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Periodismo, gobierno y opinión pública


De verdad, el ejercicio del periodismo en su sentido más amplio (periodismo docente), sólo puede darse en aquellos países cultos en donde la libertad de expresión y de prensa está debidamente garantizada por la ley, que incluya la independencia y la libertad de información, de manifestación de opinión pública y de crítica. Se trata de establecer que en la realización de su labor periodística (editores, directores y periodistas) deben ser conscientes de su responsabilidad frente a la opinión pública y de su obligación a conservar el prestigio de la prensa. Es su deber, por tanto, desempeñar su labor de comunicadores de buena fe, sin dejarse llevar por intereses personales o motivos ajenos.
Por otra parte, la existencia de la opinión pública no es un fenómeno de origen fortuito y carente de finalidad. La opinión pública es un fenómeno tan antiguo como el carácter social del hombre. Este fenómeno ha sido analizado por sociólogos, quienes han llegado a la conclusión de que la opinión pública es un elemento integrante de todo sistema de convivencia humana, con leyes, relaciones y funciones específicas, determinadas por el tipo de organización social. Ha sido motivo de estudio, además, el modo como se forma la opinión pública, los factores que la constituyen en fuerza política, los mecanismos con que opera los medios con que se la dirige y las técnicas con que se la mide.
Lo primero que salta a la vista en la filosofía y la práctica del Estado democrático moderno es, sin duda, la particular importancia que se asigna a la opinión pública. Su alcance político es fácil de comprender si se considera la relación entre los conceptos de opinión pública y soberanía popular. Según aparece ya en Locke, Montesquieu o Rousseau y, sobre todo, en Jefferson. Otros pensadores (politólogos) como Tocqueville y Lord Bryce identificaban el régimen democrático con el imperio de la opinión pública y estadistas como Abraham Lincoln opinaba que el apoyo de la opinión pública era indispensable al éxito de toda decisión política. En otras palabras, se pudiera decir que el conocimiento objetivo y preciso de la opinión pública proporciona al Estado democrático mucho más que simples elementos de orientación de su política práctica; le permite ir ampliando la base del consenso de los gobernados y, de ese modo, vincularse más íntimamente con la nación y afianzar efectivamente su carácter representativo.
Los especialistas en el conocimiento de la opinión pública (entre los que se destacan los buenos periodistas), representan una gran potencialidad educativa, que radica precisamente en el fiel cumplimiento de sus deberes como comunicadores sociales. Y es que hay algo fundamental y de principio que todo periodista debe observar para salvaguardar la ética profesional; el respeto a la verdad y la información veraz del público, que constituyen el precepto máximo de la prensa.
En Panamá, la situación a este respecto es muy otra: durante los casi 10 meses del Gobierno de "Unión por Panamá", se han producido serios cuestionamientos entre la señora presidente Moscoso, algunos ministros y altos funcionarios del Estado y los medios de comunicación. La justa querella de los medios, en cada uno de los casos dados, ha tenido la debida repercusión en la opinión pública panameña. Los del gobierno, por su parte, se quejan de algunos señalamientos y enfoques editoriales de los medios respecto a la inercia e incompetencia del equipo gubernamental; reprochan, de igual modo, el resultado de las encuestas de opinión pública que no le favorecen (las cuestionan como instrumentos armados y poco científicos), aunque éstas reflejan la verdad desnuda de su pésima gestión gubernamental. Ellos insisten, no obstante, una y otra vez, en que su desempeño administrativo es excelente, es extraordinario. ¡Y lo pregonan sin el menor rubor!.
Ojalá los políticos que resulten electos en las próximas elecciones y los inmediatos colaboradores del próximo Presidente de la República (ministros, asesores, etc.) tomen debida nota de esa mala experiencia producida por este Gobierno de "Unión por Panamá", por demás calificado por el pueblo panameño de incompetente, desafecto e inepto, y se empeñen en no cometer los mismos errores, pues ni los periodistas, ni los medios ni la opinión pública se lo permitirán y mucho menos perdonarán.

101 años de Panamá América

 
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