, riguroso y ecuánime.
Medios de comunicación social como servicios públicos de gestión privada.
Un mercado que es la sociedad civil, todos nosotros, profesionalmente bien servido y con la responsabilidad de promover una comunidad autosostenible, verdaderamente crítica y madura, lo que le asegurará un porvenir con menos zozobras, donde la improvisación no seguirá viajando por las autopistas, sino tendrá que buscar su propio atajo.
Gobiernos que se aferran a la ley del embudo, verdugos de las ideas, empresarios que no practican el pluralismo y comunicadores ajenos a la responsabilidad de sus deberes de informar con transparencia en el manejo de las fuentes.
El periodismo requiere exactitud de la información, precisión, veracidad, objetividad, lo que no quiere decir ausencia de análisis, interpretación y profundidad en el manejo de la materia prima. Hechos y fuentes.
La verdad, su aproximación, es más posible de alcanzar si incluimos diversas voces para una misma información, lo que le permitirá al lector aproximarse a los hechos con un mayor equilibrio en su interpretación.
Credibilidad es lo que debe de desprenderse tácitamente en una información o comentario, para que la comunidad de lectores se sienta fielmente interpretada y servida.
Estamos inundados de información instantánea que carece de un contexto, del back ground requerido para analizar los hechos, y minuto a minuto el satélite nos trae -y los canales las reproducen tal cual- noticias aisladas, sin un enfoque integral y con la perspectiva del sesgo exterior que no representa nuestra visión, ni nos entrega elementos suficientes para poder tener una idea global del problema o hecho noticioso.
Con cuánta frecuencia en un pasillo, restaurante, oficina, casa y hasta en los medios de comunicación, escuchamos a las personas repetir la misma información errónea, sesgada, porque no ha tenido la oportunidad de conocer otras fuentes más completas.
El análisis bien documentado, la investigación rigurosa de los elementos que envuelven una información, el enfoque disciplinado del periodismo moderno -no aquel altamente tecnificado- sino el que se basa en el rigor de la verdadera ciencia de la comunicación, que no es otro que el de informar con objetividad, imparcialidad, equilibrio, exactitud, transparencia y ética, traerá como resultado credibilidad.
¿Para qué informar con argumentos que no saldrán del callejón sin salida, lugar inequívoco de la verdad a media? ¿Qué puede motivar a un comunicador olvidar que el periodismo es tributario de la verdad?
Es misión prioritaria del medio y del periodista enriquecer la visión de la realidad y del desarrollo de la sociedad y sus instituciones.
Sólo son responsabilidad y una ética a prueba de tentaciones, el periodista se asegura de estar cumpliendo con su deber, conciencia y la comunidad a la cual se debe.
En esta guerra de los medios escritos con los instantáneos, la loca carrera por la primicia y supuesta originalidad, los impresos no tienen por qué caer en el amarillismo, sensacionalismo o en grandes titulares trucados, combinación de verdades a media y trasfondos nunca esclarecidos del todo.
La originalidad está en cómo se relate el o los hechos. El éxito radica en la historia, cómo se relata o verbaliza y se vincula con la comunidad. Un periodista sin sensibilidad es como un médico sin vocación o un profesor sin pedagogía, ni amor por la enseñanza. En todas estas profesiones hay un compromiso con el hombre y la sociedad, y a pesar de sus diferencias, se distinguen por su entrañable vocación de servicio y entrega.
Nada más original, competitivo, que una verdad bien dicha. Cuando la información o la historia es correcta, verdadera, la revelación de una fuente es innecesaria.
Ni el Estado, ni la persona aludida, podrán presentar demanda alguna frente a la verdad escueta, directa, transparente, verdadero paz y salvo de un medio de comunicación y del propio periodista.
Hoy ante la vorágine de la información instantánea y vía Internet, necesitamos medios analíticos, bien informados, y para ello debemos contar con periodistas con una formación más profunda, críticos, humanistas y conocedores de todo cuanto ocurre en la llamada Aldea Global.
Ello facilitará asimismo un nuevo tipo de lector, como ocurre en las comunidades más avanzadas y preparadas culturalmente, más atento, perceptivo y evaluador de los acontecimientos.
Un lector atento y bien informado es una garantía más para la democracia, donde el diálogo documentado, con fundamento, preñado de ideas, rinde los frutos que busca una sociedad que sabe que el crecimiento y el desarrollo sólo se logran con un duro y permanente aprendizaje en el intercambio de las ideas.
Periodismo con los ojos y los sentidos bien puestos. Veraz, riguroso y ecuánime.
Medios de comunicación social como servicios públicos de gestión privada.
Un mercado que es la sociedad civil, todos nosotros, profesionalmente bien servido y con la responsabilidad de promover una comunidad autosostenible, verdaderamente crítica y madura, lo que le asegurará un porvenir con menos zozobras, donde la improvisación no seguirá viajando por las autopistas, sino tendrá que buscar su propio atajo.