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Pluralismo


En Panamá tenemos pluralidad de partidos políticos y eso es sano, es la esencia de la democracia en nuestros días. Pero la presencia de una pluralidad no es suficiente evidencia de que exista ese pluralismo que vemos en el seno de la idea de democracia.
Una sociedad pluralista requiere el desarrollo de una sociedad civil, compuesta de cuerpos intermedios que, efectivamente, representen los intereses del individuo frente al Estado. Sin duda, los partidos políticos comparten muchas de las características de esos cuerpos intermedios y en esa medida juegan un papel importante en la sociedad civil. Pero cuando tales cuerpos intermedios no existen o son demasiados débiles, los partidos pasan a ser exclusivamente parte de la sociedad pública, instrumentos del Estado. Sin esos cuerpos intermedios, los partidos políticos por sí solos son incapaces de hacer a un Estado dictatorial, como lo demostró la presencia de pluralidades de partidos durante períodos autoritarios en países de la América Latina. En esos casos, una pluralidad de partidos políticos ha existido sin que ello haya afectado la estabilidad de los regímenes autoritarios que los toleraban; esa estabilidad sólo comenzó a ser finalmente erosionada cuando cuerpos intermedios efectivos -sindicatos independientes, grupos vinculados a las iglesias y a la defensa de los derechos humanos- comienzan a articular intereses y demandas de sectores considerables de la población.
El pluralismo que surge de la existencia de una sociedad civil efectiva es una característica importante, pero por sí sola insuficiente para identificar la democracia en nuestros tiempos, en la medida en que a menudo puede transformarse simplemente en un requisito formal que puede ser llenado por algunos de los regímenes autoritarios más sofisticados, aquellos capaces de asegurarse de la conformidad de una población pasiva a través de programas masivos de socialización política. En Europa Oriental, regímenes como el de la República Democrática Alemana y el de Polonia fueron capaces hasta 1989 de exhibir la presencia de otros colectivos políticos aparte del partido del gobierno, al igual que también permitían la existencia de la presencia de cuerpos intermedios -tales como grupos vinculados a las iglesias- que iban más allá de los sindicatos controlados por el Estado.
Algunos regímenes dictatoriales en nuestra América Latina han tenido éxitos temporales en sus esfuerzos socializadores hasta el punto de alinear a sectores de la población con respecto a la actividad política, los partidos políticos y cuerpos intermedios. Los factores que aseguran que un sistema pluralista sea efectivamente democrático son la competencia electoral y la contestación política. Las elecciones son a menudo vistas como el principal símbolo de la democracia y, ciertamente, que una característica democrática clave es la posibilidad de participar en el proceso político escogiendo a quienes van a tomar decisiones y haciéndolos rendir cuenta a través de elecciones periódicas. Sin embargo, existe el riesgo de que las elecciones se transformen en una formalidad, quedándose a nivel simbólico. La democracia requiere que haya no sólo competencia electoral entre partidos, sino que, además, los intereses contrapuestos inherentes a la sociedad se expresen a través de la contestación política, mediante la presencia de un proyecto político alternativo, de un proyecto creíble de oposición.

101 años de Panamá América

 
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