Pírrica victoria y vergonzoso fallo
La permisible candidatura a alcalde del ciudadano anglo-panameño Bosco Ricardo Vallarino hace honor, y es lo más cercano a la frase “Victoria Pírrica”. Al igual que Pirro de Epiro, Vallarino ha conseguido un triunfo en donde lo perdido es más que lo ganado. El candidato triunfador de esta batalla, y que dice ser uno de los paladines que reformará y hará cumplir las leyes, satisfizo su soberbia política dando una estocada a la Constitución y a las leyes. ¿Cómo hemos de confiar en él?
No obstante, Vallarino no sabe de leyes sino de micrófonos, y a beneficio de duda podríamos dejarle creer que su actuación fue legítima al pensar que en su contra “casi se comete una infamia”; pero lo que no tiene nombre es el comunicado de la Fiscalía Electoral que establece, so pretexto de la cercanía de las elecciones y de evitar se argumente “una persecución política”, que se permitirá al candidato ciudadano estadounidense participar en la contienda luego de un fallo inhibitorio.
Como panameña y ciudadana siento pena por quienes se dicen conocer y representar la ley, ser hombres de leyes, pero al momento de decidir se quitan esa toga para ponerse la de politiqueros (sic), y ello lo han dejado en evidencia hasta para el más lego, cuando el propio comunicado señala: “Se advierte, además, que dichas candidaturas están en confrontación con normas constitucionales y legales y que, la situación jurídico-legal de estas personas debe ser resuelta, a fin de no incurrir en violación a normas fundamentales que constituyan delitos electorales”. ¿Esto qué es, qué significa? ¿Hasta cuándo han de tratarnos como tarados? La propia advertencia es un insulto a la más pobre de las inteligencias.
Vallarino y los beneficiados con el comunicado ya están contraviniendo normas fundamentales. La situación jurídico-legal es clara: su candidatura viola la Constitución en lo preceptuado en el Título II -Nacionalidad y Extranjería-, en su artículo No. 13, los artículos 132 y 133 del Título IV -Derechos Políticos- Capítulo 1º- De la Ciudadanía. Esas, en cuanto a la Constitución. En materia electoral, está quebrantando lo dispuesto en el Texto Único -en su Capítulo II, artículos 8 y 9; la Ley 24 de 17 de febrero de 1911.
En la Facultad de Derecho nos enseñan que una norma sobre la cual existe duda de su vigencia y constitucionalidad, se confronta con todo el texto legal, y desde la Constitución de 1941, no es de rango constitucional, ni vigente, ya que su artículo 198 deroga toda ley, convenio y tratado que le fuera contraria, y dado que la propia Constitución da la forma de recuperación de la nacionalidad (Parágrafo del Art. 20 y su concordante 19 segundo párrafo), la convención invocada por el candidato no debe estar vigente porque su simplista fórmula de recuperar la nacionalidad contraviene la planteada por la Constitución de 1941. La jurisprudencia de la Corte Suprema, en lo relacionado al acatamiento de las normas internacionales en diversos fallos, ha pronunciado como de obligatorio acatamiento a aquellos tratados que versan sobre materia de derechos humanos.
Habiendo tanto argumento jurídico, aceptable o no, ya que es la Corte Suprema la que decide qué es constitucional y qué no lo es, el Tribunal Electoral se ha salido con un fallo estilo Poncio Pilatos, un veredicto político y no jurídico; y, por su parte, el candidato Vallarino, haciendo alarde de su inquebrantable fe, la cual no pongo en duda, se ha complacido con su pírrica victoria, ésa que le ha creado un fuero y privilegio contrario a la Constitución, ésa que dice va a respetar. Ha iniciado muy mal y por encima de los miles de ciudadanos en iguales condiciones y circunstancias, v. gr. Milanés de Lay, olvidándose que a la hora de la crucifixión, Jesucristo perdonó al ladrón arrepentido y no al soberbio. El 3 de mayo Ud. participará como candidato a alcalde capitalino, aún cuando su situación jurídico-legal no esté definida, y si gana la contienda, así como todos los ciudadanos estuvimos pendientes de su “reallity show”, lo estaremos de su gestión, porque el panameño da cuerda, pero sabe en qué momento tirar de ella.