Perversa conspiración
Para los abnegados "Padres de la Patria" aprobar reformas a las leyes en tiempos extraordinarios constituye una de las más enraizadas costumbres que comparten con el partido en el poder, sobre todo si se trata de materia cuyo contenido es de suma sensibilidad social. Así tenemos que la referida Cámara de Diputados se apresta a realizar las modificaciones proyectadas al Código Penal panameño sin que medien las consultas y discusiones a profundidad.
Resulta obvio que temas de tanta envergadura como los relativos a la penalización de la violencia doméstica, un tratamiento más civilizado del aborto y la explotación sexual comercial, que afecta principalmente a las mujeres y niños (as) ameritan que no se manejen con tamaña superficialidad, a no ser que su tratamiento implique una de las tretas con las que el patriarcado y sus estructuras de poder mantiene la subordinación de las mujeres. No otra cosa cabe pensar dada la asimetría con la que se discute el retroceso de los avances legales que en materia femenina habíamos alcanzado. De otra manera no se explica la falta de discernimiento y el bajo nivel de consulta a los (las) interlocutores autorizados de estos grupos desprotegidos.
Pero no hay vuelta de hoja, lo que está en el fondo del problema además de las malas costumbres de empujar las leyes sensitivas en periodos extraordinarios, preferiblemente en fiestas de raigambre popular, es que "la violencia ejercida sobre la mujer desde tiempos inmemoriales, ha servido para colocarla en una situación de diferenciación con respecto a los hombres... y el Derecho, ha sido utilizado por los hombres para someter a la mitad de los seres humanos" (González Carmen, Violencia en las Instituciones Jurídicas).
Nosotras, las mujeres, solemos ignorar los aspectos legales relativos a nuestra condición, aún cuando se trata de retrotraernos a espacios y épocas ya superadas, como las modificaciones penales. Es que las mujeres atravesadas por lo diagonal femenino, independientemente de la clase social, nos sentimos incómodas en la escena pública porque así lo hemos incorporado a través de la socialización genérica. De hecho, el mundo de lo jurídico, a nivel de la toma de decisiones, salvo contadas y a veces no muy felices excepciones, se concentra mayoritariamente en manos masculina.
De igual modo ocurre con la representación de la sociedad civil a nivel de los partidos políticos (Quinta Esencia del Patriarcado). De 78 diputados que conforman la Asamblea Nacional, sólo 10 pertenecen al sexo femenino y hoy día, más que ignoradas por la minúscula cifra, se invisibilizan por lo inaudible de su expresión, sobre todo cuando se trata de posturas de equidad genérica. !Ah, cuánto hacen faltas voces sonoras como la de Teresita Yanis o Gloria Young!
Por lo anterior no resulta extraño que frente a las modificaciones perversas al Código Penal, referidas a la violencia doméstica, a los delitos contra el pudor y la libertad sexual, y toda la temática del aborto que victimiza primordialmente a niñas y mujeres, seamos principalmente nosotras las voces ausentes en el hemiciclo legislativo, en todas las categorías respectivas Hemos de reconocer un pequeño grupo de mujeres militantes y combatibas, pero en esta ocasión no logró levantar el vapor y la energía despertados en otras causas, menos vitales. El protagonismo que otrora ellas escenificaron no fue proyectado por los medios de comunicación de masas con la misma cobertura, intensidad o frecuencia que en hechos pasados. ¿O es que los medios le dieron a la temática del defensor del pueblo una inusual cobertura, por razones de la madeja política? ¿Habrá tras bambalinas intereses políticos que cercenen la energía y la militancia de personas y sectores otrora militantes?
Finalmente esto nos lleva a convocar a las mujeres al aglutinamiento femenino, divorciado del partidismo político, convencidas de que nuestras necesidades primordiales no forman parte de las agendas comandadas por los hombres; de lo contrario, siempre seremos objeto de su perversa conspiración. Sólo así será efectiva la adaptación de nuestro cuerpo legislativo a la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, ratificada por la resolución 34/80 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
En 1954, se termina de construir un edificio para la nueva sede del colegio, localizada en Perrys Hill (ahora Perejil) en Bella Vista.
Una vez se fue el Javier, se ubicaron allí varios colegios públicos como el Richard Newman. Igualmente la Reforma Agraria y por último, el Hogar San Felipe, para jóvenes interioranos que estudiaban en la universidad.
En esa estructura funcionó por último, el Hogar San Felipe o Centro Universitario San Felipe, como el letrero aún indica.
