Pobreza
(AIPE) - El progreso que se mide en el bienestar de la población es incremental y precario; ocurre poco a poco, a medida que surgen condiciones y oportunidades de negocios promisorios.
No se presta adecuada atención al hecho de que todas las empresas no son igualmente rentables. Por eso, cuando se imponen impuestos a las empresas pensando en las más rentables, resultan excesivos para las que no lo son. Por ejemplo, hay minas cuyo mineral es muy rico y hay aquellas que no vale la pena explotarlas porque el mineral es pobre.
Tampoco parece tenerse en cuenta que en un país pobre la gran mayoría de los negocios son pobres y cuando los impuestos se basan en los más exitosos, o en algún promedio, se arruina más a los pobres que a los exitosos. Para progresar no hay que matar los negocios poco exitosos, los marginales, pues es mejor que contribuyan en algo y aumenten la demanda de trabajadores, a que no produzcan nada ni demanden empleo alguno.
Se puede impedir el progreso con prácticas destructivas. Y se puede ser destructivo por ignorancia, por ideología equivocada, o por maldad. Como son pocos los perversos, no queda otra alternativa que pensar que la mayoría de las destrucciones son por ignorancia o ideología.
El récord de Guatemala no es ejemplar: destruimos tres ferrocarriles, dos empresas de telecomunicaciones, empresas eléctricas, parques, ahuyentamos maquilas, depreciamos nuestra moneda, eliminamos oportunidades de adopción de niños y varias instituciones privadas de asistencia social, degradamos la educación de la juventud, no hicimos carreteras, arruinamos nuestros lagos y ríos, mantenemos el disuasivo impuesto al rendimiento de las inversiones y hacemos la vida imposible o las impedimos del todo a empresas hidroeléctricas, mineras y cementeras.
*Rector emeritus, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.
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