Periodista
En la Comisión de Derechos Humanos, no se explicaban el por qué de las discrepancias en las cifras de periodistas que son objeto de querella criminal en Panamá. Subrayaban, en especial, que el Procurador General de la Nación, José A. Sossa, hablaba de una veintena de casos -cantidad escandalosamente alta, comparándola con el resto del continente- mientras que gremios locales del oficio manejaban una lista de 67 nombres unos y de cerca de 40 otros.
Fue necesario que en una audiencia verificada el mes pasado, se aclarara que la diferencia se debía a lo que se entendiera por periodista. Algunos estiman que lo es un titulado universitario, otros que lo es un portador de certificado oficial de idoneidad, otros lo amplían a los empíricos que laboran como tales en los medios de comunicación, otros arropan dentro del concepto a fotógrafos, diseñadores, caricaturistas, dibujantes, columnistas, etc. En fin, para todas las opiniones hay argumentos.
Miguel Antonio Bernal, Betty Brannam Jaén y Octavio Amat, presentaron en abril pasado, ante el seno de la citada comisión reunida en audiencia para examinar el caso de Panamá en materia de libertad de prensa, una lista con nombre y apellido, y demás detalles de 92 periodistas con expedientes en trámite. Coincidieron en que era lo más justo tener una noción amplia de ese concepto, porque ella es la que prevalece en ese organismo y en el sistema legal interamericano.
Muchos preferimos obviar las discrepancias del concepto en términos más amplios, tales como los de "informadores" o "comunicadores". En uno y otro caso nos estamos refiriendo a gente que trabaja o ejecuta la labor de buscar y divulgar la noticia por cualquier medio. El "divulgar" a su vez tiene varias modalidades, desde meros presentadores o lectores de noticias a comentaristas o analistas de ellas. Para nosotros es lo mismo, el mismo trabajo con distintas ejecuciones.
Un periodista graduado puede ser más periodista que un empírico que tiene toda una vida laborando en el oficio. Son, en esencia, lo mismo, dos personas que buscan y divulgan informaciones. Igual pasa con gente de otras profesiones que incursionan en la actividad. A ellos no se les puede cerrar las puertas porque el buscar y divulgar información es un derecho humano reconocido en todas las convenciones internacionales sobre la materia. Su participación en el oficio está enriqueciendo a los medios más prestigiosos del planeta. Poetas, novelistas, abogados, economistas, médicos, estrellas del deporte, políticos, intelectuales, artistas y filósofos están teniendo una creciente participación sencillamente porque el soberano público -y si se quiere, el mercado- así lo exige. Demanda más especialización.
Un buen titulado en periodista graduado no tiene nada que temer si está bien preparado y cuenta con verdadera vocación para ejercer su oficio. Pero ha de tener presente -porque así lo requiere el complejo mundo de hoy- que es su talento y no su diploma lo que le asegurará un puesto de trabajo. A fin de cuentas es el público el que manda y exige tal o cual producto. Y cada vez es más exigente, siendo deber de todo medio atender esa exigencia.
Fue necesario que en una audiencia verificada el mes pasado, se aclarara que la diferencia se debía a lo que se entendiera por periodista. Algunos estiman que lo es un titulado universitario, otros que lo es un portador de certificado oficial de idoneidad, otros lo amplían a los empíricos que laboran como tales en los medios de comunicación, otros arropan dentro del concepto a fotógrafos, diseñadores, caricaturistas, dibujantes, columnistas, etc. En fin, para todas las opiniones hay argumentos.
Miguel Antonio Bernal, Betty Brannam Jaén y Octavio Amat, presentaron en abril pasado, ante el seno de la citada comisión reunida en audiencia para examinar el caso de Panamá en materia de libertad de prensa, una lista con nombre y apellido, y demás detalles de 92 periodistas con expedientes en trámite. Coincidieron en que era lo más justo tener una noción amplia de ese concepto, porque ella es la que prevalece en ese organismo y en el sistema legal interamericano.
Muchos preferimos obviar las discrepancias del concepto en términos más amplios, tales como los de "informadores" o "comunicadores". En uno y otro caso nos estamos refiriendo a gente que trabaja o ejecuta la labor de buscar y divulgar la noticia por cualquier medio. El "divulgar" a su vez tiene varias modalidades, desde meros presentadores o lectores de noticias a comentaristas o analistas de ellas. Para nosotros es lo mismo, el mismo trabajo con distintas ejecuciones.
Un periodista graduado puede ser más periodista que un empírico que tiene toda una vida laborando en el oficio. Son, en esencia, lo mismo, dos personas que buscan y divulgan informaciones. Igual pasa con gente de otras profesiones que incursionan en la actividad. A ellos no se les puede cerrar las puertas porque el buscar y divulgar información es un derecho humano reconocido en todas las convenciones internacionales sobre la materia. Su participación en el oficio está enriqueciendo a los medios más prestigiosos del planeta. Poetas, novelistas, abogados, economistas, médicos, estrellas del deporte, políticos, intelectuales, artistas y filósofos están teniendo una creciente participación sencillamente porque el soberano público -y si se quiere, el mercado- así lo exige. Demanda más especialización.
Un buen titulado en periodista graduado no tiene nada que temer si está bien preparado y cuenta con verdadera vocación para ejercer su oficio. Pero ha de tener presente -porque así lo requiere el complejo mundo de hoy- que es su talento y no su diploma lo que le asegurará un puesto de trabajo. A fin de cuentas es el público el que manda y exige tal o cual producto. Y cada vez es más exigente, siendo deber de todo medio atender esa exigencia.