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Perspectivas sombrías para América Latina


Los analistas económicos internacionales fruncen el ceño cuando discurren sobre las perspectivas económicas latinoamericanas de 1999. El optimismo del primer quinquenio por las bondades de la globalización se ha disuelto en los últimos meses de 1998. La combinación de catástrofes meteorológicas como el Niño y el huracán Mitch; la crisis asiática; la caída del precio del petróleo a sus niveles más bajos; la fuga de inversiones extranjeras bursátiles, han acusado los síntomas de una dolencia que se desencadenará quizás con más fuerza en 1999, por el impacto de los severos ajustes fiscales para conjurar el estallido de graves malestares sociales.
Las previsiones de un crecimiento por encima del cinco por ciento se diluyeron hasta aproximarse a una tasa conservadora de algo más del tres por ciento. El Niño y Mitch azotaron la producción pesquera regional y causaron serias lesiones a la infraestructura logística de la producción. La crisis asiática debilitó a los más importantes importadores de harina de pescado, hierro, cobre, sin solución a la vista para la colocación de las exportaciones tradicionales en otros mercados.
Paralelamente, aunque por distintas razones, dos exportaciones estratégicas Ðcobre en Chile y Perú, petróleo en Venezuela, México y Ecuador- soportaron las peores cotizaciones en el mercado internacional. El cobre es abatido por su progresiva sustitución por materiales plásticos más baratos. El petróleo, a pesar de la fuerte reducción de la capacidad productiva, entre países miembros de la OPEP, no remonta sus precios internacionales.
Sumergida en las consecuencias de la depreciación de sus principales materias primas, América Latina se ve obligada a mantener los compromisos adquiridos con el FMI en cuanto a recortes del gasto público, privatización de empresas estatales y despido de empleados. La voz de orden es impedir la inflación a cualquier precio, prohibiendo las emisiones inorgánicas de moneda local. Pero por impedir la inflación, los países caen en la recesión, que a su turno genera otros males, al agravarse la pérdida de la capacidad adquisitiva de los consumidores. Como éstos no tienen disponibilidades de compras, las industrias bajan peligrosamente las ventas y los bancos tambalean por el flojo retorno de los préstamos y la baja cuantiosa del ahorro.
Brasil, México, Chile, Argentina, Perú, según los analistas, tropezarán con delicados quebrantos económicos durante 1999, porque los ajustes fiscales para contener la crisis conllevarán desempleos gigantescos, protestas, agitación política. En el umbral del nuevo milenio, América Latina no encuentra el rumbo económico adecuado, después de haber experimentado diversas fórmulas estatistas y privatistas.

101 años de Panamá América

 
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