Katherine Riquelme, una lugareña, recuerda que el centro era de ayuda para los universitarios que venían del interior.
Llegaron a vivir religiosos que se preparaban para el sacerdocio.
Resulta obvio que temas de tanta envergadura como los relativos a la penalización de la violencia doméstica, un tratamiento más civilizado del aborto y la explotación sexual comercial, que afecta principalmente a las mujeres y niños (as) ameritan que no se manejen con tamaña superficialidad, a no ser que su tratamiento implique una de las tretas con las que el patriarcado y sus estructuras de poder mantiene la subordinación de las mujeres. No otra cosa cabe pensar dada la asimetría con la que se discute el retroceso de los avances legales que en materia femenina habíamos alcanzado. De otra manera no se explica la falta de discernimiento y el bajo nivel de consulta a los (las) interlocutores autorizados de estos grupos desprotegidos.
Pero no hay vuelta de hoja, lo que está en el fondo del problema además de las malas costumbres de empujar las leyes sensitivas en periodos extraordinarios, preferiblemente en fiestas de raigambre popular, es que "la violencia ejercida sobre la mujer desde tiempos inmemoriales, ha servido para colocarla en una situación de diferenciación con respecto a los hombres... y el Derecho, ha sido utilizado por los hombres para someter a la mitad de los seres humanos" (González Carmen, Violencia en las Instituciones Jurídicas).
Nosotras, las mujeres, solemos ignorar los aspectos legales relativos a nuestra condición, aún cuando se trata de retrotraernos a espacios y épocas ya superadas, como las modificaciones penales. Es que las mujeres atravesadas por lo diagonal femenino, independientemente de la clase social, nos sentimos incómodas en la escena pública porque así lo hemos incorporado a través de la socialización genérica. De hecho, el mundo de lo jurídico, a nivel de la toma de decisiones, salvo contadas y a veces no muy felices excepciones, se concentra mayoritariamente en manos masculina.
De igual modo ocurre con la representación de la sociedad civil a nivel de los partidos políticos (Quinta Esencia del Patriarcado). De 78 diputados que conforman la Asamblea Nacional, sólo 10 pertenecen al sexo femenino y hoy día, más que ignoradas por la minúscula cifra, se invisibilizan por lo inaudible de su expresión, sobre todo cuando se trata de posturas de equidad genérica. !Ah, cuánto hacen faltas voces sonoras como la de Teresita Yanis o Gloria Young!
Por lo anterior no resulta extraño que frente a las modificaciones perversas al Código Penal, referidas a la violencia doméstica, a los delitos contra el pudor y la libertad sexual, y toda la temática del aborto que victimiza primordialmente a niñas y mujeres, seamos principalmente nosotras las voces ausentes en el hemiciclo legislativo, en todas las categorías respectivas Hemos de reconocer un pequeño grupo de mujeres militantes y combatibas, pero en esta ocasión no logró levantar el vapor y la energía despertados en otras causas, menos vitales. El protagonismo que otrora ellas escenificaron no fue proyectado por los medios de comunicación de masas con la misma cobertura, intensidad o frecuencia que en hechos pasados. ¿O es que los medios le dieron a la temática del defensor del pueblo una inusual cobertura, por razones de la madeja política? ¿Habrá tras bambalinas intereses políticos que cercenen la energía y la militancia de personas y sectores otrora militantes?
Finalmente esto nos lleva a convocar a las mujeres al aglutinamiento femenino, divorciado del partidismo político, convencidas de que nuestras necesidades primordiales no forman parte de las agendas comandadas por los hombres; de lo contrario, siempre seremos objeto de su perversa conspiración. Sólo así será efectiva la adaptación de nuestro cuerpo legislativo a la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, ratificada por la resolución 34/80 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
En 1954, se termina de construir un edificio para la nueva sede del colegio, localizada en Perrys Hill (ahora Perejil) en Bella Vista.
Una vez se fue el Javier, se ubicaron allí varios colegios públicos como el Richard Newman. Igualmente la Reforma Agraria y por último, el Hogar San Felipe, para jóvenes interioranos que estudiaban en la universidad.
En esa estructura funcionó por último, el Hogar San Felipe o Centro Universitario San Felipe, como el letrero aún indica.
Katherine Riquelme, una lugareña, recuerda que el centro era de ayuda para los universitarios que venían del interior.
Llegaron a vivir religiosos que se preparaban para el sacerdocio.