Pobre y deficiente educación
Ha pasado demasiado tiempo desde que en Panamá no nos interesamos por la buena educación, por un currículo de acuerdo con la modernización del mundo y con una infraestructura apropiada para que los estudiantes sientan tranquilidad para estudiar y asimilar lo que les enseñan.
Decimos que viene de la dictadura, tal vez de antes, pero lo cierto es que el sistema actual nos ha llevado a un vergonzoso último lugar en la región. No siendo la primera vez que toco este tema, quizás repita algunos conceptos, pero necesarios. Existe una maraña tan grande que no se sabe dónde comienza la bola de hilo ni donde termina. ¿Qué va primero, los malos educadores o los malos alumnos? Los colegios donde se forjan los maestros son deficientes; las universidades donde se forman los profesores adolecen de defectos que permiten educadores mediocres. La calidad de enseñanza deja qué decir y si los educadores no saben enseñar, menos aprenderán los alumnos.
Tanto los educadores como las autoridades han perdido poder y ahora se hace lo que quieren los estudiantes malcriados, violentos, groseros e irrespetuosos. Ejemplo, el caso del Instituto Nacional. Mal ejemplo reciente, los compañeritos que maltrataron a un niño y la directora dice que era un juego. Esto da pie para que los demás cometan la misma infracción y se repita que es un juego matar a un compañero; están enseñando la impunidad y la violencia como valor positivo.
El Ministerio no ha estado a la altura de una educación moderna y sus autoridades tampoco. ¡Qué desastre! Los últimos escándalos en los colegios y la fibra de vidrio y los robos y los fraudes. ¿Qué aprenden los muchachos? ¿Dónde están las materias como Educación Política, Vial y Sexual? Indispensables para la vida diaria, para la cultura general. Vergüenza debe dar el resultado en Español, Matemáticas, Inglés ni se diga, y otras materias indispensables. En mi época no había profesores privados para dar clases extras. Los regulares cubrían todo y por eso sentimos orgullo de ellos. Ahora priva la vagancia, la falta de responsabilidad, los intereses privados sobre los de la educación.
Pobre de nosotros si continuamos así sin urbanidad, sin civismo, sin valores, sin respeto a los mayores, a la historia y a los próceres. Lástima que no comencemos ya a transformar la educación y retomemos el primer puesto que, según algunos, no existía antes de la Rovolución octubrina, pero era cierto.
marisin@cableonda.net